Sotoo Etsurō: medio siglo esculpiendo en piedra el alma de la Sagrada Familia y de Gaudí

Arte Cultura Sociedad

En junio de 2026, se celebró una misa de gran magnitud en la Sagrada Familia, la obra maestra de Antoni Gaudí, para conmemorar el centenario de su fallecimiento y la finalización de la Torre de Jesucristo. Sotoo Etsurō, quien ha participado como escultor en la construcción de la catedral durante casi 50 años, habla de su experiencia en esta obra arquitectónica.

Sotoo Etsurō SOTOO Etsurō

Escultor de la Sagrada Familia. Nacido en la prefectura de Fukuoka en 1953. Graduado en la especialidad de Escultura por la Universidad de las Artes de la Ciudad de Kioto. Desde 1978 está a cargo de las esculturas del templo. En 2005, la Fachada del Nacimiento, que incluye las 15 estatuas de ángeles creadas por él, fue declarada Patrimonio de la Humanidad. En noviembre de 2024, la Santa Sede le otorgó el Premio Ratzinger, siendo el primer asiático y el primer artista en recibir este galardón. En abril de 2026, fue distinguido con la Orden del Sol Naciente (Rayos de Oro y Plata con Roseta) de Japón.

Encuentro con la Sagrada Familia

El deseo de esculpir piedra: esta única y vehemente voluntad era lo que impulsaba a aquel joven de 25 años. Corría el año 1978. Sotoo Etsurō, que había estudiado Escultura en la Universidad de Artes de la Ciudad de Kioto y que tras graduarse llevaba una intensa vida profesional como profesor de arte, sintió un día el fuerte impulso de “esculpir piedra” con la misma entrega de su época de estudiante. Dejó su trabajo y viajó a Europa, ya que deseaba usar el cincel a sus anchas en un continente con una arraigada cultura de la piedra, patente en sus calles adoquinadas y edificios de mampostería.

“No tenía ninguna intención de trabajar en el extranjero para ganar dinero. Pensaba que, con el presupuesto del que disponía, mi estancia podría durar tres meses, a lo sumo”.

París, su primer destino, le dio la impresión de ser una ciudad demasiado ordenada y sintió que no daría cabida a su pasión. Su intención era dirigirse a Alemania, pero en una parada previa en Barcelona (España), su mirada quedó clavada en una montaña de bloques de piedra apilados al azar en las obras de construcción de la Sagrada Familia. Pensó que le gustaría esculpir allí, aunque solo fuera una pequeña piedra.

Hoy en día es una catedral que atrae las miradas de todo el mundo, pero en aquel entonces despertaba la indiferencia incluso de la población local. Sotoo tampoco albergaba desde el principio la intención de participar en su construcción y dar continuidad a la voluntad de Gaudí. Simplemente, tuvo la fortuna de conocer a los discípulos predilectos del arquitecto y de que dieran el visto bueno a la prueba de escultura que le impusieron como condición para ser contratado, lo que le permitió convertirse en escultor de la Sagrada Familia.

(© Hanai Tomoko)
(© Hanai Tomoko)

“Incluso para poder realizar la prueba de esculpir piedra tardé varios meses. El dinero que llevaba se me estaba agotando rápidamente. No sabía si debía seguir mi ruta prevista por Europa dentro de mi presupuesto y regresar, o apostar por la posibilidad casi nula de conseguir un trabajo esculpiendo piedra en la Sagrada Familia. La decisión de aceptar esa apuesta es el motivo por el que he llegado hasta donde estoy hoy”.

Su primera escultura fue un “brote de hiedra”

La construcción de la Sagrada Familia comenzó en 1882. Al año siguiente, Gaudí, que entonces tenía 31 años, asumió el proyecto como segundo arquitecto director y, hasta su muerte en un accidente en junio de 1926, volcó numerosas técnicas y planteamientos en la construcción de la catedral. Durante la Guerra Civil, que estalló en 1936, los planos y maquetas desaparecieron, y los discípulos, apoyándose en los escasos indicios que quedaron, continuaron con un proceso de ensayo y error para proseguir la construcción.

“Cuando me topé con la Sagrada Familia, aún vivían algunos de los discípulos directos de Gaudí. Como yo no hablaba español, no nos entendíamos bien. Sin embargo, al trabajar bajo la dirección de personas de más de 80 años que amaban profundamente a Gaudí, pude sentir el ambiente de la época en la que el arquitecto vivió. Ese es mi gran punto fuerte. Hoy en día, en las obras ya no queda, por supuesto, nadie que conociera a Gaudí directamente, y soy prácticamente el único que ha tenido relación con personas que lo conocieron”.

El primer trabajo que se le encomendó fue esculpir unos “brotes de hiedra”. Esta catedral cuenta con tres fachadas (puertas): la del Nacimiento, la de la Pasión y la de la Gloria. Se trataba de esculturas destinadas a coronar el edificio que conecta la fachada de la Pasión (completada en 1976) con el cuerpo principal del templo. Eran unos brotes vegetales que asomaban en lo alto de unos pináculos de 5 metros de altura. Trabajó con tesón en un andamio situado a 60 metros del suelo, sin barandillas ni cinturones de seguridad.

Sotoo trabajando en un andamio a gran altura (circa 1978) (© SOTOOKIKAKU)
Sotoo trabajando en un andamio a gran altura (circa 1978) (© SOTOOKIKAKU)

Ante la falta de instrucciones concretas de Gaudí, Sotoo se enfrentó a numerosos interrogantes. ¿Cómo fijar los pináculos a los muros de escasa resistencia que les servían de base? Y, para empezar, ¿de qué tipo de brotes vegetales se trataba? Continuó buscando las respuestas apoyándose en los escasos indicios que quedaban de la época en la que vivió el arquitecto. Con el tiempo, comprendió que Gaudí tenía en mente la idea de reforzar la estructura mediante la escultura.

“A pesar de las dudas, a través de la piedra pude ir conociendo poco a poco a Gaudí. Hubo alguien que hace cien años se enfrentó a los mismos dilemas que yo. Y esa persona ya conocía las respuestas a interrogantes de los que yo ni siquiera me había percatado... Para mí, Gaudí, más que un arquitecto genial, es como un predecesor que se enfrentó a los mismos problemas y halló las respuestas”.

Posteriormente, los discípulos directos de Gaudí le encomendaron la restauración del portal del Rosario. Era el único espacio interior construido por Gaudí, pero había quedado destruido durante la Guerra Civil.

“Le confiaron un trabajo de tal magnitud a un joven extranjero del que aún no sabían qué pensaba ni qué capacidad real tenía. Me dijeron que solo podían pagarme dos meses de sueldo, pero pensé que no me quedaba más remedio que hacerlo”.

Al final, completar su restauración íntegra le llevó más de un año y medio. En el portal del Rosario hay dos esculturas que claramente no guardan relación con la Biblia. Se trata de un hombre que sostiene una bomba y una joven que reza (un conjunto conocido como La tentación del hombre). Un demonio tienta a la joven ofreciéndole una bolsa con monedas de oro. Al restaurar las expresiones de estas dos figuras, Sotoo las representó como jóvenes que, al ser tentados por el demonio, padecen un conflicto interno. Tomó esta decisión porque llegó a la conclusión de que la intención de Gaudí era precisamente invitar a la reflexión de quienes las observan.

Arriba: Sotoo restaurando el portal del Rosario (hacia 1980). Abajo: “La joven que reza” (izquierda) y “El joven con la bomba”. (© SOTOOKIKAKU)
Arriba: Sotoo restaurando el portal del Rosario (hacia 1980). Abajo: “La joven que reza” (izquierda) y “El joven con la bomba”. (© SOTOOKIKAKU)

Un ángel toca el arpa en la fachada del Nacimiento

El siguiente proyecto que abordó fue la fachada del Nacimiento. Como se había asegurado el presupuesto para una de las 15 esculturas de ángeles que estaba previsto colocar, le mostraron una fotografía de la maqueta elaborada por Gaudí para que eligiera cuál esculpir.

“Pensé que tal vez sería una oportunidad única en la vida, así que elegí la más grande y difícil: el ángel que toca el arpa”.

En 1983, dedicó medio año a esculpir un bloque de piedra en bruto de 10 toneladas. Al colocar la estatua terminada en su pedestal, las personas que pasaban por delante de la Fachada del Nacimiento comenzaron a detenerse y a alzar la vista hacia ella con curiosidad. Sotoo percibió que su trabajo había surtido efecto: “Me alegro de haber esculpido este ángel”. Los donativos también empezaron a recaudarse a buen ritmo y, en el año 2000, Sotoo concluyó la creación de las 15 estatuas de ángeles, con lo que se completó la Fachada del Nacimiento. Su inscripción como Patrimonio de la Humanidad llegó cinco años después.

Sotoo ante la Fachada del Nacimiento. En la parte superior derecha de la puerta se ve un ángel tocando el arpa. Noviembre de 2010, Barcelona. (© Reuters)
Sotoo ante la Fachada del Nacimiento. En la parte superior derecha de la puerta se ve un ángel tocando el arpa. Noviembre de 2010, Barcelona. (© Reuters)

El kotonoha y la visión japonesa de la naturaleza

En los muros laterales de la Sagrada Familia hay diez grandes ventanales en los que se disponen esculturas de frutos y hojas. Estas esculturas también son obra de Sotoo.

“Colocad frutas en cestas sobre el tejado y esparcid cientos de frutas y hojas alrededor de los grandes ventanales”. Esa fue la única instrucción que dejó Gaudí.

“El problema era saber si se trataba de hojas frescas o si ya estaban empezando a marchitarse. Para empezar, ¿por qué había que poner hojas ahí? ¿Qué simbolizaban...?”.

“Para reflexionar sobre su significado me fue de gran ayuda el hecho de ser japonés. Me inspiré en el término japonés kotoba (palabra). Tal como la palabra kotonoha(*1) (que se escribe con los caracteres kanji de ‘palabra’ y ‘hoja’) sugiere, los seres humanos intercambiamos ‘palabras’, que son como hojas invisibles. A través de las palabras, un fruto va germinando en el alma del otro. Yo interpreté que se trataba del fruto de la sabiduría. Si uno desea que el fruto que alberga en su propio corazón dé también fruto en el corazón de otra persona, debe emplear muchas palabras. Cuando el fruto madura, las hojas se marchitan y caen. Por lo tanto, llegué a la conclusión de que las hojas que rodeaban los grandes ventanales eran hojas que, tras haber cumplido su función, empezaban a marchitarse”.

De este modo, alrededor de los grandes ventanales situados a 22,5 metros del suelo, dispuso esculturas de pequeños frutos y hojas tallados en un solo bloque de piedra, mientras que en la cúspide del tejado colocó una cesta rebosante de frutas maduras de diversos colores a modo de “fruto de la sabiduría” y, más abajo, hojas marchitas y encogidas.

Conjunto de esculturas de Sotoo, situadas en la pared lateral. En ellas se apilan frutos maduros. (© SOTOOKIKAKU)
Conjunto de esculturas de Sotoo, situadas en la pared lateral. En ellas se apilan frutos maduros. (© SOTOOKIKAKU)

“Sin hojas, los frutos no crecen. Los japoneses aprendieron esto de la naturaleza y lo arraigaron en su cultura. Creo que la visión de la naturaleza de Gaudí, que llegó a esa misma respuesta observando la naturaleza, y la de los japoneses se asemejan mucho”.

“Hasta entonces, la Sagrada Familia daba la impresión de ser una ruina ennegrecida y olvidada. Sin embargo, si hay frutos, hay que darles color. Expresé el contraste entre el mundo terrenal monocromo en el que habitan los humanos y un cielo de colores vivos”.

Conservar la “mirada” de foráneo

Aunque lleva casi medio siglo radicado en España, sigue siendo un “foráneo” de manera consciente.

“Quien descubre la belleza de un lugar es siempre el extranjero. La gente local se acostumbra y no se da cuenta. Precisamente por eso, considero que mi trabajo consiste en afrontar la Sagrada Familia conservando esa mirada de foráneo”.

Ríe al decir que durante 35 años estuvo en un “periodo de prueba”. Con renovaciones de contrato anuales, “nunca sabía qué iba a pasar en el futuro. Ni siquiera tenía la certeza de si cobraría el sueldo al mes siguiente”. Aun así, se esforzó al máximo cada día en lo que estaba a su alcance y fue acumulando logros. Su nombramiento oficial como director del taller de arte tuvo lugar en 2012.

En los más de 140 años de construcción, el mayor punto de inflexión fueron los Juegos Olímpicos de Barcelona, celebrados en 1992. La atención del mundo hacia la Sagrada Familia aumentó, creció el número de turistas y los fondos pasaron a ser abundantes. Si bien en la década de 1980 ya se había empezado a utilizar hormigón, también se introdujeron nuevas tecnologías y se avanzó en la reducción de los plazos de construcción.

(© Hanai Tomoko)
(© Hanai Tomoko)

Por otro lado, Sotoo ha continuado esculpiendo piedra sin descanso. Teme que, si la finalización en sí misma se convierte en el objetivo, se pierda la esencia. Al mismo tiempo, afirma: “Nosotros estamos construyendo una iglesia, no estamos creando una obra de arte. No debemos olvidar eso”.

Crear una herramienta y no arte

Sotoo también trabajó en el Duomo (catedral) de Florencia (Italia). Durante 700 años, el altar del Duomo no había contado con un púlpito oficial. Tras un concurso que se prolongó durante siete años, Sotoo resultó elegido.

“Los escultores que competían intentaban instalar su propio arte, pero yo me dediqué única y exclusivamente a crear una herramienta para la misa. Creo que eso fue lo que se valoró”.

Con la finalización de la torre de Jesucristo, de 172,5 metros de altura, la Sagrada Familia se ha convertido en la iglesia más alta del mundo. En adelante, avanzará la construcción de la fachada de la Gloria. Aunque la atención suele centrarse en cuándo se terminará todo, Sotoo asegura con rotundidad que, en el verdadero sentido de la palabra, “nunca se completará”.

Una imagen cercana de la Sagrada Familia. En el centro se ve la Torre de Jesucristo. Junio de 2026. (© AFP/Jiji)
Una imagen cercana de la Sagrada Familia. En el centro se ve la Torre de Jesucristo. Junio de 2026. (© AFP/Jiji)

“Porque no estamos creando una obra de arte, sino una herramienta para ir formando el corazón humano. Si el ser humano estuviera ‘completado’, ya no harían falta herramientas. Solo entonces se podría decir que está ‘completada’. Sin embargo, siento que, por el contrario, el corazón humano se está desmoronando cada vez más”.

El ser humano comete errores una y otra vez. Dudar día a día y preguntarse en el fondo del corazón si uno actúa correctamente: Sotoo cree firmemente que esa es la voluntad que Gaudí confió a la Sagrada Familia.

(© Hanai Tomoko)
(© Hanai Tomoko)

Departamento editorial de nippon.com: Itakura Kimie, Sugiyama Riri, Daniel Rubio.

Imagen del encabezado: Sotoo Etsurō, escultor en la Sagrada Familia. Agosto de 2026, Tokio. (© Hanai Tomoko)

(Traducido al español del original en japonés.)

(*1) ^ También puede hacer referencia a la waka (poesía tradicional japonesa). En el prefacio de la antología Kokin Wakashū se explica que “teniendo el corazón como semilla, lo que brota en forma de hojas es la kotonoha (= poema)”.

arte Barcelona Arquitectura Sagrada Familia