Tradición y renovación en el kabuki: Matsumoto Kōshirō IX
[29.10.2013] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

El kabuki ha iniciado una nueva era con la apertura del recién reconstruido teatro Kabukiza en Tokio. Matsumoto Kōshirō IX, actor de primera línea con un bagaje único en teatro clásico y obras contemporáneas y musicales, habla sobre los retos con que se ha encontrado y el futuro del kabuki.

Matsumoto Kōshirō IX

Matsumoto Kōshirō IXActor de kabuki. Nació en 1942 como primogénito de Matsumoto Kōshirō VIII. Debutó a los tres años de edad, heredó el nombre Ichikawa Somegorō VI en 1949 y adoptó su actual nombre en 1981. Ha interpretado numerosos papeles con el beneplácito de la crítica, en especial el personaje de Benkei en Kanjinchō (La lista de suscriptores), obra que lleva interpretando desde los dieciséis años. En 2008 celebró su actuación número mil como Benkei en el templo de Tōdaiji. Inició su carrera en obras contemporáneas como adolescente y en musicales a partir de los veinte años. En 1970 hizo su debut en Broadway como Don Quijote en la obra El hombre de La Mancha. En 1990 interpretó al Rey de Siam en El rey y yo en el West End de Londres. Ha participado también en obras como Amadeus y en las cuatro principales tragedias de Shakespeare, y ha interpretado papeles en numerosas series de televisión. Ha escrito libros como Kōshirō teki kiseki no hanashi (Historias milagrosas de Kōshirō) y Matsumoto Kōshirō: Watashi no rirekisho (Matsumoto Kōshirō: mi curriculum). En 2009 fue nombrado miembro de la Academia Japonesa de las Artes y en 2012 fue reconocido como Persona de Mérito Cultural.

Un inicio inolvidable para el nuevo Kabukiza

El recién reconstruido teatro Kabukiza abrió sus puertas en abril de 2013 al este del distrito de Ginza, en Tokio. Durante los primeros tres meses de actuaciones en el reconstruido centro para este arte escénico japonés brilló con luz propia la presencia de una de las principales estrellas teatrales, Matsumoto Kōshirō IX, que se unió a la celebración con un programa de obras populares interpretadas por un elenco de estrellas de todos los ámbitos.

“Dicen que la economía japonesa está recuperándose gracias al Abenomics”, afirma Kōshirō. “Pero yo pienso más bien en las dificultades con que se ha encontrado la gente desde el Gran Terremoto del Este de Japón de 2011, y por ello estoy muy agradecido de que tanta gente haya venido al nuevo teatro para ver el kabuki”.

El actor comenta que durante los últimos tres años, los actores se han esforzado para organizar obras de kabuki en teatros por todo el país, pero que hay algo especial en la “casa” del arte aquí en Tokio. “El nuevo Kabukiza dispone de unos bonitos camerinos, y las zonas entre bastidores son más espaciosas y muy cómodas. El tamaño del escenario es perfecto, igual que en el anterior teatro. Pero lo importante no es el teatro en sí, sino mantener la calidad del kabuki que se interpreta en él. El Kabukiza tiene la misión de ofrecer representaciones que atraigan a públicos tanto de Japón como de todo el mundo”.

El kabuki es en gran medida un asunto familiar. En abril, el hijo de Kōshirō, Ichikawa Somegorō VII, participó en la primera representación que celebraba la apertura del reconstruido Kabukiza. Su nieto de ocho años, Matsumoto Kintarō IV, interpretó un importante papel en Moritsuna jin’ya (El campamento de Moritsuna), una obra basada en una crónica bélica de ficción sobre la batalla entre Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu. El propio Kōshirō interpretó el papel de Benkei en la celebrada obra Kanjinchō, que cerró el programa de tres partes de todo el día.

“Me emocionó profundamente poder participar en el programa de estreno con mi hijo y mi nieto. Pero además, fue casi un milagro que mi actuación número 1.100 como Benkei coincidiese con la última noche de representaciones, el 28 de abril. Los tres meses de actuaciones que marcaron la reapertura del Kabukiza son algo que nunca olvidaré”.

Tres generaciones de actores como Benkei

Kōshirō interpretando a Benkei en el teatro Kabukiza en abril de 2013, en su animada salida por la hanamichi como colofón a su interpretación de Kanjinchō. (Foto de Watanabe Fumio)

Kanjinchō, intepretado por vez primera en 1840 por Ichikawa Danjūrō VII (1791–1859), es una de las kabuki jūhachiban, las dieciocho obras seleccionadas como repertorio estándar de su gran familia. La historia transcurre en la Puerta Ataka, que es custodiada por Togashi. Minamoto Yoshitsune y sus sirvientes, huyendo de las autoridades, intentan traspasar la puerta disfrazándose de un grupo de monjes budistas que piden donativos para la reconstrucción del templo Tōdaiji. Benkei, el personaje principal de la obra, se enfrenta a los duros interrogatorios de Togashi, pero utiliza su ingenio para acabar cruzando la puerta. El abuelo de Kōshirō, Matsumoto Kōshirō VII (1870–1949), que aprendió la obra de su maestro Ichikawa Danjūrō IX (1838–1903), viajó por todo Japón interpretando a Benkei más de 1.600 veces.

“En aquella época, Kanjinchō no era tan popular como ahora. Fue mi abuelo quien la convirtió en un éxito del kabuki. Mi padre la interpretó también unas quinientas o seiscientas veces, y eso hace que con mis interpretaciones ya sean más de tres mil veces en tres generaciones”, rie Kōshirō.

“He encontrado la fuerza para continuar interpretando a Benkei hasta el día de hoy por el reconocimento que recibo del público. Cuando escucho todos esos aplausos al pasar por el hanamichi (la pasarela que atraviesa la platea) al final de la obra, me olvido de todo el cansancio que conlleva ese papel. Kanjinchō encarna la devoción y la pasión de mi abuelo, heredada también por mi padre. Espero compartirla con el máximo número de personas posible para poder pasar esta obra a la próxima generación”.

Benkei: El hombre ideal

Kanjinchō ofrece un retrato realista de los personajes. Y como tal, destaca de los demás guiones de kabuki jūhachiban, muchos de los cuales presentan obras sencillas e incluso absurdas.

Kōshirō describe uno de los puntos álgidos del dramatismo de la obra. “Cuando Togashi sospecha que el mozo del grupo de Benkei es Yoshitsune disfrazado, Benkei engaña a Togashi golpeando a Yoshitsune con una vara. Golpear a tu maestro es un acto irrespetuoso, por lo que Benkei se inclina ligeramente disculpándose por lo que acaba de hacer. Esto sea probablemente un ejemplo de los sutiles elementos psicológicos que mi abuelo incorporó en la interpretación de las obras de kabuki.

“Al final de la obra, Benkei abandona el escenario el último, después de Yoshitsune y de sus sirvientes. Ya ha hecho todo lo que había que hacer. Y ha dejado también cumplir con su deber a sus compañeros. Para mí, esto es el ideal de cómo debería ser un hombre. En la actualidad, rara vez encontramos a este tipo de héroes entre los hombres japoneses, pero en el mundo del kabuki todavía existen”.

Estrechas relaciones con los escenarios occidentales

Como Don Quijote, Kōshirō canta “El sueño imposible” en una actuación de mayo de 2002 de El hombre de La Mancha en el teatro Hakataza.

Aparte del kabuki, Kōshirō ha dedicado su carrera de actor a musicales de estilo occidental. Entre lo más destacado de su repertorio podemos citar a El hombre de La Mancha, un musical galardonado con el premio Tony basado en Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes. Kōshirō interpretó el papel principal de la obra por vez primera en el Teatro Imperial de Tokio en 1969. Al año siguiente, fue invitado a Broadway, donde interpretó la obra sesenta veces en inglés. El 19 de agosto de 2012, el día que Kōshirō cumplía setenta años, llevó a cabo su interpretación de El hombre de La Mancha número 1.200. Durante el saludo de los actores al finalizar la obra, la esposa del difunto autor del musical, Dale Wasserman, le hizo entrega de la estatuilla del Premio Tony que Wasserman ganó en 1966.

Kōshirō quedó profundamente emocionado. “Me contaron que el Sr. Wasserman había dicho a su esposa que diese la estatuilla a quien hubiese hecho más por El hombre de La Mancha. Ya había pasado más de medio siglo desde que empecé a interpretar la obra, pero ese día fue cuando me sentí más orgulloso de haber hecho musicales. Ahora tengo la estatuilla en mi salón, junto al abanico que utilicé en la interpretación número mil de Kanjinchō en el Tōdaiji”.

Kōshirō tenía veintidós años cuando empezó a interpretar musicales. Hizo de Rey de Siam en El rey y yo con Koshiji Fubuki (1924-1980), una reconocida estrella de los musicales japoneses. Por aquel entonces, Kōshirō tenía contrato con Tōhō, una importante compañía de producciones teatrales y cinematográficas y rival de Shōchiku, la compañía que gestiona y promociona muchas de las representaciones en el mundo del kabuki. Como estrella de Tōhō interpretó papeles de teatro contemporáneo, obras de Shakespeare y musicales.

 “Yo no elegí hacer musicales; Tōhō quiso que los hiciese. Y ya que iba a hacer musicales, pues pensé que lo haría lo mejor posible para poder llegar a Broadway”, dice Kōshirō. “Podía haber decidido no hacer ni La Mancha ni obras de Shakespeare, porque yo era un actor de kabuki, pero decidí afrontar el reto”.

“En la vida, lo importante no es lo que experimentas, sino tomar decisiones de las que no te debas arrepentir. La vida tiene momentos duros y tristes, y yo también he pasado por ello. Pero de nada sirve quejarse. Hay que convertir la pena en ánimo y en esperanza en la vida. Es lo que yo he intentado hacer siempre”.

El kabuki como categoría dramática

La historia del kabuki ha dado un giro significativo en la forma de representarse sobre los escenarios. Ichikawa Danjūrō IX modernizó el kabuki en la era Meiji (1868-1912) añadiendo elementos de realismo al teatro tradicional. Matsumoto Kōshirō VII, Nakamura Kichiemon I (1886-1954), y Onoe Kikugorō (1885-1949) avanzaron en esta línea incorporando elementos psicológicos en sus representaciones. Ahora, Kōshirō sigue sus pasos enfocando el kabuki como una categoría de arte dramático que resulte atractiva para el público contemporáneo.

“En obras dramáticas, como Shunkan y Terakoya,1 intento centrarme en las emociones internas de los personajes. Pero los métodos para expresarlas deben provenir del kabuki”. Kōshirō insiste en subrayar esta importante diferencia.

“Si comparamos a El hombre de la Mancha de Broadway con un óleo, el kabuki sería una pintura tradicional japonesa hecha con tinta. La técnica y los materiales son completamente distintos. Tan distintos como un partido de béisbol en el Yankee Stadium y un torneo de sumō en el estadio de sumō de Kokugikan. Yo no me siento influenciado por obras contemporáneas cuando represento kabuki, y nunca utilizo técnicas de kabuki cuando estoy representando obras contemporáneas”.

Compartir el kabuki con el mundo

Muchos extranjeros han visitado el nuevo teatro Kabukiza desde su gran reapertura. ¿De qué manera puede el kabuki presentar mejor su atractivo al mundo?

“El kabuki está reconocido como patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO, junto con otras representaciones tradicionales artísticas como el , el  kyōgen y el teatro de marionetas bunraku”, afirma Kōshirō. “Puede resultar difícil promocionarlos en el extranjero por la barrera del idioma y las diferencias culturales, pero lo que es bueno de verdad puede ser aceptado como algo nuevo, aunque sea antiguo. En este sentido, estoy convencido de que el kabuki puede resultar muy atractivo para los espectadores extranjeros tal como es. Por ello, lo mejor es que personas de todo el mundo vean el kabuki en su cuna, el Kabukiza”.

Tengo la firme convicción de que el kabuki conseguirá ser atractivo internacionalmente si ofrece obras que presenten dramas humanos que puedan conectar con la gente. El camino no es limitarse a ofrecer representaciones de arte tradicionales que resulten extrañas y exóticas”.

(Basado en una entrevista realizada en japonés el 26 de junio de 2013. El entrevistador Nakamura Masako es periodista de Jiji Press. Fotografías cortesía de la oficina de Matsumoto Kōshirō)

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  • [29.10.2013]
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