Té, fe y jardinería: ‘Las camelias y la cultura japonesa’
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Flores japonesas introducidas en Europa
La importancia de las camelias (tsubaki) en la cultura japonesa se remonta a sus orígenes. Como explica Sawada Yōko en su nuevo libro Tsubaki to Nihon bunka (Las camelias y la cultura japonesa), la palabra aparece en el Kojiki, la crónica histórica más antigua de Japón, así como en el Man’yōshū, su colección de poesía más antigua, que data de la segunda mitad del siglo VII. En Genji monogatari (Historia de Genji), escrita a principios del siglo XI, un capítulo menciona unos dulces conocidos como tsubai-mochi. Este manjar, elaborado colocando un relleno de arroz glutinoso entre dos hojas de camelia, ha sido descrito como el primer wagashi, o dulce japonés. Todavía hoy se sirve en las tiendas tradicionales de wagashi en febrero, para marcar la llegada de la primavera según el calendario tradicional.
Las camelias he hallan ampliamente distribuidas por Asia y se encuentran en China y Vietnam, así como en todo Japón, donde se reconocen cuatro especies distintas: yabu-tsubaki, yuki-tsubaki, sazanka y hime-sazanka.
La yabu-tsubaki silvestre, con sus flores rojas y pétalos simples que no se superponen, crece de forma natural en todo Japón. Las camelias también son una vista habitual en los recintos de templos y santuarios. A través de la hibridación, la mutación espontánea y la cría selectiva, se han convertido en una de las especies hortícolas japonesas más conocidas. Las flores van desde las de flor doble hasta la variedad sen’e-zaki (de mil pétalos), similar a la rosa, con sus pétalos en capas. Los colores son igualmente diversos, incluyendo el carmesí intenso, el blanco, diversos tonos de rosa y amarillo, y patrones abigarrados.

Camelias en la nieve en el En’yūji, un templo de Tokio fundado en 853, fotografiado en febrero de 2026. (© Izumi Nobumichi)
Cuando el shogunato de Edo llegó al poder a principios del siglo XVII, se inició una era de paz que duró más de 250 años. Los tres primeros shogunes Tokugawa, Ieyasu, Hidetada e Iemitsu, eran todos amantes de las flores. En la pacífica sociedad de la época, el entusiasmo por las flores se extendió por todos los estratos sociales, con las camelias a la vanguardia de la tendencia. Libros de jardinería como Hyakuchinshū (Colección de cien camelias) y Chinka zufu (Compendio ilustrado de flores de camelia) gozaron de gran popularidad, lo que inspiró a los aficionados a desarrollar variedades cada vez más espléndidas y ejemplares inusuales.
Estas variedades fueron muy apreciadas cuando se introdujeron en Europa, donde la camelia pasó a conocerse como la “rosa de invierno” y la “rosa de Oriente”. A partir de la era Meiji (1868-1912), el entusiasmo por estas flores se extendió también a Estados Unidos. Hoy en día se cultivan, según se dice, más de 2.000 variedades japonesas.
Simbolismo y creencias
La autora, Sawada Yōko, tiene una trayectoria poco común. Nacida en la prefectura de Aichi en 1949, fue durante muchos años profesora de artes tradicionales como la ceremonia del té, el arte floral (ikebana) y la caligrafía. Sin embargo, desde su infancia siempre había sentido una especial predilección por las camelias, por lo que finalmente decidió estudiarlas en mayor profundidad. Cerró su escuela y se matriculó en el programa de posgrado de la Universidad Aichi Gakuin. En 2023, obtuvo un doctorado en literatura con una tesis sobre el simbolismo y las creencias asociadas a las camelias.
Basándose en esa tesis, este libro recopila su investigación sobre la cultura y las creencias japonesas relacionadas con las camelias. Lo que la llevó a estudiar estas flores fue una pregunta sobre su curiosa dualidad: aunque las camelias se han apreciado durante mucho tiempo como heraldos de la primavera, también se consideran de mal agüero en muchos contextos.
Cuando las flores de camelia llegan al final de su floración, los pétalos no caen uno a uno. En su lugar, la flor entera cae al suelo. A menudo se ha dicho que esto evoca la imagen de una cabeza cortada, lo que dio lugar a asociaciones de mal agüero. La autora recuerda sus propias experiencias de la siguiente manera:
Cuando comencé a estudiar la ceremonia del té y el ikebana, sentí una belleza inexpresable en las camelias colocadas en la sala de té, y en las grandes flores que se utilizaban para realzar el mizugiwa (la parte de la planta que sobresale del agua en el jarrón) en los arreglos formales rikka. Al mismo tiempo, sin embargo, siempre me decían que las flores completamente abiertas no debían utilizarse como flores de té, y que nunca se debían llevar camelias al visitar a alguien en el hospital. A partir de entonces, cada vez que colocaba camelias en una sala de té o las utilizaba en un arreglo de ikebana, me preguntaba qué podía explicar las connotaciones de mal augurio que se habían asociado a estas hermosas flores.
La transformación de la ceremonia del té
La clásica sencillez de la sala utilizada para la ceremonia del té se remonta a las ideas formuladas por Sen no Rikyū (1522-1591), el gran maestro que llevó el arte del té a su madurez. Las camelias desempeñan un papel importante en la ceremonia del té, ya que son las flores principales utilizadas para decorar la sala de té desde el invierno hasta la primavera.
En el periodo Muromachi (1333-1568), cuando se desarrolló por primera vez la ceremonia del té, se utilizaban flores de camelia completamente abiertas. Hoy en día, sin embargo, las flores deben estar aún en capullo. Tras haberse preguntado sobre esto durante muchos años, la autora se propuso investigar la cuestión examinando ilustraciones de flores de té y otros materiales visuales en orden cronológico. Como resultado de esta investigación, pudo demostrar que las camelias completamente abiertas eran la norma hasta el periodo Edo (1603-1868), y que el cambio a las flores en capullo tuvo lugar en los años posteriores a la Restauración Meiji.
En la sociedad samurái, la ceremonia del té constituía una actividad refinada y un indicador de refinamiento cultural. La Restauración Meiji de 1868 supuso un punto de inflexión. Con la caída de los samuráis, la ceremonia del té sufrió una transformación radical y se convirtió en una especie de arte femenino orientado a la etiqueta, practicado por las mujeres como método de formación en esa etiqueta. La autora analiza este cambio de la siguiente manera.
Tras la Restauración Meiji, en la ceremonia del té solo se utilizaban capullos de camelia. Esto reflejaba los cambios que se estaban produciendo en la educación de las mujeres bajo la influencia de las ideas confucianas introducidas a raíz de la Restauración, así como un creciente énfasis en la modestia y la moderación en la ceremonia del té.
Visitas a los 43 santuarios de la camelia de Japón
Otra característica del libro es su enfoque en las camelias y las creencias, respaldado por un extenso trabajo de campo y el análisis de un impresionante corpus de materiales recopilados.
Según la autora, existen 43 santuarios sintoístas, repartidos desde el noreste de Honshū hasta el sur de Kyūshū, que incluyen la palabra “camelia” en su nombre, escrita bien con el carácter habitual 椿, bien con otros caracteres que transcriben fonéticamente “tsubaki”. Entre los años 2000 y 2024, la autora visitó cada uno de estos “santuarios de la camelia” para investigar su historia y su ubicación geográfica.
El libro ofrece una explicación detallada de cada santuario, acompañada de fotografías. En el caso del santuario Tsubaki Ōkami Yashiro, en Suzuka (prefectura de Mie), por ejemplo, la autora señala que actualmente es el segundo más popular, solo por detrás del famoso Santuario de Ise. Una camelia sagrada se erige frente a la sala principal, mientras que unas 5.000 camelias crecen en la ladera situada detrás del santuario. El libro incluye una tabla exhaustiva en la que se enumeran los 43 santuarios, con detalles que incluyen su nombre (junto con sus orígenes), ubicación, fecha de fundación, deidades principales y la fecha de la visita de la autora. Se trata de una obra realizada con gran dedicación y un impresionante intento de sentar las bases de un nuevo campo de estudios sobre la camelia.
Una dualidad cultural
El erudito y autor Okakura Tenshin (también conocido como Okakura Kakuzō) desempeñó un papel fundamental en el desarrollo del arte japonés moderno y contribuyó a darlo a conocer a nivel mundial. En El libro del té, publicado en Nueva York en 1906, Okakura ofreció dos ejemplos representativos de flores del té: una camelia en capullo a finales del invierno y un solo lirio en verano. Escribió: “En la alegría o en la tristeza, las flores son nuestras amigas constantes... Nos casamos y bautizamos con flores. No nos atrevemos a morir sin ellas”.
El autor señala que las camelias presentan una curiosa dualidad cultural: hay algo en ellas “que resulta ligeramente inquietante y, sin embargo, poseen un encanto misterioso”. Además de ser aclamadas como la “reina de las flores del té”, las camelias se asocian en la mente de muchos japoneses con lo sobrenatural. En Occidente, es el lirio el que ostenta el título de “reina de las flores”, apareciendo de forma destacada en mitos y leyendas, así como en la Biblia. El lirio tiene una dualidad similar, una complejidad explorada por la escritora estadounidense Marcia Reiss en su estudio cultural sobre el lirio, al que describe como una “flor de contradicciones”.
E incluso la hermosa rosa tiene sus espinas. Quizás en todos los lugares y en todas las épocas, nuestras flores favoritas siempre han simbolizado estas imágenes contrastantes de luz y sombra.
Tsubaki to Nihon bunka (Las camelias y la cultura japonesa)
Por Sawada Yōko
Publicado por Chiisagosha en 2026
ISBN: 978-4-909782-27-4
(Artículo publicado originalmente en japonés el 20 de febrero de 2026, y traducido de la versión en inglés. Imagen del encabezado: una camelia blanca. © Pixta.)
