Una mayor atención a los asuntos políticos

El primer ministro Hashimoto Ryūtarō estrecha la mano del presidente ruso Boris Yeltsin antes de la cumbre informal “sin corbatas” celebrada en Krasnoyarsk.

Con la Doctrina Yoshida, el principal centro de atención de Japón fue el crecimiento económico, y el país mantuvo la política militar en un segundo plano. No obstante, tras el fin de la Guerra Fría, Japón inició acciones para ampliar sus horizontes diplomáticos y se involucró más en los asuntos de política y seguridad internacionales. Esto puede comprobarse, por ejemplo, en el papel activo que desempeñó en la Organización para el Desarrollo de la Energía de la Península de Corea, o KEDO en inglés, creada en marzo de 1995 para abordar la crisis nuclear iniciada el año anterior en la Península Coreana, y también en la “diplomacia euroasiática” que aplicó el primer ministro Hashimoto en 1997 con vistas a fortalecer los lazos de Japón con Rusia y los países de Asia Central. La diplomacia japonesa, que anteriormente se había centrado en cuestiones económicas, acabó abrazando de manera más consciente una idea geopolítica y estratégica.

Además, la Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo de África, o TICAD en inglés, un foro iniciado en 1993, fue una importante iniciativa mediante la cual Japón se adelantó a otros países en la puesta en práctica de una acción continuada para abordar la pobreza en África. Y tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, Japón, con su primer ministro Koizumi al frente, apoyó sin fisuras la “guerra contra el terrorismo” iniciada por la Administración del presidente de EE.UU. George W. Bush. A Japón se le pidió implicarse más profundamente y cooperar más ampliamente con otros países para abordar cuestiones en partes del mundo lejos de su territorio, como África, Oriente Medio y Asia Central. Y poco a poco fue intensificando su implicación como respuesta a estos llamamientos.

Este cambio de énfasis de lo económico a lo político y la ampliación del horizonte diplomático a un nivel global representó ir mucho más allá del pensamiento de la Doctrina Yoshida. Fue un cambio aplicado por la respuesta del Gobierno japonés a la situación creada tras la Guerra Fría, y también se hizo para mantener las responsabilidades de Japón como país que había conseguido uno de los niveles más altos de bienestar económico del mundo. De este modo, el núcleo de la política exterior japonesa cambió tras la Guerra Fría para pasar de una diplomacia económica a un enfoque que incluía más elementos relacionados con la política y la seguridad.

Valores y política exterior

El ministro de Relaciones Exteriores Asō Tarō pronuncia un discurso sobre política diplomática ante la Dieta.

Con el inicio del siglo XXI, los valores y los ideales han ido ocupando una posición más destacada en la política internacional. El Gobierno del primer ministro británico Tony Blair, que asumió el cargo en 1997, utilizó términos como “política exterior ética” y “fuerza para una buena causa”, y con la Administración Bush en EE.UU., iniciada en 2001, los neoconservadores promovieron la causa del “cambio de régimen” para fomentar la generalización de la libertad y la democracia en todo el mundo. La era de una política exterior que busca intereses puramente nacionales, con duros conflictos de poder, fue sustituida por una era en la que los países ponían sobre la mesa sus propios valores y trabajaban para fomentarlos en todo el mundo.

En respuesta a esta nueva corriente, la política exterior japonesa también empezó a incluir referencias a valores. Por ejemplo, en un discurso pronunciado el 30 de noviembre de 2006, Asō Tarō, ministro de Relaciones Exteriores con el sucesor de Koizumi, Abe Shinzō (primer ministro de septiembre de 2006 a septiembre de 2007), se refirió a la democracia, la libertad, los derechos humanos, el imperio de la ley y la economía de mercado como “valores universales”, y declaró que Japón pondría énfasis en estos valores en sus acciones de política exterior. Asō puso en práctica las ideas de una “diplomacia orientada a los valores”, y el “arco de libertad y prosperidad” como lo que podría denominarse cuarto pilar o principio de la politica exterior japonesa. En este discurso declaró que “Japón es quien más importancia da a los valores de libertad, democracia, respeto de los derechos humanos y el imperio de la ley”.

Así pues, con el primer ministro Abe, la postura diplomática de Japón dio un giro hacia un mayor énfasis en los valores, pero este énfasis retrocedió con el sucesor de Abe, Fukuda Yasuo, primer ministro desde septiembre de 2007. La política exterior de la Administración de Fukuda se centró en Asia y buscó reparar el daño que habían sufrido las relaciones chino-japonesas tras las visitas del primer ministro Koizumi al santuario de Yasukuni. Esta Administración habló de “diplomacia de sinergía” con dos ejes: la alianza Japón-EE.UU. y la diplomacia asiática. Para estrechar más los lazos con China, un país con un sistema político distinto al de Japón, y con el cual Japón no comparte demasiados valores, fue necesario minimizar la idea de la “diplomacia de valores”. Fukuda dimitió en septiembre de 2008 y fue sucedido por Asō. Su Administración también adoptó una visión cauta y convencional en cuanto a política exterior, haciendo poca referencia al “arco de libertad y prosperidad” del que había hablado cuando era ministro de Relaciones Exteriores. La idea de una “diplomacia orientada a los valores” no pudo cosechar un amplio apoyo ni dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores ni en el seno de su gobierno.

No obstante, Japón sí que se movió para fortalecer sus relaciones con países que compartían sus valores de libertad y democracia, y recalcó esos valores compartidos en sus relaciones existentes. En su cumbre de junio de 2006, el primer ministro Koizumi y el presidente Bush emitieron una declaración conjunta titulada “La alianza Japón-EE.UU. del nuevo siglo”, en la que afirmaban que “Japón y EE.UU. se mantienen unidos no sólo contra amenazas comunes, sino también en el fomento de valores universales básicos como la libertad, la dignidad humana y los derechos humanos, la democracia, la economía de mercado y el imperio de la ley”, y añadían que “estos valores están profundamente arraigados en las sólidas tradiciones históricas de ambos países”. Y en marzo de 2007, Japón y Australia emitieron una declaración conjunta sobre cooperación en seguridad que hablaba de “compromiso con el continuo desarrollo de su asociación estratégica para reflejar valores e intereses compartidos”. Australia, Japón y EE.UU. llevan a cabo un “Diálogo estratégico trilateral” desde 2006, trabajando para fomentar una cooperación a tres bandas entre los países de la región Asia-Pacífico que comparten esos mismos valores universales.

El primer ministro Manmohan Singh en una reunión con el primer ministro Abe Shinzō.

En diciembre de 2010, los ministerios de Relaciones Exteriores de Japón, Corea del Sur y EE.UU. se reunieron en Washington D.C. para debatir cómo responder al bombardeo norcoreano de la isla de Yeonpyeong. En su declaración conjunta, afirmaron que “como tres de las economías más importantes del mundo con valores compartidos, los tres países tienen una causa común y responsabilidades en el mantenimiento de la estabilidad y la seguridad en la región Asia-Pacífico y también en todo el mundo”. Además, la visita del primer ministro Abe a la India en agosto de 2007 fue un claro indicio de que estos dos países, con valores compartidos, estaban preparados para colaborar estratégicamente en el contexto del ascenso de China. La declaración conjunta de Abe y el primer ministro indio Manmohan Singh incluyó también una referencia a compartir valores universales como la libertad y la democracia. Como puede desprenderse de estas acciones, durante los últimos cinco años aproximadamente Japón ha ido reforzando sus lazos de cooperación con otros países de la región Asia-Pacífico con quienes comparte valores. Esto tiene significación en términos de equilibrio estratégico para contrarrestar el auge militar de China.

El primer ministro Hatoyama Yukio se dirige a la Asamblea General de las Naciones Unidas. (Foto: Jiji Press)

Mientras tanto, en la escena política doméstica, el PLD, que tanto tiempo había estado en el poder, fue derrotado en las elecciones generales de agosto de 2009, y en septiembre de ese mismo año la nueva Administración asumió el poder con Hatoyama Yukio, jefe del Partido Democrático de Japón (PDJ) como primer ministro. Hatoyama habló del concepto de “fraternidad” (yūai) como elemento básico de su política, y afrimó que la creación de una Comunidad del Este Asiático era un importante eje de la política exterior de su Administración. Hatoyama también hizo público su deseo de coexistir y prosperar de manera conjunta con países que tengan unos valores distintos a los de Japón, reconociendo que unas relaciones amistosas con China basadas en una “diplomacia fraternal” eran un objetivo clave. Como modelo de integración regional para Asia, Hatoyama adoptó la idea de Richard Nikolaus von Coudenhove-Kalergi, para muchos el padre de la integración europea. Sin embargo, durante su escaso tiempo en el cargo (hasta junio de 2010), las relaciones de Japón con EE.UU. sufrieron considerablemente a causa de las dificultades para reubicar la base de los Marines estadounidenses de Futenma en Okinawa.

Así pues, durante los últimos diez años, puede decirse que la diplomacia japonesa se ha basado en la amalgama de dos enfoques: (1) acciones para crear una “liga de democracias” entre países que comparten unos mismos valores, centrándose en la alianza Japón-EE.UU., y (2) intensificación de la cooperación regional en el Este de Asia, centrándose en los lazos chino-japoneses.

¿Hacia dónde se dirige la política exterior de Japón?

 En las dos décadas que han pasado tras el fin de la Guerra Fría, Japón ha ampliado su implicación en las Operaciones de mantenimiento de la paz auspiciadas por la ONU, ha trabajado para fortalecer la alianza con EE.UU., y ha fomentado el desarrollo de la cooperación regional en el Este de Asia. Estas acciones se han traducido en pasos para aplicar los tres principios de la diplomacia japonesa definidos en 1957. Aunque distintas administraciones y primer ministros se han centrado en distintos aspectos, ha quedado claro que estos tres principios resultan esenciales.

Sin embargo, seguimos observando una considerable incertidumbre entre el pueblo japonés en lo que respecta a la identidad internacional que Japón debería adoptar como base de su política exterior en la era posterior a la Guerra Fría. Japón necesita revisar su estrategia diplomática de forma global en lo que respecta a varios ejes coordinados, como el pacifismo/cooperación internacional, la alianza Japón-EE.UU./Este Asiático, y la diplomacia orientada a valores/intereses económicos. Y está muy claro que necesitamos un liderazgo político sólido para este fin. Los frecuentes cambios de primer ministros y ministros de Relaciones Exteriores han privado de coherencia a la política exterior japonesa y han erosionado la confianza internacional en Japón.

En esta serie de artículos, destacados expertos y veteranos del proceso de confección de políticas analizarán importantes hecho acaecidos que han incidido en la diplomacia japonesa durante las dos últimas décadas. Sólo si comprendemos estos hechos en su conjunto podremos acabar encontrando la vía que Japón debería tomar y la identidad que debería adoptar en la escena internacional en los próximos años.

(Escrito originalmente en japonés y traducido al español de su versión inglesa)