Los encantos del verano en Japón

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El verano en Japón destaca por las altas temperaturas y la humedad, pero este clima es precisamente el que hace posible toda una serie de experiencias en el país. Estos son algunos de los elementos indispensables para disfrutar del estío nipón: los helados de hielo raspado, la sandía, los espectáculos pirotécnicos y los festivales de música son algunos de ellos.

El comienzo del verano: la temporada de lluvias

Según la Agencia de Meteorología de Japón, el verano empieza en junio y termina en agosto. En muchas zonas del país, en torno al primero de estos meses, la presencia de un frente de lluvias provoca precipitaciones durante largo tiempo; este fenómeno se denomina “temporada de lluvias” y dura aproximadamente un mes y medio. En esos días, la humedad oscila entre el 70 % y el 80 %. Tanto al comienzo como al final de dicha temporada, los telediarios suelen abrir informando de las regiones en las que ha empezado o terminado, según corresponda. La Asociación Japonesa para el Fomento de los Paraguas Occidentales estima que el total de paraguas que se compran en el archipiélago nipón a lo largo de un año asciende a cerca de 120 millones, el mayor dato del mundo.

El 7 de julio se celebra el Tanabata, uno de los cinco festivales principales de Japón que guardan relación con las estaciones. Una de las costumbres de esta festividad es escribir deseos en unas tiras de papel y colocarlas en un árbol de bambú; además, se puede ver a mucha gente —de todas las edades y sexos, tanto japoneses como turistas— ataviada con un yukata.   

En la temporada de lluvias, las hortensias florecen en todo su esplendor. Cuando se desea que haga buen tiempo, la noche anterior se cuelga en el alero de casa un teruteru bōzu, un muñeco elaborado con papel o un paño blanco.
En la temporada de lluvias, las hortensias florecen en todo su esplendor. Cuando se desea que haga buen tiempo, la noche anterior se cuelga en el alero de casa un teruteru bōzu, un muñeco elaborado con papel o un paño blanco.

Actividades para combatir el calor

El verano entendido como tal llega realmente cuando en las distintas regiones se anuncia el final de la temporada de lluvias. Es entonces cuando se puede hablar de “pleno verano”, con jornadas en las que las temperaturas superan los 30 ºC. Si el mercurio sube por encima de los 35 ºC, se considera que es un día de calor asfixiante, que en japonés se denomina “mōshobi”. El estío nipón se caracteriza por la alta humedad, lo que a su vez hace que la sensación térmica lo sea también. Sin embargo, en Hokkaidō, en la región septentrional de Japón, no hay temporada de lluvias ni tanta humedad.

En los últimos años, se han dado bastantes casos de golpes de calor en Japón, motivo por el cual es necesario protegerse con una sombrilla o un gorro y tomar mucha agua y sal cuando el calor aprieta. En las primeras horas de la mañana y por la tarde, es frecuente ver a gente regando los jardines o echando agua en el asfalto y a la puerta de los establecimientos; esta costumbre, denominada “uchimizu”, data de tiempos antiguos. Aunque originalmente es un rito sintoísta de purificación, se ha demostrado también que ayuda a bajar la temperatura de las zonas aledañas.

Uchimizu.
Uchimizu.

Por otra parte, el final de la temporada de lluvias da paso a la celebración de festivales de música al aire libre; los hay de rock, de reggae, de jazz... Algunos de los más concurridos son el Fuji Rock, que se celebra en la localidad de Yuzawa (prefectura de Niigata); el Summer Sonic, que tiene lugar de forma simultánea en Chiba y Osaka, y el Rock in Japan, en la ciudad de Hitachinaka (prefectura de Ibaraki). En ellos actúan músicos famosos de todo el mundo.

En las playas de Japón, se puede comer y beber en los distintos chiringuitos o quioscos, que abren por tiempo limitado. Además de bañarse, es posible bucear, hacer kayak y practicar la vela o el surf de pala o remo, entre otros deportes acuáticos. En la arena, hay quienes se divierten jugando a romper sandías o encendiendo fuegos artificiales.

Juego de romper sandías. Después de vendarle los ojos y darle varias vueltas, la persona encargada de romper la sandía tiene que intentar encontrarla y romperla.
Juego de romper sandías. Después de vendarle los ojos y darle varias vueltas, la persona encargada de romper la sandía tiene que intentar encontrarla y romperla.

Se estima que el 70 % del territorio japonés es boscoso. Consecuentemente, el verano es época de senderismo en Japón: desde principios de julio, se puede subir el monte Fuji, cuyos refugios y aseos de camino a la cima están disponibles hasta principios de septiembre. En 2017, lo subieron 285.000 personas.

Todos los años, a principios de agosto, se celebra en Japón el Campeonato Nacional de Béisbol de Institutos de Bachillerato. En esta competición se enfrentan los equipos de las 47 prefecturas del país que han pasado la fase clasificatoria, y tiene lugar en el campo de béisbol Kōshien (prefectura de Hyōgo), de ahí que también se lo conozca por este nombre. La edición de 2019 será la número 101. Al final de cada partido, el equipo ganador canta el himno de su instituto, mientras que los integrantes del conjunto perdedor suelen llevarse un montón de tierra del campo entre lágrimas.

Los jugadores del Instituto Internacional de Shimonoseki recogen tierra en el Kōshien tras perder en cuartos de final contra el equipo del Tercer Instituto de la Universidad Nihon (Jiji Press).
Los jugadores del Instituto Internacional de Shimonoseki recogen tierra en el Kōshien tras perder en cuartos de final contra el equipo del Tercer Instituto de la Universidad Nihon (Jiji Press).

Bendiciones de la madre naturaleza

Las vacaciones escolares de verano comienzan en torno a la misma época en que las cigarras empiezan a cantar. En Japón, existe una treintena de variedades de este insecto, y hay diversas onomatopeyas para hacer referencia a su canto; por ejemplo, las cigarras Hyalessa maculaticollis se denominan también “cigarras min-min”, en referencia al sonido que hacen. Las Graptopsaltria nigrofuscata emiten un sonido que en japonés se transcribe como “jijijijiji” y que evoca el ruido que hace el aceite cuando se fríe algo en él; son características de los días calurosos de verano. Cuando cae la tarde, se oye a las cigarras higurashi (Tanna janonensis), cuyo canto suena “kanakanakana”. Cuando cantan las cigarras tsukutsuku bōshi (Meimuna opalifera), se sabe que el otoño está a punto de llegar.

Con la humedad característica del verano japonés, llegan también los mosquitos. Una manera de ahuyentarlos es encendiendo un incienso especial que los repele (katori senkō); lo fabricó en 1890, por primera vez en todo el mundo, una empresa de Osaka que a día de hoy lleva 134 años en activo, y lo hizo a partir de una semilla de piretro o pelitre de Dalmacia procedente de Estados Unidos. Este incienso se comercializa con forma de espiral y ayuda a evitar las picaduras de estos insectos que tanto abundan en la época estival.   

Recipiente con forma de cerdito para colocar el incienso antimosquitos y katori senkō en espiral.
Recipiente con forma de cerdito para colocar el incienso antimosquitos y katori senkō en espiral.

Las flores más típicas del verano en Japón son el dondiego de día, el girasol, el loto y la onagra (esta última florece de noche). En Iriya, en el distrito tokiota de Taitō —uno de los antiguos barrios de las clases populares—, se celebra cada julio un festival dedicado a los dondiegos de día. Durante un tiempo no se hizo, pero han pasado 60 años desde su reanudación.

Dondiegos de día en Iriya.
Dondiegos de día en Iriya.

La inventiva manda para mantenerse frescos

Tradicionalmente, en Japón se dice que comer anguila ayuda a combatir el cansancio asociado al calor estival; sin embargo, este pescado, que podría extinguirse, se ha convertido en un producto de lujo. En lo que a comida y bebida se refiere, en el estío nipón no pueden faltar tampoco las cervecerías al aire libre, donde es posible disfrutar de una cerveza bien fría al término de la jornada laboral. Las vainas de soja hervidas en agua y sal y servidas tal cual —edamame— combinan a la perfección con esta bebida. El primero de estos locales, abierto desde 1953, se llama New Tōkyō y está en el rascacielos Ōsaka Daiichi Seimei.

Cerveza, edamame y tofu frío.
Cerveza, edamame y tofu frío.

Los helados de hielo raspado —kakigōri— son uno de los postres más representativos del verano en Japón. Realmente se sabe que ha llegado esta época del año cuando los comercios ponen una banderola de tela en la puerta para anunciar que ya está a la venta. La oferta de estos helados es variada, desde los más tradicionales, que llevan pasta de judías rojas dulce o almíbar, hasta los que incluyen frutas o bolas de helado. Para sudar menos en verano, hay quienes también comen sandía fría. De un tiempo a esta parte, se han popularizado las sandías de pequeño tamaño que caben en el frigorífico. 

Kakigōri de sandía.
Kakigōri de sandía.

Los fideos sōmen son uno de esos alimentos que no pueden faltar, durante la época estival, en cualquier cocina japonesa que se precie. Se hacen con harina de trigo, agua y sal y se cuecen unos tres minutos. Posteriormente, se enfrían en agua con hielo y se comen mojándolos en tsuyu; normalmente, esta salsa se condimenta echándole cebolleta, jengibre —ya sea shōga o myōga— o shiso, entre otros ingredientes. Este plato fresco, que se desliza prácticamente solo en la garganta, ayuda a combatir el calor y el cansancio, sobre todo cuando no se tiene apetito debido a las altas temperaturas. Se vende seco, por lo que se puede guardar en la despensa para tenerlo de reserva, y a un precio asequible.

Fideos sōmen.
Fideos sōmen.

Un verano en familia recordando a los antepasados

Cada 15 de agosto, Japón conmemora el final de la Segunda Guerra Mundial, fecha que coincide con el obon, un período en el que se hacen ofrendas en memoria de los antepasados y otros familiares fallecidos, cuyo espíritu regresa a casa; además, se celebran diversos festivales de verano, entre ellos los dedicados al baile de obon. Durante las vacaciones correspondientes, muchos japoneses regresan a su lugar de origen para visitar la tumba de sus familiares o se van de viaje a otros sitios.

Los primeros fuegos artificiales que se utilizaron en Japón servían para guiar a los espíritus en el camino de vuelta a casa. En esta época, las calles se llenan de gente que, ataviada con un yukata, aprovecha el frescor de la noche para ir a ver las exhibiciones pirotécnicas o a festivales como los del baile de obon. Hay alojamientos que alquilan este tipo de vestimenta.

Fuegos artificiales en el lago Suwa, uno de los mejores espectáculos de pirotecnia de todo Japón, con cerca de 40.000 fuegos artificiales. Los del tipo Niágara se extienden en cascada unos dos kilómetros.
Fuegos artificiales en el lago Suwa, uno de los mejores espectáculos de pirotecnia de todo Japón, con cerca de 40.000 fuegos artificiales. Los del tipo Niágara se extienden en cascada unos dos kilómetros.

En los festivales de verano, hay puestos diversos: en algunos venden máscaras de personajes de dibujos animados, mientras que en otros se puede jugar a pescar peces de colores o globos de agua; también están los de comida, con okonomiyaki o takoyaki. Entre los distintos festivales tradicionales que tienen lugar en todo el país, destacan los tres más importantes de la región de Tōhoku: el Aomori Nebuta, declarado Patrimonio Cultural Intangible de Importancia; el Akita Kantō, con un desfile de farolillos, y el Sendai Tanabata, famoso por sus ricas decoraciones.

Pesca de globos de agua, uno de los juegos presentes en los festivales de verano japoneses.
Pesca de globos de agua, uno de los juegos presentes en los festivales de verano japoneses.

Septiembre es también un mes caluroso en Japón. Cuando el canto de las cigarras da paso al de los grillos, sabemos que se termina el verano.

Imagen del encabezado: rodajas de sandía y un paipái, dos elementos imprescindibles en el verano japonés (PIXTA).

(Traducción al español del original en japonés)

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