Panorama ¡Vamos al festival de Japón!
El festival de Gion y la hospitalidad de los comerciantes de Kioto
[17.10.2013] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Kioto se engalana durante todo el mes de julio con motivo del festival de Gion. Las celebraciones que concentran a un mayor público son las del yoiyama, que tienen lugar entre los días 14 y 16, y el desfile de carrozas yamahoko, que se celebra el 17. Se trata de uno de los mayores festivales del verano en Japón, celebrado desde hace años gracias a la disposición y la hospitalidad de los comerciantes de la ciudad, que incluso encargaban materiales de otros países para la decoración.

Imágenes de la calle Shijō durante las celebraciones del yoiyama, que tienen lugar cada 16 de julio. Al caer la tarde, los farolillos komagata comienzan a iluminar la zona. Turistas de todo el mundo se desplazan hasta Kioto para ser testigos de lo que ocurre durante el festival.

Música para amenizar el festival

La música es un elemento fundamental durante el festival de Gion. De hecho, los sonidos característicos de esta celebración se escuchan no sólo en el distrito que da nombre a la festividad, sino también en el resto de la ciudad de Kioto, gracias a la labor de los músicos que interpretan el ohayashi, denominación con la que se conoce a las piezas que amenizan esta ocasión. Además, se puede disfrutar de las canciones infantiles que entonan los niños que pasean vendiendo chimaki, unos pasteles tradicionales japoneses elaborados con arroz que se sirven envueltos en hojas de bambú. Todo esto sucede en las noches del 14, el 15 y el 16 de julio, durante las celebraciones del yoiyoiyoiyama, el yoiyoiyama y el yoiyama, respectivamente.

Músicos tocando ohayashi en una carroza yamahoko durante el festival, ocasión para la que ensayan durante mucho tiempo.

Durante el festival de Gion, la calle Shijō, que alberga la principal zona comercial de Kioto, cambia completamente de aspecto: en ella, se pueden ver expuestos numerosos elementos decorativos característicos de esta festividad; por ejemplo, carrozas con decoraciones magníficas, empezando por las denominadas naginatahoko, que pueden presumir de sus 25 metros de altura. Por otra parte, están también las carrozas yamahoko, que se exhiben en las calles Muromachi y Shinmachi, dos importantes vías que atraviesan la ciudad de norte a sur; en los alrededores se venden, además, artículos que demuestran la inventiva de los comerciantes de las distintas zonas de la ciudad.

A la izquierda, la calle Shinmachi en todo su apogeo durante el festival. Al fondo, se observa la carroza Minami Kannonyama. A la derecha, un puesto en el que se venden toallas, paipáis y amuletos, entre otros artículos. Los productos difieren en cada zona de la ciudad.

Al caer la tarde, comienzan a encender los farolillos komagata, que adornan las carrozas yamahoko. Las calles Shijō y Karasuma, exclusivamente peatonales durante el festival, se llenan de personas ataviadas con yukatas, kimonos de algodón que se utilizan en verano, especialmente en este tipo de fiestas. A las diez de la noche, se realiza una oración para pedir que haga buen tiempo; posteriormente, los músicos comienzan a desfilar interpretando piezas de acompañamiento denominadas hiyorikagura. Los espectadores deambulan mientras escuchan la música entremezclada de los distintos grupos de ohayashi.

Músicos que se dirigen al lugar de la calle Shijō donde se depositarán temporalmente los mikoshi. Regresan al sitio del que han salido pasada la medianoche.

El desfile yamahoko quita la respiración al público

El día 17, las calles que la noche anterior estaban llenas de puestos amanecen prácticamente vacías, y reina la tranquilidad. Pronto dará comienzo el desfile yamahoko.

La carroza Kita Kannonyama avanza por la calle Shinmachi. Vemos de blanco a los hikite, los encargados de arrastrarla, y de azul a la persona que dirige la carroza. Esta estructura tiene más de 20 metros de altura, así que sobre el techo va también alguien para controlar que no haya problemas con los cables eléctricos.

Las carrozas del festival de Gion se dividen en dos clases principales: yama y hoko, conocidas conjuntamente como yamahoko. Las primeras carecen de techo y están adornadas con muñecos de esmerada fabricación. Las segundas sí disponen de una cubierta, cuentan con ruedas y son de gran tamaño. Además, bajo el tejado está instalada una plataforma sobre la que los músicos interpretan sus piezas mientras toda la estructura avanza. Existen también carrozas como la Kita Kannonyama, que es del tipo yama, pero se asemeja a una hoko: presenta techo y ruedas.

Las carrozas del tipo yama están adornadas con muñecos. A la izquierda, la carroza Kakkyoyama, del tipo yama. En el centro, la carroza Hokahoko, del tipo hoko. Subidas en ellas vemos a dos personas encargadas de liderar, con su voz y un abanico en la mano, a los que tiran de la estructura. A la derecha, la carroza Funehoko, también del tipo hoko, con forma de barco (fune en japonés).

 

Las carrozas avanzan por la calle Shijō.

Las 33 carrozas que participan en el desfile avanzan una tras otra lentamente, al ritmo que marca el ohayashi. Lo más sorprendente es ver cómo unas estructuras de tal tamaño giran al toparse con una esquina, ya que no cuentan con ningún timón o volante. Para realizar la maniobra, colocan bambú cortado bajo las ruedas y hacen que estas se deslicen y giren así 90°. En el momento preciso, la persona encargada de liderar la carroza da la voz para que todo el mundo se mueva al unísono, y el público se queda sin respiración ante tal muestra de fuerza. Esta técnica se conoce como tsujimawashi, y marca el punto culminante del festival de Gion.

Las carrozas del tipo yama están adornadas con muñecos. A la izquierda, la carroza Kakkyoyama, del tipo yama. En el centro, la carroza Hokahoko, del tipo hoko. Subidas en ellas vemos a dos personas encargadas de liderar, con su voz y un abanico en la mano, a los que tiran de la estructura. A la derecha, la carroza Funehoko, también del tipo hoko, con forma de barco (fune en japonés).

 

La carroza Kita Kannonyama gira mediante la técnica del tsujimawashi.

 

Chica ataviada con un yukata que anima el paso de las carrozas.

Los orígenes del festival: evitar las plagas y los desastres naturales

El festival de Gion está considerado como uno de los más representativos del verano en Japón. Su historia se remonta a hace unos 1.100 años, cuando Kioto era todavía capital del país. En aquel entonces, muchas personas perdían la vida durante la época estival a consecuencia de las plagas. Al llegar la temporada de lluvias, el río Kamo se desbordaba prácticamente cada año; el agua afluía por toda la ciudad y acababa convirtiéndose en foco de epidemias.

La capital no fue el único lugar del país azotado por desastres naturales. En el año 869 ocurrió el terremoto de Jōgan, cuyo epicentro se situó en las aguas de Sanriku, en la región de Tōhoku. El temblor, de una magnitud superior a los 8,4 grados en la escala de Richter, desató un maremoto comparable al de 2011. Además, los volcanes Fuji y Aso entraron en erupción sucesivamente. La gente consideraba que estos acontecimientos eran una maldición de aquellos que habían sufrido una muerte repentina. Por ello, había que apaciguar a todos los espíritus vengativos de Japón, y así fue como empezó a celebrarse en el santuario sintoísta de Gion (denominado ahora santuario sintoísta de Yakasa) el goryōe, una ceremonia que daría origen al actual festival de Gion.

“Los verdaderos protagonistas del festival de Gion son los tres mikoshi; esto es, santuarios portátiles, del templo sintoísta de Yakasa. Durante el festival shinkō, que tiene lugar cada 17 de julio, se transporta en los mikoshi a tres de los principales dioses sintoístas, Sunanō no Mikoto entre ellos, hasta un lugar en el que se los venera temporalmente, denominado otabisho. El día 24, durante el festival kankō, se realiza una procesión de vuelta a su lugar de origen. Con estas dos celebraciones, nos libramos de las impurezas y rezamos para evitar las plagas”, explica Yoshida Kōjirō, presidente de la Asociación Yamahoko.

Antiguamente, se llevaban a cabo también otros dos festivales: el sakinomatsuri, que tenía lugar antes del shinkō y se realizaba para recibir a los dioses, y el atonomatsuri, una celebración de agradecimiento posterior al kankō. En la actualidad perdura solamente el primero de ellos.

A la izquierda, comienza en el escenario (maidono) del santuario sintoísta de Yasaka la procesión del mikoshi que transporta al dios Sunanō no Mikoto. A la derecha, el alcalde de Kioto da un discurso ante los tres mikoshi.

Carrozas yamahoko, un orgullo de los comerciantes de Kioto

El desfile yamahoko, que comenzó como una parte secundaria del festival de Gion, es ahora uno de sus principales atractivos gracias a la labor de los comerciantes de Kioto. En el período Muromachi (1336-1573), la ciudad volvió a adquirir el estatus de capital de Japón, y los vendedores de sake y los prestamistas se involucraron en la realización de los festejos; fue entonces cuando los fieles de las distintas zonas empezaron a hacer desfilar sus carrozas de los tipos yama y hoko. Kioto quedó reducida a cenizas por la Guerra de Ōnin (1467-1477), que se originó en medio de las disputas por la sucesión durante el Shogunato Ashikaga, y el festival dejó de celebrarse durante un tiempo, pero los comerciantes dirigieron los esfuerzos hacia su recuperación. Desde entonces, el festival de Gion se fue convirtiendo en una fiesta de los propios mercaderes.

Entre los períodos Azuchi-Momoyama (1573-1603) y Edo (1603-1868), los intercambios comerciales con otros países florecieron, y con ellos las carrozas yamahoko. Según Ishikawa Takashi, presidente de la asociación que se encarga de la carroza Kita Kannonyama, “nuestra carroza es la mejor; competía en brillantez desde entonces”.

“Muchos comerciantes de Kioto eran ahorradores y llevaban una vida austera, pero parece que nunca les faltaba dinero para el festival. Aquí, en Rokkakucho, estaban afincadas familias acaudaladas de mercaderes como los Mitsui y los Matsuzakaya, que también contribuían económicamente a la elaboración de las carrozas y encargaban telas de lugares lejanos como el Tíbet o Persia; los adornos eran pomposos. Para la gente de aquella época se trataba de objetos de valor excepcionales. Los comerciantes invitaban al festival de Gion a personas que tenían atenciones con ellos en el día a día; era su manera de mostrarles su hospitalidad”, afirma Ishikawa.

Las carrozas se decoran con objetos de valor.

Los comerciantes de cierto poder se hacían con artículos de valor de todo el mundo y decoraban las carrozas como si fuera una competición para ver quién tenía más recursos. Esta es precisamente la razón por la que se las denomina “museos ambulantes”. Además, son algo de lo que la gente de Kioto puede sentirse orgullosa, y tienen la capacidad de hacer que muchas personas se desplacen a la ciudad para verlas

En la actualidad, se celebran en todo el territorio japonés festivales en los que se reza para pedir que no haya plagas. Algunos de ellos son el festival Hakata Gion Yamakasa, en la ciudad de Fukuoka, el festival de Takayama, en la homónima ciudad de la prefectura de Gifu, y el festival de Mikurumayama, en Takaoka, prefectura de Toyama. Todos ellos destacan por sus peculiares carrozas.

La hospitalidad de Kioto, perceptible en el festival del Gion

El byōbumatsuri (el festival de los biombos) es también una excelente muestra de la hospitalidad de los comerciantes de Kioto. Durante la celebración del yoiyama, los comerciantes de Yamahokocho abrían las puertas de sus almacenes a familiares y conocidos para que pudieran admirar los biombos y otras obras de arte que atesoraban en ellos. La costumbre continúa a día de hoy, pero ahora el público en general puede admirarlos también.

A la izquierda, biombos expuestos al público en una casa de comerciantes de Kita Kannonyama. A la derecha, un grupo de personas disfruta del festival de los biombos.

“La celebración del yoiyama que tiene lugar durante el festival de Gion permite a la gente de Kioto recibir a los visitantes y exhibir al público cosas que por norma general no muestran”, explica Ishikawa.

Hay aspectos de la ciudad de Kioto que sólo pueden percibirse durante la celebración del festival de Gion, que no sería posible sin la hospitalidad de sus comerciantes.

Imágenes de Nakano Haruo.

(Traducción al español del original japonés)

  • [17.10.2013]
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