Personas con dos culturas que buscan su lugar en el mundo
Entrevista a Nishikura Megumi, codirectora de Hafu
[20.01.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Hafu es un documental que narra la historia de cinco personas que se han criado en una familia con dos culturas, siendo una de ellas la japonesa. ¿Qué tiene esta película para haber conseguido acaparar la atención del público joven? Nishikura Megumi, codirectora de la obra, nos cuenta sus propias experiencias y el propósito del filme.

Nishikura Megumi

Nishikura MegumiDirectora de cine nacida en Waseda, Tokio, en 1980. Hasta los cuatro años reside en la prefectura de Chiba. Posteriormente, vive varios años en Filipinas, China, Tokio y Hawai. Estudia Cine en la Universidad de Nueva York. Tras realizar programas de televisión en Estados Unidos, regresa a Japón en 2006 para cursar un máster en Estudios de Paz y Conflictos en la Universidad Cristiana Internacional. Entretanto, elabora documentales sobre los problemas históricos de Japón y los países del sudeste asiático. En 2009, empieza a hacer películas en el Estudio de Medios de Comunicación de la Universidad de la ONU, principalmente acerca de los problemas medioambientales de Japón. Es entonces también cuando comienza a grabar junto a Takagi Lara el documental Hafu, que se estrena en Estados Unidos en abril de 2013 y comienza a proyectarse en salas japonesas en octubre del mismo año.

En Japón existen cada vez más matrimonios en los que uno de los cónyuges es extranjero, y en un año nacen más de 20.000 niños fruto de parejas de distinta nacionalidad. En la actualidad, los medios de comunicación del país prestan una mayor atención a este tema, pero lo que aparece en la prensa y la televisión no refleja necesariamente la totalidad del fenómeno. La imagen que la mayoría de los japoneses tiene de las personas que son mitad japonesas se limita en la mayoría de los casos a la de los cantantes, actores y artistas de otro tipo que se han criado en una familia formada por un japonés o una japonesa y un extranjero de raza blanca. Sin embargo, según datos recabados por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar en 2007, tres cuartos de los matrimonios internacionales en Japón son uniones de japoneses con personas de naciones asiáticas tales como China, Corea del Sur y Filipinas. En el caso de los hijos de estas parejas, a veces es difícil distinguir a simple vista que uno de los padres no es japonés.

Es frecuente utilizar el término hafu para referirse a estas personas. Se trata de un extranjerismo derivado del inglés half, palabra que simplemente quiere decir “mitad”. Sin embargo, en español, al igual que en inglés, si hablamos de una persona de padre estadounidense y madre japonesa, diríamos que es “mitad japonesa y mitad estadounidense”.

En la primavera de 2013 la directora Nishikura Megumi acabó la película Hafu, que codirigió con Takagi Lara. Este documental narra la vida de cinco personas que se han criado entre dos culturas, siendo la japonesa una de ellas. El título elegido en inglés para el filme no es la palabra half en su escritura original, sino la grafía correspondiente a la pronunciación japonesa de este término: hafu. Le hemos preguntado acerca del mensaje que quería transmitir con su obra.

¿Y yo quién soy? Un momento decisivo a los 26 años

Nishikura Megumi es hija de padre nipón y madre estadounidense de origen irlandés. Parece que ya en la guardería se dio cuenta de que era diferente de otros japoneses.

“Algunos niños del barrio me llamaban gaijin (extranjera). Tengo muy buenos recuerdos de mi época en la escuela primaria en Japón, pero no se me olvida que sentía cierta vergüenza cuando los profesores me hacían preguntas relacionadas con la lengua inglesa. Cuando empecé a cursar la enseñanza secundaria superior en un instituto de Hawai, me sentí aliviada de no tener que preocuparme de que me había criado en Japón y de que era mitad japonesa y mitad extranjera”, cuenta Nishikura.

Sus deseos de convertirse en directora de cine empezaron a florecer cuando cursaba la enseñanza secundaria inferior en un centro educativo estadounidense de Chōfu, en Tokio. En esa época, se apuntó al club de vídeo de la escuela, en el que se dedicó a elaborar documentales y programas de noticias. Posteriormente entró en una universidad de Estados Unidos, donde decidió especializarse en Cine y realizó numerosos documentales sobre problemas mundiales como la construcción de la paz. Las dudas acerca de su propia identidad le surgieron a los 26 años, época en la que regresó a Japón para estudiar en una escuela de posgrado un máster en Estudios de Paz y Conflictos.

“En Japón me preguntaban continuamente de qué país era o cómo es que tenía ese nombre [japonés] con esa cara [diferente]. Fue entonces cuando me di cuenta de que la gente no me consideraba japonesa aunque yo tuviera esa nacionalidad y hubiera nacido y crecido en el país. Empecé a reflexionar sobre si realmente era japonesa, razón que me llevó a comenzar a acudir a encuentros de personas como yo, pensando que quizás así resolvería la cuestión. En realidad eran fiestas en las que nos reuníamos para tomar unas copas, pero todos éramos jóvenes conscientes del problema que suponía ser hafu“, explica.

Gracias a estos encuentros, Nishikura se enteró de la existencia del Proyecto Hafu. La iniciativa, que inició su andadura en Londres en mayo de 2009, es una idea de una fotógrafa de madre japonesa y padre alemán y una investigadora mitad japonesa y mitad estadounidense. Ambas se dedican a tomar fotografías y a realizar entrevistas y encuestas que permitan mostrar la realidad de las personas que tienen dos culturas, siendo una de ellas la japonesa. La directora se unió a este proyecto con el deseo de transmitir el sentido del mismo en imágenes de vídeo. Durante la visita a Japón de las dos creadoras de esta iniciativa, Nishikura grabó hasta dos películas a modo de diario del viaje, y fue entonces cuando comenzaron a hablar de la posibilidad de hacer un largometraje acerca de este tema, pero enfocado al público japonés en general. En la elaboración del filme decidió participar también, en calidad de codirectora, Takagi Lara, que se ha criado en una familia mitad española y mitad japonesa. Al igual que Nishikura, Takagi sentía interés por elaborar una película acerca de los hafu.

Una historia que se desarrolla a la par que la vida de los protagonistas

El documental Hafu, que ha contado también con la colaboración del Proyecto Hafu, narra desde diferentes ángulos la realidad de aquellos que pertenecen a este colectivo de la sociedad japonesa. Para ello, las directoras eligieron a cinco personas con historias completamente diferentes:

– Sophia, que se ha criado en Australia, decide quedarse una larga temporada en casa de sus parientes japoneses para experimentar cómo es la vida en Japón, algo que la fascina.

– David, que pasó su infancia en un orfanato junto a sus hermanos, supera la rabia de que no lo reconozcan como japonés y visita a su madre en Ghana.

– Fusae, que vivió sin saber que era mitad surcoreana hasta que comenzó la enseñanza secundaria superior.

– Ed, que renuncia a la nacionalidad venezolana y decide iniciar los trámites para adquirir la japonesa.

– Álex, un estudiante de tercer curso de primaria que sufre acoso escolar y decide visitar a sus parientes en México.

Todos ellos tienen en común el hecho de haberse criado entre dos culturas y de sentir la necesidad de encontrar su lugar en el mundo, algo que han logrado por sí mismos.

“Cuando comenzó el rodaje, con la historia de Álex quería abordar los problemas relativos a la familia y la educación, pero no me imaginaba que el acoso escolar acabaría teniendo tanta relación con el tema. A medida que recababa información, me di cuenta de que era necesario abordar en la película este tipo de hostigamiento, ya que se trata de un problema al que se enfrentan los niños hafu y sus familias”, confiesa Nishikura.

“Con la historia de Ed, que es mitad venezolano y mitad japonés, tenía como objetivo centrarme en la cuestión de la identidad legal de los hafu sirviéndome de su decisión de adquirir la nacionalidad japonesa. Ahí me di cuenta de la gran cantidad de tiempo que se necesita para realizar los trámites correspondientes. Además, en su caso se reflejaba otro problema de importancia que afecta a muchos miembros de este colectivo: la búsqueda de la comunidad a la que uno pertenece. Lo incluí en la película también aunque era algo que no estaba previsto”, señala.

Una sociedad multicultural

El rodaje de Hafu duró un año y medio y el proceso de edición otros 18 meses. Nishikura Megumi reconoce que hubo momentos en los que no sabía si realmente había sido capaz de transmitir el mensaje deseado. Le preguntamos qué es exactamente lo que ha condensado en esta película de 87 minutos de duración.

“La imagen que se tiene en Japón de los que son mitad japoneses no va más allá de un estereotipo de personas guapas y bilingües, un canon que se refleja en los cantantes, modelos y otros artistas de la televisión. Sin embargo, estos son los menos, y no se suele hablar de sus recuerdos del pasado ni de las culturas en las que se han criado. Yo quería destruir esa imagen destinada a la adoración que han fabricado los medios de comunicación.

Yo pensaba que Japón era un país de una sola etnia y no descubrí la existencia de los ainu hasta que viajé en el barco Peace Boat. Además, en las actividades que organizábamos para reunir dinero para la película me enteré de que, además de los hafu, había otra gente con diferentes orígenes, como las jóvenes japonesas que regresan a su país tras vivir un tiempo en el extranjero y los chinos y coreanos nacidos en Japón. Sin embargo, no suelen contar su historia. Me gustaría que esta gente no se avergonzara de su situación y proclamara con orgullo la clase de japoneses que son. De ser así, todo el mundo se dará cuenta de que Japón es un país donde existe una cultura tan diversa y rica”, explica.

Cruzando fronteras

En abril de 2013 el Museo Nacional de los Nipoestadounidenses, situado en Los Ángeles, acogió el estreno de Hafu como parte de Hapa Japan, una actividad organizada para reflexionar sobre el tema de las personas mitad japonesas. Posteriormente, la película se ha ido emitiendo, además de en Estados Unidos y Japón, en varios países de Europa y Asia. En Japón, donde se estrenó en octubre de ese mismo año, tuvo una gran acogida por parte del público, sin importar si la audiencia era o no mitad japonesa. Nishikura Megumi participó activamente en las proyecciones del documental; dio charlas e hizo posible que los espectadores interactuaran con los protagonistas y creadores del filme. En las proyecciones que incluían este tipo de actividades el aforo de la sala se completaba, hasta el punto de que aquellos que no habían podido conseguir entradas tenían que irse y volver en otro momento.

“Los problemas a los que se enfrentan aquellos que tienen dos culturas difieren según el país. En Estados Unidos se puede clasificar a las personas en función de su raza en blancos, negros, asiáticos y latinos; sin embargo, entre las personas con dos culturas existe una mentalidad de no querer decantarse solo por una de las dos, de no renegar de esa otra parte del origen de uno. Tengo la impresión de que en Japón, por el contrario, ser hafu significa formar parte de una excepción no japonesa, y de que la gente ve a estas personas como forasteros.

En cualquier caso, el público ha mostrado simpatía por la película independientemente del país. Creo que esto se debe a que todas las personas que aparecen en ella viven esforzándose al máximo mientras buscan su lugar en el mundo, ese espacio donde puedan sentirse a gusto y ser ellos mismos. Aunque el documental esté ambientado en Japón, el mensaje se aplica a cualquier país y persona”, afirma Nishikura.

En las charlas que se realizaron tras las proyecciones una profesora comentó: “En las clases de las que he sido tutora hasta ahora he tenido varios estudiantes mitad japoneses. Me gustaría ayudar a aquellos que sufren acoso escolar como Álex y reflexionar sobre lo que yo puedo hacer a este respecto”. Una persona mitad alemana y mitad japonesa dijo: “Ser hafu ha sido siempre algo natural para mí, pero ahora me he dado cuenta del entorno privilegiado en el que me encuentro”. (En la sala Uplink, en Shibuya, Tokio, el 22 de octubre de 2013)

Lo que se puede hacer en Japón en 20 años

Los hafu suelen preocuparse por el hecho de que su aspecto físico llama la atención, sufren dificultades lingüísticas y tienen que enfrentarse a cuestiones relacionadas con la nacionalidad. Sin embargo, el documental permite que uno se dé cuenta de que todos estos son problemas básicos, cuestiones sobre las que cualquier persona tiene dudas. Nishikura Megumi considera que las personas con dos culturas que se empiezan a preguntar dónde está su lugar en el mundo, ese espacio donde se puedan sentir a gusto, cuando aún son niños tienen la capacidad de cambiar la sociedad al llegar a la edad adulta.

“Creo que Japón simplemente está todavía muy atrasado en este sentido [no es un caso particular]. Aunque el número de personas mitad japonesas esté aumentando, muchas de ellas aún son niños. La situación cambiará significativamente cuando sean adultos, en unos 20 años, cuando sepan lo que significa formar parte de la sociedad.

En la película se presentan principalmente las historias de personas que rondan los 25, una edad a la que uno puede contribuir a la sociedad. Por ejemplo, el caso de Ed, que fundó el grupo Mixed Roots Kansai, o el de David, que fomenta los intercambios entre Ghana y Japón. Creo que muchos adultos con dos culturas están realizando en la actualidad una labor de la que se beneficiará la próxima generación; los hafu que ahora son niños, más numerosos que la anterior generación, harán su contribución cuando cumplan 20 o 30 años”, afirma.

Descubrir los puntos que conectan a la raza humana

Nos preguntamos cómo relacionará Nishikura Megumi Hafu con su próximo trabajo.

“Suelen preguntarme si habrá una continuación de Hafu. Esta película contiene todos los mensajes que yo quería transmitir, así que, aunque hiciera otra, creo que la perspectiva no diferiría de la actual.

Hafu trata acerca de reflexionar sobre quién es uno mismo, sobre su identidad y dónde está su lugar en el mundo. Yo quería ahondar en todos esos temas y lo he conseguido con esta película. Lo próximo que me gustaría hacer es descubrir los puntos que conectan a la raza humana. Es una cuestión de mayor envergadura que la de las personas con dos culturas, pero mi objetivo es averiguar qué entiende la gente por “hogar”. Durante mi viaje en el Peace Boat visité Jordania y estuve con un grupo de jóvenes palestinos en un campamento de refugiados; estos chicos no han pisado Palestina nunca en su vida, pero me dijeron que ese era su hogar. Su concepto no tiene que ver nada con el mío”, comenta Nishikura.

Nishikura Megumi nació en Tokio y vivió en Chiba hasta los cuatro años. Posteriormente, su familia se mudó a Filipinas por el trabajo de su padre. Antes de cursar estudios universitarios en Nueva York, residió también en Tokio, China y Hawai. ¿Qué entiende por hogar una persona que ha cambiado de país tantas veces?

“Podría decir que mi hogar ahora está en Tokio. Es un sitio donde me encuentro muy a gusto. Siempre me han gustado las ciudades, así que esta me encanta. Siento una predilección especial por Shibuya, un lugar que me conozco como la palma de la mano”, concluye.

(Entrevista realizada en Shibuya, Tokio, el 25 de octubre de 2013 y traducida al español del original en japonés)

  • [20.01.2014]
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