El cambiante rostro de la belleza japonesa
¿Ha perdido carácter el rostro japonés?
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Un rostro bonito puede parecer eterno, pero los estándares de belleza van cambiando con el tiempo. En los últimos años Japón ha idealizado el “rostro pequeño” (kogao) tanto para hombres como para mujeres. El profesor Harashima Hiroshi habla sobre la modificación que han experimentado los rasgos faciales en Japón a través de los cambios en la sociedad y la evolución de los ideales de belleza.

Harashima Hiroshi

Harashima HiroshiDoctor en ingeniería por la Universidad de Tokio. Ha sido investigador invitado en la Universidad de Stanford y profesor de la Universidad de Tokio. Fundador de la Academia de Estudios Faciales de Japón en 1995, de la cual es el actual presidente. Es autor, entre otras obras, de Kansei to jōhōshori (Sensibilidad y proceso de la información, coautor) y Kaogaku e no shōtai (Invitación a los estudios faciales).


Imagen de un rostro J­­ōmon con un marcado rostro convexo, vello facial relativamente abundante, y mandíbula cuadrada.
(Fotografía: Harashima Hiroshi)


Imagen de un rostro Yayoi con piel facial relativamente gruesa y ojos rasgados.
(Fotografía: Harashima Hiroshi)

KŌNO MICHIKAZU Hoy hablaremos de los rasgos faciales del pueblo japonés. Espero sus comentarios sobre cómo ha evolucionado tanto la apariencia externa como nuestros estándares de belleza desde la antigüedad hasta nuestros días y cómo éstos reflejan los tiempos en que vivimos. Pero primero creo que sería útil repasar los orígenes del pueblo japonés. En sus escritos, usted explica los últimos hallazgos antropológicos, que indican que nuestros orígenes pueden remontarse a dos pueblos distintos. El primero entró en Japón desde el mar hacia el sur hace decenas de miles de años. Es el denominado pueblo Jōmon, porque ya estaban presentes en el archipiélago japonés en los albores del período Jōmon prehistórico. El pueblo Jōmon tiene una fisionomía sureña, con rasgos pronunciados, un rostro marcadamente convexo, vello facial relativamente abundante, y mandíbula cuadrada. La segunda fase llegó más recientemente, hablando en términos históricos. Provenían del interior del noreste de Asia, una región que incluye a Siberia, y emigraron a Japón a través de la península coreana en algún momento entre los años 2000 y 3000 AC. Se les denomina el pueblo Yayoi porque trajeron a Japón métodos agrícolas que sentaron las bases para la cultura más avanzada del periodo Yayoi. Tenían rostros adaptados al clima más frío, más planos, con rasgos menos prominentes, exponiendo una superficie más pequeña, y con una piel facial relativamente gruesa, que da paso a los ojos rasgados. Sus lóbulos eran también más pequeños para minimizar la posibilidad de congelación, y tenían un vello tanto corporal como facial relativamente escaso.

HARASHIMA HIROSHI En cuanto a imagen en general, la fisionomía Jōmon está nítidamente cincelada y marcadamente definida, mientras que los rasgos Yayoi son planos y más sutiles. Podría decirse que el rostro Jōmon tiene un aire más occidental y el Yayoi un aire más oriental. Los luchadores mongoles que han pasado a dominar últimamente el sumo profesional tienen rostros típicamente Yayoi.

El pueblo Yayoi llegó a Japón más tarde y trajeron con ellos el cultivo del arroz y varios aspectos de la avanzada cultura china. A raíz de ello se establecieron como la clase gobernante, dominando al pueblo Jōmon aborigen. Esta continua relación entre las sagas Yayoi y Jōmon formaron la percepción básica y el estándar de belleza japoneses en cuanto a rostro humano se refiere. Pero a partir de la era Meiji (1868-1912), la fisionomía occidental fue cada vez más familiar, y la creciente admiración por lo occidental ayudó a restablecer el prestigio de los rasgos Jōmon. Este rostro exótico tipo Jōmon se hizo todavía más popular después de la Segunda Guerra Mundial, con la entrada de la cultura estadounidense. En Japón, hoy no existe una preferencia dominante. Creo que el sentimiento general es que cada una tiene su propio atractivo.

El rostro de la modernización

KŌNO ¿Alguna otra generalización que podamos hacer sobre la fisionomía japonesa actual?

HARASHIMA Dicen que el rostro de las personas es un espejo del tiempo en que viven, y es cierto; se pueden decir muchas cosas sobre una era leyendo la fisionomía de las personas. A partir de la era Meiji, los japoneses se esforzaron parar ponerse al nivel de Occidente lo más rápidamente posible, porque allí la Revolución Industrial estaba muy avanzada, y después de la Segunda Guerra Mundial, esa iniciativa se aceleró todavía más. De modo natural, los efectos de ese proceso se han ido reflejado en el rostro de las personas.

Simulación por computadora: ¿El rostro del futuro? Si continúa la tendencia actual, la cara de los hombres japoneses será más triangular dentro de 100 años. (Fotografía: Harashima Hiroshi)

Un aspecto de la vida diaria que ha cambiado radicalmente es la dieta. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la dieta japonesa se ha decantado mucho hacia comidas ligeras. Antiguamente, la gente tardaba aproximadamente una hora para terminar una comida normal masticándola bien, como se inculcaba a todo el mundo. En la actualidad no se necesitan más de cinco o diez minutos. La masticación se ha reducido drásticamente. Cosas como las hamburguesas casi no necesitan masticarse, y por ello nuestra fuerza de masticación se ha reducido, y nuestras mandíbulas ya no crecen tanto como antaño. Me he preguntado qué aspecto tendrá el rostro de las personas dentro de cien años si continúa esta tendencia, y por ello he colaborado con el antropólogo Baba Hisao para generar una simulación por ordenador. El resultado es un poco distinto entre hombres y mujeres, pero una cosa que tenemos en común es una mandíbula más pequeña. El rostro de los hombres se vuelve triangular. El de las mujeres, que ya es más redondeado que el de los hombres, se torna todavía más redondo a causa de una mandíbula más pequeña.

Los cambios abruptos de estilo de vida imponen todo tipo de tensiones en las personas, y ello distorsiona inevitablemente la fisonomía. Un ejemplo de ello es el alineamiento de los dientes. Las personas tienen unos dientes del mismo tamaño independientemente de la dieta, y cuando el tamaño de la mandíbula se reduce no hay suficiente espacio para todos los dientes, por lo que acaban torciéndose. No se trata de un simple tema estético, sino que también causa problemas en la masticación, que a su vez puede afectar al estómago y a otros órganos digestivos. Por ello, es probable que la demanda de ortodoncistas continúe aumentando en Japón.

Indicios de infantilización

KŌNO Además de la forma del rostro, está también el tema del tamaño. Por ejemplo, la kogao, o cara pequeña parece estar mucho en boga entre las mujeres.

HARASHIMA Sí, las revistas para mujeres actuales están llenas de consejos de maquillaje y peluquería para que el rostro parezca más pequeño o más delgado. Hay varias explicaciones para ello. Una está relacionada con la moda del vestir, y el hecho de que ahora los japoneses usan ropas de estilo occidental en lugar de los atuendos japoneses tradicionales. Con la ropa de estilo japonés, un rostro más grande resulta más atractivo. Pero un rostro más pequeño queda mejor con ropas occidentales, porque están diseñados por occidentales, que tienen el rostro más pequeño.

Otro aspecto clave sobre el término kogao es que sugiere no sólo una cara físicamente pequeña sino también infantil. La moda kogao es en parte una moda que busca rostros bonitos y que refleja la tendencia de nuestra sociedad hacia lo bonito e infantil en contraposición con lo maduro. En cierto modo, creo que está estrechamente ligada a la infantilización que podemos observar en toda nuestra sociedad.

KŌNO Y está preferencia kogao llega también hasta el rostro de los hombres.

HARASHIMA Efectivamente. Pero, en cierto modo, es una preferencia antinatural. En el reino animal, hacer que el rostro sea más grande es una estrategia común para aumentar la presencia de un macho que intimide a rivales o enemigos. El ejemplo más obvio lo encontramos en el león macho, cuya melena le hace parecer mucho más grande lo que realmente es. Pero en Japón actualmente los artistas masculinos más populares entre las chicas y mujeres jóvenes tienen todos rostros pequeños.

También existe una tendencia entre las jóvenes adolescentes a fijarse en hombres más femeninos o andróginos. Aunque las chicas de esta franja de edad están interesadas en el sexo opuesto, también les asusta. No les gusta el vello facial, uno de los indicios más obvios de masculinidad. Y si un hombre tiene mucho vello corporal, lo descartan. Ellas buscan una apariencia limpia y más delicada. En el pasado, chicas de esa edad solían enamorarse de alguna chica de aspecto varonil de la escuela. En la actualidad idolatran a las otokoyaku (actrices que hacen el papel masculino) de la compañía femenina de musicales Takarazuka Review o a las luchadoras profesionales femeninas.

En la actualidad, parece que las mujeres son quienes mandan en lo que a esto respecta. En el pasado, nuestra sociedad estaba centrada en el hombre, y las mujeres se adaptaban a los comportamientos y gustos de los hombres, pero ahora parece que las mujeres están cambiando a los hombres para que sean ellos quienes se adapten a sus preferencias. El ideal de masculinidad ha experimentado una completa transformación, por poner un ejemplo. Evidentemente, la expectativa básica es la misma: que un hombre proteja a una mujer incondicionalmente. Esto puede aplicarse también al mundo animal. La base sobre la que una hembra juzga el atractivo de un macho es una aparente capacidad para protegerla y que ello le permita criar a sus hijos sin miedo. Cuando la competencia por sobrevivir es feroz o existen serios enemigos con los que luchar, las mujeres se sienten atraídas por una fuerte virilidad que pueda protegerlas de esas amenazas. Pero aunque un hombre dotado de fuerza física parece deseable durante épocas de conflictos o dificultades, en tiempos de paz este tipo de hombre puede llegar a crear problemas. O incluso peor, podría utilizar esta fuerza física sobre la mujer en forma de violencia doméstica. Esto ayuda a explicar porqué el ideal de masculinidad ha cambiado de la fuerza bruta y dura a la amabilidad y la consideración. No creo que esto sea de ningún modo malo; es una prueba de que vivimos en una sociedad pacífica. Hablando en términos históricos, es algo muy similar a lo acontecido en la sociedad japonesa durante el periodo Edo (1603-1868).

Reflexiones sobre la belleza femenina

HARASHIMA Las cualidades de un rostro humano no son algo objetivo; están determinadas por la relación entre quien observa y quien es observado. Vemos el mismo rostro de modo muy distinto según nuestros sentimientos en un momento determinado y nuestra relación con esa persona.

Mi teoría es que la belleza femenina puede clasificarse mediante una escala temporal que va de los tres segundos a los treinta años. Una belleza de tres segundos es alguien que te hace girar la cabeza involuntariamente cuando la ves por la calle y piensas “¡qué mujer tan guapa!”. Esto es prácticamente superficial. De hecho, puede tener más relación con su figura y por cómo viste que por su rostro. A continuación encontramos la belleza de tres minutos. Un típico ejemplo sería una recepcionista, una persona con quien te comunicas alrededor de tres minutos. Ella se te presenta con una expresión preparada profesionalmente y trata contigo desde un mostrador que crea una barrera infranqueable. Luego está la belleza de treinta minutos. Cuando hablas con alguien durante treinta minutos, trasciende su verdadera expresión, y tú encuentras belleza no en sus rasgos superficiales sino en el encanto natural de sus expresiones faciales. Con la belleza de tres días, la belleza que percibes es un producto no sólo de su expresividad sino también de sus valores y de su perspectiva de la vida. Y por último, la belleza de treinta años. Se trata de la mujer con quien has estado muchos años, en lo bueno y en lo malo, y aunque la puedes haber engañado alguna vez, en el fondo sabes que es la mujer a quien quieres.

KŌNO En Japón, los hombres suelen hablar con menosprecio de sus mujeres, aunque parte de ello se debe a la modestia. El ejemplo más obvio de ello es la palabra gusai (esposa estúpida), tradicionalmente utilizado por los hombres para referirse a su cónyuge. Me consta que algunos hombres japoneses han llegado a escandalizar a conocidos americanos cuando traducen esta palabra literalmente al inglés y les hablan de “mi estúpida esposa”.

HARASHIMA Me gustaría ver más personas con buenos rostros entre nosotros, y por ello he recopilado los “Trece preceptos para tener un buen rostro”, y el número tres de la lista es “Los rostros embellecen cuando se les halaga”.

Crear tu propio rostro

KŌNO Palabras como “guapa” y “bonita” son fáciles de utilizar, pero dada la amplitud de la belleza femenina, pienso que nuestro vocabulario puede resultar un poco inadecuado.

HARASHIMA La palabra bijin (“belleza”) solía aparecer principalmente en revistas destinadas a los hombres, en el contexto de artículos que analizaban o comparaban las distintas formas de belleza femenina desde una perspectiva masculina. En la actualidad es normal encontrar este término en revistas para mujeres, que siempre presentan temas con títulos tipo “Cómo ser una belleza [tal o cual]”. Ahora, las mujeres están marcando sus propios objetivos de belleza, basándose en sus propios estándares. Esto es un gran cambio. En el pasado, los estándares los marcaban los hombres y la sociedad en su conjunto. Hoy, las mujeres que han llegado a una determinada edad están empezando a marcar sus propios objetivos para el tipo de belleza que desean conseguir.

En Japón llevamos mucho tiempo diciendo que la belleza está en el interior de las personas, que lo importante es lo que hay en el interior de la persona. La premisa es que no puedes ni deberías cambiar el rostro que te han dado tus padres. Pero hasta cierto punto es posible alterarlo por ti mismo, y hasta ese punto, creo que es fantástico decir “Voy a presentar mi cara como yo la quiero” y marcarte tus propios objetivos para el rostro que desearías tener cuando cumplas los cincuenta, por ejemplo. Es posible encontrar belleza en todos los grupos de edad. En muchas sociedades occidentales, la apreciación de la belleza madura está firmemente arraigada como parte de la cultura.

KŌNO Recuerdo una actriz occidental que no hace mucho decía valorar sus arrugas como una huella de la vida que había llevado. En países como Francia muchas celebridades femeninas son admiradas por su belleza madura o los rasgos distintivos de sus caras.

HARASHIMA Pues el número diez de mis trece preceptos es “Considera tus bonitas arrugas como el orgullo de tu vida”. Pero debo decir que este precepto no goza de demasiada popularidad entre las mujeres. Cuando una mujer que conozco lo leyó, se irritó y me regañó por no apreciar la importancia que las mujeres dan a sus arrugas. “Si debe incluir ese punto”, me dijo, “entonces debería incluir también ‘Considera tu bonita calva como el orgullo de tu vida’”. Y así lo hice. Pero a los hombres no les importa tanto que una mujer tenga arrugas, ¿no es así? De la misma manera, a algunos hombres les cohíbe muchísimo su calvicie, pero cuando se lo preguntas a las mujeres, resulta que a ellas no les importa demasiado. En cualquier caso, creo que es importante desarrollar un tipo de belleza apropiado para cada edad; es horrible que las mujeres piensen que son flores marchitas sólo porque ya no tienen veintitantos años. Me gustaría que las mujeres de cincuenta años encontrasen una belleza única en ese grupo de edad y persiguiesen ese ideal. Ahora mismo podemos encontrarnos en un importante momento de transición en lo que a esto respecta.

Una sociedad sin rostro

KŌNO Ya han pasado unos quince años desde que usted fundó la Academia Japonesa de Estudios Faciales (J-face) en 1995. Una sociedad académica dedicada al estudio del rostro humano es una rareza, no solo en Japón sino en todo el mundo, y los medios mostraron bastante interés en el tema. ¿Tiene usted alguna repuesta a este repentino interés por estudiar el rostro humano?

HARASHIMA Creo que el filósofo Washida Kiyokazu lo ha expresado fielmente, como miembro de J-face. Citando sus palabras, “El único momento en que nos revisamos el estómago y empezamos a preocuparnos por él es cuando no funciona adecuadamente. Cuando el estómago funciona como debería, nadie piensa en él. Sin duda esto es aplicable al rostro. La especial preocupación actual de la gente por su rostro, me imagino que será porque los rostros de los japoneses tienen cada vez menos carácter”. Y añade: “Nunca ha habido una época en que los medios de comunicación hayan tenido tal cantidad de rostros. Enciendes el televisor y ves caras por todas partes. Y estas caras son presentadas como meros objetos que podemos observar con lujuria. Las caras reales no son algo que puedas observar de esa manera. Tan pronto como tus ojos se cruzan con los otros, evitas la mirada de forma natural. Esto es lo que sucede con los rostros humanos reales. Pero con las caras de la televisión, es distinto. En la actualidad, en plena avalancha de caras-objeto, parece como si las caras reales estuviesen perdiendo su carácter”.

Hoy en día es bastante común ver a mujeres jóvenes maquillándose en el tren. No les molesta lo más mínimo que la gente las observe. Se aplican el maquillaje de forma natural allí mismo, en el tren, entre una multitud de caras, como si lo estuviesen haciendo delante del televisor. No puedo evitar pensar que la gente ya se ha acostumbrado tanto a ver caras-objeto en los medios de comunicación que ya piensan en las caras como simples signos o símbolos en lugar de caras de seres humanos reales.

Otra cuestión es que, con el correo electrónico, la norma es comunicarse sin tener que mostrar el propio rostro. Hasta ahora, el contacto cara a cara era básico para las comunicaciones humanas. Incluso con el teléfono, aunque no estuviésemos comunicándonos cara a cara, al menos podíamos deducir algo de la expresión de una persona por su tono de voz. Pero con el correo electrónico, no tienes más que texto. Y no sólo eso, en los foros de Internet, la gente puede esconderse detrás de un nombre. Es por ello que denomino a nuestra era la época del anonimato sin cara. Antiguamente, cuando el papel del rostro en la comunicación era algo implícito, nadie sentía la necesidad de reparar especialmente en el rostro humano. Hoy, cuando el rostro de las personas está más oculto que nunca, hemos empezado a sentir la necesidad de indagar en el papel del rostro en la comunicación y lo que el rostro significa para la gente en la actualidad.

Históricamente, este tipo de anonimato se inició con el auge de la sociedad urbana moderna. Cuando la gente abandonaba sus pueblos rurales para trasladarse a las ciudades, podían escapar de las limitaciones de esas comunidades rurales cerradas e insulares y encontrar libertad en el anonimato. Este anonimato es parte de lo que dotó a las ciudades de energía. Pero las convirtió también en fuentes de delitos. No obstante, a pesar de este lado oscuro, es incuestionable que las ciudades han sido el motor del desarrollo de la era moderna. La comunicación sin rostro tiene también el potencial de abrir la puerta a una nueva era. La gente habla mucho de los males de Internet, pero es innegable que, a pesar de todos sus aspectos negativos, Internet está generando un nuevo tipo de energía que está moviéndose en una dirección positiva.

KŌNO En cualquier caso, me preocupa mucho la observación del doctor Washida de que en la actualidad los rostros de los japoneses están perdiendo su carácter. Hasta cierto punto los japoneses siempre han tenido un perfil bajo en la comunidad internacional. ¡Qué pena, pues, si este perfil que mostramos al mundo es un rostro sin carácter! Sólo cabe esperar que rostros interesantes vuelvan a surgir aquí en Japón y en todo el mundo. Teniendo esto en cuenta, quisiera concluir esta conversación con la lista de los Trece preceptos para tener un mejor rostro del Doctor Harashima:

  1. Consigue que tu rostro te guste.
  2. Los rostros embellecen cuando son observados.
  3. Los rostros embellecen cuando se les halaga.
  4. Piensa en algún rasgo facial inusual que tengas como la clave de tu propio encanto especial.
  5. Deja de cohibirte por un determinado rasgo, y la gente tampoco lo verá.
  6. Cada vez que frunces el ceño, tu estómago se resiente.
  7. Abre el espacio entre tus ojos, y tu visión de la vida también se abrirá.
  8. Mantén una boca y dientes limpios, y sonríe con facilidad.
  9. Procura mantener un semblante simétrico.
  10. Considera tus bonitas arrugas o tu bonita calva como el orgullo de tu vida.
  11. Un tercio de la vida la pasamos durmiendo. Pon buena cara al acostarte.
  12. Muestra un rostro feliz, y te sentirás feliz por dentro, y tu vida será también feliz.
  13. Los rostros simpáticos y los rostros antipáticos se contagian.

(Traducido de una entrevista realizada en japonés en octubre de 2009. El entrevistador Kōno Michikazu es un antiguo director de Chūō Kōron).

  • [22.11.2013]
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