La misión es superar las crisis

-En 2011 hemos sufrido el gran desastre causado en la parte oriental de Japón por el terremoto con tsunami de marzo. Ha ocurrido también un accidente nuclear. En momentos de crisis como estos, lo más determinante es la competencia de los políticos, su capacidad, ¿no es cierto?

Un político debe cargar siempre con su parte correspondiente en el destino de su país. Nada más tomar posesión del cargo de primer ministro puede ocurrir por casualidad un gran terremoto, un accidente nuclear de gran envergadura, un conflicto internacional, o se puede sufrir una crisis en las finanzas del estado, son fatalidades que ocurren en la vida de un político.

Pero es que la misión del político es esa, es superar todo eso. Saber interpretar correctamente los acontecimientos, hacer las cosas a la perfección y pasar el relevo para iniciar una nueva época. Ese es precisamente el trabajo que debe hacer un político. Por eso hay que estar siempre estudiando, ejercitándose. Es lo que hicimos todos nosotros, Ogata, Yoshida, Hatoyama y yo.

-En la época en que usted fue primer ministro entró en erupción el volcán Miharayama, en la isla de Izu Ōshima, y fue posible evacuar totalmente la isla con gran rapidez, la gestión de la crisis fue perfecta.

Bueno, nuestra generación pasó por la experiencia de la guerra y mentalmente estábamos preparados para un estado de emergencia. Hemos aprendido cómo tiene que comportarse un líder en caso de emergencia desde nuestros tiempos de alférez, o de teniente. Cuando me hice político ya sabía perfectamente como debía actuar un líder en un caso así. Tenía ya esa experiencia. Estaba listo para ponerme en acción ante cualquier cosa. No tenía necesidad de consultar con nadie. Así que cuando me nombraron primer ministro ni me asusté ni perdí la serenidad. Porque lo que tenía que hacer era lo que había venido estudiando previamente.

La gente de ahora no tiene esa experiencia y tampoco tiene dónde estudiar. Lo único que pueden hacer es estudiar por sí mismos o conseguir que alguien mayor y más experto que ellos les enseñe. Y es necesario que ellos transmitan sus conocimientos. Pero es que ya han desaparecido las oportunidades para aprender por medio de esas relaciones entre mayores y jóvenes y el aprendizaje práctico de lo que es la política. Si pensamos en qué es hacer una buena gestión de crisis y luego miramos a los políticos, descubrimos que son unos novatos. Me da la sensación de que, no ya en la política, sino en otros muchos campos, la formación para el liderazgo es una de las tareas pendientes de Japón.

Hace falta “avidez”

-¿Qué es lo que más necesita la educación japonesa y, en general, qué necesitan los japoneses?

Yo empecé ya en la época de estudiante a ejercitarme como ser humano, a estudiar por mi cuenta, a ir asentado todo eso que luego serviría de base para ser político. Y desde el momento en que decidí ser político, concentré toda mi actividad diaria en ese objetivo, traté de nutrirme más espiritualmente, de fortalecer el cuerpo y la mente. Me pregunto si ahora la gente que se dedica a la política se habrá preocupado alguna vez por estas cosas. En mi época se estudiaba más a los sabios antiguos, admirábamos mucho a los monjes zen y a esa clase de personas, yo creo que siempre estábamos ávidos de arrancarles algo. Ahora la gente no tiene esa avidez.

Yo pienso que el sistema educativo de antes de la guerra fomentaba esa avidez de ejercitarse como ser humano. Y que con el actual, por el contrario, resulta difícil desarrollar una capacidad tan ambiciosa de absorción de ese tipo de nutrientes. En resumen, el asunto es cómo hacer personas. A veces se oye decir que el bachillerato de la preguerra funcionaba bien y, ciertamente, se aprendían muchas cosas, no solo en las aulas o de los libros, también en las competiciones deportivas, en la vida en los dormitorios de estudiantes, o escuchando a los de cursos superiores. Creo que entonces existía una avidez muy grande por conseguir lo que ya habían conseguido los mayores. Hoy en día la gente ha perdido esa avidez, es más despreocupada.

-¿Puede decirse que ahora la gente estudia poco y que se está debilitando su capacidad para llegar al fondo de las cosas?

Pues, sí. Lo dicho: esa avidez, ese interés por llegar a la verdad de las cosas es lo más importante.

-¿Confía usted en el Japón del siglo XXI?

Sí, confío.

-¿De verdad?

Sí, claro. El pueblo japonés, si nos remontamos en la historia, es ese pueblo que quedó confinado en el archipiélago que recibía el nombre de Ōyashima y, en cierto sentido, es un pueblo con fuertes lazos de solidaridad. No es algo que se revele en situaciones normales, pero en los momentos críticos esa solidaridad siempre se manifiesta. Su base es la historia y el nacionalismo. Yo creo que en Japón hay todavía algo muy fuerte. Así que no creo que haya que preocuparse tanto.

(Entrevista realizada el 30 de septiembre de 2011 por Harano Jōji, director de la Fundación Japan Echo)

(Traducido al español del original en japonés)