Tres grandes festivales de Japón

Tres grandes festivales del cultivo del arroz en Japón

Cultura Vida

En esta serie seleccionamos los tres festivales más destacados de cada categoría de entre los incontables matsuri que se celebran por todo Japón. En esta ocasión presentamos ceremonias llenas de colorido regional en las que se venera al dios del arrozal para pedir una buena cosecha.

Creencias sobre el cultivo de arroz arraigadas en Japón

Para los japoneses, que se dedican al cultivo del arroz desde hace más de dos mil años, este no es solo el alimento más básico, sino también una presencia sagrada. Se cree que, durante la temporada de siembra, los dioses descienden y el arroz mismo alberga su espíritu. En las zonas rurales, desde la labranza (remover la tierra antes de la siembra a principios de primavera) hasta la cosecha de otoño, se celebran rituales en cada hito del año para complacer al dios del arrozal, y que infunda vitalidad al arroz. En los santuarios se planta arroz en campos sagrados y, al llegar la cosecha de otoño, se ofrece una parte a los dioses.

Desde el final del Año Nuevo menor, cuando aún no se vislumbran los primeros indicios de la primavera, hay regiones en las que se presentan en los santuarios los “juegos del arrozal”. Se trata de espectáculos en los que se ritualizan las tareas del cultivo del arroz, desde el arado, llamado shirokaki, en el que se remueve y alisa la tierra del arrozal, hasta la siembra, el trasplante, la cosecha y el apilamiento de las gavillas. Se trata de una especie de conjuro llamado yoshuku; al celebrar por adelantado la abundancia de la cosecha, se garantiza su realización.

De norte a sur del archipiélago japonés se celebran diversos festivales relacionados con el cultivo del arroz, a lo largo de las estaciones. De entre ellos queremos presentar tres que destacan especialmente por su carácter local.

Hachinohe Enburi, Aomori

(Ciudad de Hachinohe, del 17 al 20 de febrero)

Uno de los momentos más destacados es el issei zuri (“arrastre colectivo”), en el que todos los participantes se reúnen el primer día y bailan agitando borlas de cinco colores, que cuelgan como una especie de flequillo.
Uno de los momentos más destacados es el issei zuri (“arrastre colectivo”), en el que todos los participantes se reúnen el primer día y bailan agitando borlas de cinco colores, que cuelgan como una especie de flequillo.

En la ciudad de Hachinohe, situada en la costa del Pacífico de la prefectura de Aomori, en el extremo norte de Honshū, el suelo permanece helado durante el invierno. Cuando llega febrero, los lugareños celebran el festival llamado Enburi para despertar al dios del arrozal, que ha pasado el invierno en letargo, y le piden una cosecha abundante de arroz para ese año.

Izquierda: los participantes hacen sonar una vara con un aro metálico. Derecha: sombrero eboshi, con forma de cabeza de caballo, que presenta motivos auspiciosos como Ebisu (el dios de la pesca y la suerte) o Daikokuten (dios de los cocineros, granjeros y banqueros).
Izquierda: los participantes hacen sonar una vara con un aro metálico. Derecha: sombrero eboshi, con forma de cabeza de caballo, que presenta motivos auspiciosos como Ebisu (el dios de la pesca y la suerte) o Daikokuten (dios de los cocineros, granjeros y banqueros).

El nombre del festival proviene del eburi, una herramienta agrícola en forma de T con un mango largo y una tabla transversal en el extremo, que se utiliza para allanar los arrozales. La danza que se representa se llama suri, y se caracteriza por movimientos con los que se golpea el suelo con un palo que imita esta herramienta. Al golpear y pisotear la tierra helada, se despierta al dios del arrozal y se invoca la llegada de la primavera. El sombrero que llevan los bailarines está adornado con flecos de cinco colores, y se dice que, al bailar agitándolos, los dioses acuden para morar en ellos.

La inauguración tiene lugar con las ofrendas del Enburi en el santuario de Shinra, situado en la cima del monte Chōja.
La inauguración tiene lugar con las ofrendas del Enburi en el santuario de Shinra, situado en la cima del monte Chōja.

El festival se celebra durante cuatro días a partir del 17 de febrero, y más de treinta grupos interpretarán el suri en distintos puntos de la ciudad. A medianoche del primer día, tras la primera actuación en el santuario Chōjasan Shinra, situado en el centro de Hachinohe, se realiza una ofrenda a primera hora de la mañana y todos los participantes desfilan por la ciudad. En particular, el issei zuri que tiene lugar en la avenida principal del barrio de Jūsanmachi, en el centro de la ciudad, es realmente espectacular.

A partir de entonces se celebran actuaciones diarias en distintos lugares: frente al ayuntamiento, en la plaza del lugar histórico de Nejō, en los jardines de la mansión Kōjōkaku, declarada Bien Cultural Material de Japón... El Kagari-bi Enburi, que tiene lugar después del anochecer, también posee un gran encanto, por lo que, dado que se puede disfrutar tanto de día como de noche, recomendamos consultar el horario y no perdérselo.

Unos niños maquillados realizan un número artístico. La dotera de vivos colores que llevan puesta es una prenda de abrigo típica de las regiones nevadas.
Unos niños maquillados realizan un número artístico. La dotera de vivos colores que llevan puesta es una prenda de abrigo típica de las regiones nevadas.

También hacen una hábil demostración de las técnicas de la “cortina de bolas”.
También hacen una hábil demostración de las técnicas de la “cortina de bolas”.

Otro de los puntos destacados son las actuaciones de los niños, que tienen lugar entre las representaciones del Enburi-zuri: interpretan danzas que imitan la siembra y la plantación del arroz, o simulan pescar una dorada. Se ofrece a los espectadores amazake (sake dulce) y una sopa de senbei, especialidad local; todo se envuelve en un ambiente festivo, como si ya se hubiera asegurado la buena cosecha.

El primer día del festival no hay clases en las escuelas, y participan muchos niños.
El primer día del festival no hay clases en las escuelas, y participan muchos niños.

Taro-Taro Matsuri, Kagoshima

(Ciudad de Ichiki-Kushikino, el domingo más cercano al 4 de febrero del calendario lunar.)

Un momento humorístico del espectáculo.
Un momento humorístico del espectáculo.

La zona de Hashima, situada en el extremo sur de Kyūshū y al oeste de la prefectura de Kagoshima, es una localidad rodeada de montañas y mar. Cuando comienzan a aparecer los primeros indicios de la primavera se celebra el Taro-Taro Matsuri, en el santuario de Hashimazaki, para pedir una buena cosecha y una buena pesca.

El Funamochi es una ceremonia de celebración anticipada, y también un rito de iniciación para los más pequeños.
El Funamochi es una ceremonia de celebración anticipada, y también un rito de iniciación para los más pequeños.

En la primera parte del festival, el Funamochi, el recinto del santuario se adorna para representar el mar, y por él navegan maquetas de barcos de unos 50 centímetros. Los niños que cumplen cinco años según el calendario tradicional recorren con sus padres el recinto, barco en mano, seguidos por un grupo de hombres vestidos con chaqueta haori, con cresta heráldica, que entonan canciones marineras. Se trata de un ritual en el que se reza por una buena pesca; en él también se celebra que los niños pequeños se hayan convertido en miembros de la comunidad.

Tarō (a la izquierda), el protagonista de la “siembra”, con su padre. Utilizan ramas de árbol a modo de aperos de labranza.
Tarō (a la izquierda), el protagonista de la “siembra”, con su padre. Utilizan ramas de árbol a modo de aperos de labranza.

El Tauchi, una ceremonia para pedir una buena cosecha, es otro espectáculo aún más digno de ver. Primero aparecen Tarō y su padre, Techo, representados por un padre y un hijo campesinos, ataviados con capotes y sombreros de paja, que entablan un diálogo cómico improvisado. Con su diálogo van pronosticando cómo será la cosecha de arroz de este año, pero su dialecto es tan cerrado que ni siquiera los espectadores de los alrededores lo entienden, por lo que el contenido resulta totalmente incomprensible. Aun así, animados por las risas de los aldeanos, el recinto se va llenando de un ambiente alegre.

Un toro salvaje pone en aprietos a Tarō. En la máscara figura la inscripción “An’ei 10 (1781)”, lo que da testimonio de la antigüedad del festival.
Un toro salvaje pone en aprietos a Tarō. En la máscara figura la inscripción “An’ei 10 (1781)”, lo que da testimonio de la antigüedad del festival.

A continuación aparece una vaca; padre e hijo intentan llevársela, pero el animal no obedece: trata de huir, o se sienta en el suelo. Al parecer, el guion consiste en que, mientras la tranquilizan como pueden, la llevan de un lado a otro para nivelar el arrozal. Una vez que la vaca ha allanado el arrozal, el hijo, en el papel de una joven saotome, plantadora de arroz, simula sembrar las plántulas. El festival llega a su fin cuando se coloca una piedra para detener el agua.

Simulacro de la siembra de arroz con ramitas de pino atadas a modo de plántulas de arroz.
Simulacro de la siembra de arroz con ramitas de pino atadas a modo de plántulas de arroz.

Después, se celebra una fiesta en la casa del niño de cinco años que haya participado en el festival, lo que contribuye a reforzar aún más el espíritu de comunidad.

En la zona de Hashima se pueden ver por todas partes estatuas de piedra, representación del dios del arrozal. Se dice que, al entretenerlo con este ritual Tauchi, el dios vela por el crecimiento del arroz. Es una celebración muy sencilla y, aunque no se entiendan las palabras, el visitante tiene la sensación de estar en contacto con las raíces de las fiestas populares japonesas.

El dios del arrozal protege el crecimiento del arroz y de los niños.
El dios del arrozal protege el crecimiento del arroz y de los niños.

Mibu no Hanataue, Hiroshima

(Kitahiroshima-chō, primer domingo de junio)

Las jóvenes saotome plantan el arroz y rinden culto al dios del arrozal.
Las jóvenes saotome plantan el arroz y rinden culto al dios del arrozal.

Cuando se inundan los arrozales entre la primavera y el comienzo del verano, comienzan las fiestas de la siembra del arroz por todo Japón. El Hanataue del distrito de Mibu, en la localidad de Kitahiroshima, al noroeste de la prefectura de Hiroshima, cuenta con más de cien participantes y es una de las de mayor envergadura.

Recreación del arado shirokaki con bueyes.
Recreación del arado shirokaki con bueyes.

Desde primera hora de la mañana desfilan por el pueblo numerosas vacas, adornadas con telas bordadas en oro y plata y con banderines al viento. Al llegar a los arrozales, hacia el mediodía, se dedican con afán a arar la tierra. Una vez las vacas se han retirado, los hombres hacen sonar música festiva con tambores grandes y pequeños, flautas y címbalos. Es el comienzo de un espectáculo rural que tiñe de colorido este tranquilo pueblo.

Las saotome llevan un sombrero de junco y un kimono teñido de intenso azul marino.
Las saotome llevan un sombrero de junco y un kimono teñido de intenso azul marino.

Las protagonistas de la plantación de arroz son las saotome, plantadoras de arroz. Se colocan en fila, entonan canciones de bienvenida al dios del arrozal al compás de la música y van colocando los plantones de uno en uno.

Se cree que las canciones de la siembra de Mibu surgieron en la Edad Media. La tonada ayuda a sincronizar el ritmo del trabajo y hace que las tareas pesadas resulten un poco más llevaderas. Se dice que existen cientos de letras diferentes, por lo que, aunque se trabaje desde el amanecer hasta el atardecer, nunca se repite la misma canción.

Los sanbai-san entonan las canciones de la siembra del arroz.
Los sanbai-san entonan las canciones de la siembra del arroz.

Delante de las saotome y los músicos, al frente de la procesión, se encuentran los sanbai-san, considerados la encarnación del dios del arrozal. Tocan el sasara, un instrumento de bambú, y coordinan de modo magistral la interpretación conjunta de todo el grupo.

En esta región, durante el periodo Edo, se celebraba el Ootaue (“gran plantación de arroz”), en el que participaban muchas más personas que en la actualidad y que se prolongaba durante largas horas. Aunque cayó en desuso en la era moderna, resurgió tras la Guerra como el fastuoso Hanataue y, en 2011, fue inscrito en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Esta tradición de principios de verano, que embellece el campo, transmite hasta nuestros días el paisaje original de Japón, donde el yui (trabajo comunitario) en el cultivo del arroz constituía la base de la sociedad.

Imágenes de un evento de 1954 captadas por el fotógrafo folclórico Haga Hideo. En aquella época, el evento reunía a más de 200 personas.
Imágenes de un evento de 1954 captadas por el fotógrafo folclórico Haga Hideo. En aquella época, el evento reunía a más de 200 personas.

(En el artículo se muestran las fechas previstas para el calendario de este año.)

Fotografías: Archivo Haga.

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