Sin pruebas claras sobre la relación sísmico-volcánica

ENTREVISTADOR

  ¿Cómo hay que entender el efecto que tuvo el Gran Terremoto del Este de Japón de marzo de 2011 sobre la actividad volcánica de Japón?

NAKADA SETSUYA

  Se pensará que algo tendrá que ver y de hecho puede que sea así. Pero la relación entre terremotos y actividad volcánica no es tan evidente. Tenemos, por ejemplo, la erupción del monte Fuji de 1707. Comenzó 49 días después de un fuerte terremoto, pero nunca se ha podido demostrar la relación entre ambos fenómenos. Apenas disponemos de casos en que podamos decir que una erupción ha sido causada por una sacudida sísmica del magma.

En el caso del Gran Terremoto del Este de Japón de hace cuatro años, tras el mismo 20 volcanes, la mayoría en la región de Tōhoku, intensificaron su actividad sísmica. Sin embargo, ninguno de ellos ha entrado en erupción hasta el presente. Algo similar ocurre en el Fuji. El 15 de marzo de este año justo bajo su cono ocurrió un terremoto, pero no acarreó erupción. Por lo visto, si no quieren escupir, los volcanes no escupen por mucho que los incordien.

El profesor Nakada Setsuya explica conceptos sobre las pautas que sigue la actividad volcánica.

Erupciones en volcanes alejados de la región de Tōhoku

Entre las causas que pueden hacer que un terremoto desencadene una erupción hay un mecanismo según el cual cuando una falla se mueve debido a un seísmo, la parte de la corteza terrestre en la que ha penetrado el magma se reasienta, de forma que la presión que ejerce sobre el magma varía, y esto hace que los elementos más volátiles contenidos en el magma se desprendan en forma de burbuja, lo cual a su vez eleva la presión del conjunto de la acumulación de magma. Esta sucesión de hechos sí que podría conducir a una erupción.

Si fuera este el mecanismo que opera, la erupción debería haber ocurrido ya, pero el hecho es que, al menos durante los tres años que median hasta el año pasado, no ha sido así. Los volcanes que han entrado en erupción –el Ontake del centro de Japón, el Nishinoshima de las islas Ogasawara y el Aso de Kyūshū– están todos alejados o muy alejados de la región de Tōhoku. Y a estas distancias el influjo que puede tener un terremoto es mínimo. Un corrimiento de algunas decenas de metros en una falla no puede transmitirse hasta un lugar tan alejado como Kyūshū.

Tengo mis dudas sobre si los terremotos originan realmente erupciones. Supongo que si el Fuji entró en erupción tras el terremoto de 1707 fue porque tenía unas ganas incontenibles de hacerlo, y por eso fue inducido a hacerlo.

¿Una anomalía que afecta a toda la corteza terrestre japonesa?

ENTREVISTADOR

  ¿Y conocemos, en alguna medida, cuáles son esos volcanes que, como usted dice, tienen “unas ganas incontenibles”?

NAKADA SETSUYA

 El Miyakejima o el Usu son volcanes que no pueden parar quietos sin entrar en erupción una vez cada ciertas decenas de años. El magma penetra desde abajo y, cuando se ha acumulado una cierta cantidad de él en su seno, es proyectado hacia afuera. Algunos volcanes son así de regulares. En estos casos, una vez ha sido liberado el magma, por mucha agitación que pueda causarles un terremoto, no repiten la erupción.

En el caso del monte Fuji, lleva ya más de 300 años sin darnos disgustos, así que es difícil llegar saber qué pautas sigue su actividad. Pero lo que sí podemos decir es que hasta ahora, aunque han ocurrido muchos grandes terremotos, solo en el caso del terremoto de 1707 parece razonable ver un vínculo entre sismicidad y erupción. En el siglo IX, entre 864 y 866, el Fuji experimentó un periodo de gran actividad durante el cual la gran extensión actualmente ocupada por el bosque de Aokigahara quedó cubierta por la lava. En esa misma época ocurrió un terremoto y podría tratar de establecerse una relación, pero sabemos que la erupción precedió al seísmo en cinco años.

Una observación objetiva nos dice que desde poco antes del Gran Terremoto del Este de Japón de 2011 en la región de Kyūshū se ha elevado la frecuencia de las erupciones. Tuvimos, por ejemplo, la del pico Shinmoedake, en el volcán Kirishima-yama, mes y medio antes del cataclismo.

Más correcto que tratar de vincular la actividad volcánica a los grandes terremotos sería comprender que en la corteza terrestre del conjunto de Japón ocurre algo suficientemente anómalo como para producir el Gran Terremoto del Este de Japón, que la placa está recibiendo una presión tan violenta que cualquier cosa puede ocurrir en el plano sísmico o volcánico.

Sin novedad en el monte Fuji: su actividad sísmica se modera

ENTREVISTADOR

Oímos que el monte Fuji entrará en erupción tarde o temprano y esto nos preocupa. ¿Cuál es su actual situación?

NAKADA SETSUYA

 No ha cambiado demasiado. Cuando observamos un volcán, nos fijamos, primero, en su actividad sísmica, en su diastrofismo (alteraciones de la corteza terrestre) y en su electromagnetismo. Sobre esto último, en los volcanes, cuando un fluido a alta temperatura asciende, la conductividad eléctrica varía. Depende de la temperatura y de sus componentes gaseosos. Así se puede tener una idea de la actividad sísmica y del diastrofismo.

Para medir el diastrofismo se venía utilizando el sistema GPS, pero últimamente lo que hacemos es analizar las mediciones servidas por satélites artificiales. Comparando representaciones tridimensionales del relieve elaboradas a partir de datos tomados con un intervalo de uno o dos meses, se ve con gran claridad qué partes se han elevado y cuáles se han hundido. Por este método, hemos conseguido saber con un impresionante grado de precisión qué cambios ha sufrido el relieve antes de cada erupción. Por ejemplo, en el caso de Hakone-yama, muy activo en junio, hemos podido comprobar las variaciones del relieve en pequeñas unidades de cien metros cuadrados, algo totalmente imposible con la tecnología GPS.

El nuevo sistema tiene una cobertura muy completa y nos sirve todo tipo de datos de los volcanes japoneses. Si la cuestión es enterarse rápidamente de las anomalías que ocurren, desde luego, lo hemos conseguido. Tanto el Sakurajima como el monte Fuji están vigilados permanentemente.

A raíz del gran terremoto del 11 de marzo de 2011, durante algún tiempo, la frecuencia de ocurrencia de seísmos bajo el monte Fuji aumentó ligeramente. Pero ha vuelto prácticamente a los mismos niveles previos al gran terremoto. No encontramos ninguna otra anomalía. En general, por pequeña que sea la erupción que se gesta siempre ocurre algún cambio en la montaña, así que si vigilamos con atención captaremos esos cambios.

Lo que desconocemos es si esa variación preludia una erupción con un día, una semana o dos meses de antelación. Es muy difícil adivinarlo. A diferencia de lo que ocurría antes, cuando los aparatos de observación eran todavía deficientes, ahora no resulta fácil creer que una erupción pueda ocurrir sin que hayamos podido captar antes ningún cambio.

Entrevistador y redactor del artículo: Ishii Masato (Redacción)
Fotografía: Ōtani Kiyohide (Producción)

Fotografía del titular: El pico Shintake del volcán Kuchinoerabujima, en la isla homónima, eleva una impresionante columna de humo la mañana del 29 de mayo de 2015. Imagen captada por un habitante de esta pequeña isla de la prefectura de Kagoshima. (Fotografía: Jiji Press)