Conversación con Tawada Yōko: La literatura transfronteriza, una nueva perspectiva

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La escritora Tawada Yōko ha recibido en Alemania el Premio Kleist, el más prestigioso galardón literario del país. Por su parte, la japonóloga Irmela Hijiya-Kirschnereit se ha hecho acreedora al Premio Leibniz, igualmente prestigioso en el campo académico. Ambas viven en Berlín y han sido amigas durante décadas. Hoy hablan para nosotros de aventuras, traducciones, género, futuro de la humanidad y otros temas.

Tawada Yōko TAWADA Yōko

Nacida en Tokio en 1960, se mudó a Alemania en 1982, después de haberse graduado en la Universidad de Waseda. Debutó como escritora en Alemania en 1987. En 1991 ganó el Gunzō Shinjin Bungakushō (“Premio Gunzō para Escritores Noveles”) con Kakato wo nakushite (Missing Heels) y en 1993 el Premio Akutagawa con Inu mukoiri (publicado en español como El novio era un perro). En 2003, con Yōgisha no yakō ressha (Suspect on the Night Train), se hizo acreedora al Premio Tanizaki Jun’ichirō, y en 2011, con Yuki no renshūsei (Memoirs of a Polar Bear) al Premio Noma. En 2016 recibió en Alemania el Premio Kleist por el conjunto de su obra y en 2018 el Premio Nacional del Libro de EE. UU., categoría de Traducción Literaria, con Kentōshi (The Last Children of Tokyo o The Emissary).

Irmela Hijiya-Kirschnereit HIJIYA-KIRSCHNEREIT Irmela

Profesora de Japonología (Literatura, Historia de la Cultura) en la Universidad Libre de Berlín (Alemania). Ha traducido un gran número de libros de tema literario y artístico, y ha escrito también ampliamente sobre la literatura y la cultura japonesas. Su labor de investigación le ha ganado un gran reconocimiento y la concesión del Premio Gottfried Wilhelm Leibniz (1992), el más prestigioso en los círculos académicos alemanes. En japonés ha publicado, entre otras obras, (Joryū) hōdan (“Despachándose (al estilo femenino)”; Iwanami Shoten, 2018). Ha sido directora del Instituto Alemán de Estudios Japoneses de Tokio y de la Sociedad Europea de Estudios Japoneses.

La pandemia, un buen momento para dedicarse a leer y escribir

IRMELA HIJIYA-KIRSCHNEREIT  Se te conoce como una escritora viajera. Tomando solo las reuniones de lectura de textos en el extranjero, tienes unas 1.200, pero es que además das conferencias, participas en simposios... Con la pandemia, ¿ha cambiado mucho tu vida?

TAWADA YŌKO  Me parecía que viajando me enteraba un poco de cómo iba el mundo, y eso es lo que he venido haciendo. Lo único, creo que me excedí con los viajes. En los países que visitaba, la gente me recomendaba libros y yo solía pedirlos, pero en seguida tenía que viajar al siguiente destino sin haber tenido tiempo para leerlos. O sea, que me arrepiento un poco, porque creo que he viajado demasiado y que eso no tiene mucho sentido. Pero con la pandemia, de repente se han terminado los viajes y ahora tengo un poco más de tiempo para dedicarle a la lectura. En Japón también dicen que las ventas anuales de libros han subido por fin después de muchísimos años. Por lo visto, la gente se queda en su casa y no solo ve internet, también está leyendo más.

HIJIYA-KIRSCHNEREIT  Cierto. A ver si sigue la tendencia...

TAWADA  Esto no había pasado nunca, ¿verdad?, una pandemia así. Yo, ahora, además de leer más, consigo escribir más cosas. En situaciones críticas los humanos siempre nos planteamos seriamente lo que tenemos que hacer. Este año no es que las cosas hayan mejorado demasiado, pero tengo más eventos a distancia, así que otra vez estoy volviendo a lo mismo. A mí me parece que, por su propia naturaleza, la literatura te obliga a veces a encerrarte en algún sitio para poder escribir, en un convento, en una celda... Este año no sé si estoy siendo capaz de aprovechar bien la pandemia.

Tawada Yōko.
Tawada Yōko.

Un súbito cambio en el entorno lingüístico

HIJIYA-KIRSCHNEREIT  Tú no eres una refugiada que huya de nada, lo que te trajo a Alemania fue el espíritu aventurero, la sed de ver cosas nuevas. Viniste a vivir aquí y fue en este país donde comenzó tu vida como escritora. No fue un simple viaje, porque te pusiste a trabajar, estuviste estudiando en la Universidad de Hamburgo y escribiste tu tesis doctoral en alemán. Tu carrera como escritora la has hecho en Alemania y ahora eres una “escritora internacional”.

TAWADA  Siendo todavía estudiante, hice muchas cosas. Tomé el Transiberiano, viajé por la India... Para mí, la aventura era eso. Pero ahora sé que no, que la verdadera aventura es irte a una ciudad extranjera, alquilar un apartamento, ponerte a trabajar en algo y vivir usando el idioma del país. En Hamburgo empecé con un trabajo en prácticas. Ir todos los días al trabajo, hablar con los compañeros, ir luego por la noche a una fiesta de cumpleaños o a cualquier otra cosa, todo se me hacía cuesta arriba. Pero aprendí mucho.

Quizás sea un poco exagerado decir que me iba derrumbando, pero una vez sí que experimenté algo así como que mi identidad empezaba a fracturarse entre las dos lenguas. Hablaba solo en japonés y de improviso estaba hablando todo el día en alemán. Ahora hay Internet, pero antes no había nada de eso y tampoco se podía llamar fácilmente por teléfono. No tenía cerca a ningún japonés. El idioma japonés simplemente desapareció y todo era alemán. ¿Qué era eso que había considerado mi “yo” hasta entonces? Esa fue la inesperada aventura que viví.

La traducción como creación

HIJIYA-KIRSCHNEREIT  Eres una autora bilingüe que publicas tus obras en alemán y en japonés. ¿Cómo decides qué publicar en cada lengua?

TAWADA  Cuando me propongo contar en alemán mis recuerdos de la infancia, que transcurrió en Japón, a veces adquieren un carácter ficticio, como si estuviera hablando de un país imaginario. Y escribir en japonés mis experiencias en Alemania me permite presentar al lector mi vida mejor, porque traduciéndola puedo al mismo tiempo digerirla. O sea, que elijo el idioma según cuál sea el asunto sobre el que voy a escribir.

HIJIYA-KIRSCHNEREIT  A propósito, no sueles traducir tus propias obras, aunque sí lo hiciste con Yuki no renshūsei.

TAWADA  Lo que pasa es que me entran ganas de reformular las cosas, de poner en escena otros personajes, de hacer una narración diferente, porque acabo pensando que, de haberlo escrito directamente en japonés, nunca lo habría escrito así. Y me voy apartando cada vez más del original. No lleva a nada bueno, eso de traducir tus propias obras.

HIJIYA-KIRSCHNEREIT  Debes sentirte muy insatisfecha cuando lees las traducciones que te hacen, ¿no?

TAWADA  No, eso no me ocurre. La traducción es un tipo de creación. Cuando leí la traducción al alemán de Kentōshi, sentí que la voz de la narración no era la mía, pero eso no es tan importante. Lo importante es que haya una voz. Mucho peor sería que, por una mal entendida necesidad de imitar mi voz, al final el libro se quedase sin una voz definida, eso sería desintegrar la obra. Por eso, a mí siempre me ilusiona leer las traducciones de mis libros.

Irmela Hijiya-Kirschnereit.
Irmela Hijiya-Kirschnereit.

Cautivada por el ritmo de Heike Monogatari

HIJIYA-KIRSCHNEREIT  En las dos primeras partes de tu trilogía, Chikyū ni chiribamerarete (“Dispersos por la tierra”, 2018) y Hoshi ni honomekasarete (“A la tenue luz de las estrellas”, 2020), aparece una mujer llamada Hiruko. Hace pensar en el Hiruko que aparece en el Kojiki, como hijo primogénito de Izanagi y de Izanami. Supongo que hay una relación.

TAWADA  Sí, tomé el nombre del Kojiki. Cuando era estudiante, en mi escuela primaria había muchos profesores “progres” y me eduqué con la vaga idea de que la mitología japonesa era parte del discurso nacionalista, que era mejor no leer demasiado de esas cosas. Yo misma tampoco tenía ningún interés en particular en ese tema, mis lecturas se dirigían más bien hacia los rusos, Dostoievski, etcétera.

Cuando vine a Alemania, me di cuenta de que, además del Kojiki, en el ámbito cultural del océano Pacífico hay muchas cosas relacionadas con la mitología. Las encuentras en Sudamérica, en el Sudeste Asiático... Cuando vi que, lejos de ser algo nacional, era algo realmente internacional, empecé a sentir simpatía por la mitología.

HIJIYA-KIRSCHNEREIT  Además del citado Kojiki, ¿qué otras cosas te interesan de la literatura japonesa?

TAWADA  Me atrae la literatura medieval. No es que tenga conocimientos especializados en ese campo ni nada parecido, pero es muy interesante de leer. Cuando tengo oportunidad, leo cosas como el Hōjōki, u obras de narrativa didáctica budista como el Shasekishū, o el Konjaku Monogatari. En este, puede comprobarse de qué forma penetraron en Japón los relatos procedentes de India y de China, y así se aprende mucho.

Cuando estaba en el bachillerato, me gustaba bastante el Genji Monogatari. El Heike Monogatari lo mantenía a distancia, porque tenía la idea de que era un “relato de samuráis”, pero ya en Alemania, después de haber hecho lecturas en japonés con música, lo vi de otra forma. Cuando lo lees, te das cuenta de que tiene un ritmo asombroso. Fue escrito para leerse con acompañamiento de biwa (laúd japonés), y eso se nota. Yo estaba buscando algún texto japonés para tener como referencia a la hora de declamar con música, y en la narración del Heike Monogatari encontré partes con un ritmo maravilloso.

Evanescentes fronteras entre los sexos

HIJIYA-KIRSCHNEREIT  En 2018 publiqué (Joryū) hōdan (“Despachándose (al estilo femenino)”), que es una colección de entrevistas que hice en 1982 con Enchi Fumiko, Ishimure Michiko y otras destacadas autoras japonesas. Las entrevistas giraban en torno a la opinión que les merecía una sociedad, la japonesa, dominada por el hombre. Antes de escucharlas, supuse que sentirían cólera hacia los hombres. Todas ellas tenían una personalidad muy fuerte y era la época en que penetraba desde Estados Unidos el movimiento de liberación de la mujer. Pero, en general, todas se mostraron muy tolerantes y decían cosas como que los hombres también soportaban una gran presión social y que era inevitable que se dieran esos aires de superioridad. Como mujer alemana, me impactó. ¿Qué te parece a ti esto?

TAWADA  Cuando debuté en Japón en la década de 1990, era la época en que la bipolaridad hombre-mujer estaba ya derrumbándose y se empezaba a hablar de una pluralidad de sexos, de que dentro de la mujer había “hetero” y lesbianas, etc. Luego salieron los transexuales, los bisexuales..., y así empezaron a borrarse las fronteras entre los sexos tal como venían entendiéndose, de la misma forma en que se están difuminando también las fronteras entre los países, o entre lo humano y lo animal. Se habla ahora de que también los animales tienen derechos y hay movimientos en su defensa. No es solo la cuestión del género, son otras muchas fronteras las que tendremos que ir superando. Y ese es uno de mis temas principales.

Un futuro no tan desesperanzador

HIJIYA-KIRSCHNEREIT  Leyendo tu trilogía, me da la impresión de que va hacia lo fantástico. De la utopía pasamos a la distopía, y entra también como tema lo catastrófico. Si se establecen, por ejemplo, dos generaciones, la mayor está formada por individuos más vitales y activos, mientras que los niños dan una imagen de debilidad, de tener menos fuerza vital. Se siente un poco una inversión, que el mundo está al revés. ¿Eres optimista sobre el futuro de la humanidad, o pesimista?

TAWADA  Cuando describo el futuro inmediato me salen cosas bastante patéticas. Pero no es que piense que estamos al borde del abismo. Porque el pasado es todavía mucho peor. Sigue habiendo muchos problemas, pero creo que estamos mejor que en la época de la Segunda Guerra Mundial, sin comparación. Hemos hecho muchos avances y en ese sentido yo no soy nada pesimista.

HIJIYA-KIRSCHNEREIT  ¿Todavía no está todo perdido?

TAWADA  No, no lo está.

HIJIYA-KIRSCHNEREIT  Dentro de la historia de la Tierra, la de la humanidad es muy corta y algunos filósofos y naturalistas piensan que podríamos estar cerca de nuestro final. Los humanos destruimos el planeta, porque lo estamos haciendo a gran velocidad, y esto es imparable. Hay quien piensa si la humanidad no camina hacia su extinción. Pero, en el fondo, quizás no sea tan malo. Para la Tierra, quiero decir (risas).

TAWADA  Sí, es un asunto peliagudo. Pero si pensamos que nosotros, las ranas, o las florecillas que vemos por ahí todos somos diferentes formas de vida, tampoco pasa nada aunque la era de los humanos llegue a su fin. Ese pensamiento creo que ha estado siempre muy arraigado y subsiste en la literatura japonesa.

HIJIYA-KIRSCHNEREIT  Yo también siento eso con fuerza. En cierto sentido, es el consuelo que nos queda.

Tawada Yōko e Irmela Hijiya-Kirschnereit, durante la conversación que mantuvieron en el Instituto de Japonología de la Universidad Libre de Berlín.
Tawada Yōko e Irmela Hijiya-Kirschnereit, durante la conversación que mantuvieron en el Instituto de Japonología de la Universidad Libre de Berlín.

Redacción: Kondō Hisashi (Nippon.com)
Fotografía: Sawabe Katsuhito.
Fotografía del encabezado: En los jardines de la Universidad Libre de Berlín (Alemania), una vez concluida su conversación.

(Traducido al español del original en japonés.)

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