Empresas que aprovechen al máximo el potencial de las minorías

ENTREVISTADORA

¿Por qué cree que el viejo modelo laboral de las jornadas largas sigue vigente?

HABU SACHIKO

Como todavía no hemos superado el éxito de la era del crecimiento económico, que se logró gracias a ese modelo, las empresas siguen convencidas de que el único indicador para medir la productividad y la contribución del empleado es el tiempo que dedica al trabajo. Es una mentalidad anquilosada. También influye el hecho de que a la sociedad japonesa le cuesta aceptar a aquellos cuya situación no concuerda con la mayoría, es decir, a las minorías. Por poner un ejemplo, las personas que tienen que salir del trabajo a las tres de la tarde por motivos familiares son una minoría que llama mucho la atención. La mayoría margina a estos empleados por su “herejía laboral”, lo cual dificulta su convivencia en la empresa.

A menudo hago el ejercicio mental de intercambiar la posición de la mayoría y la minoría. Pongamos que las personas que se pasan horas y horas pegadas a la silla trabajando fueran una minoría, y que llamasen la atención por esas horas extras que se les eternizan. En ese caso lo que se pondría en duda sería su productividad y su capacidad de mantenerse motivados.

Cuando participé como miembro en el comité de deliberación de las Contramedidas Generales para el Descenso de la Natalidad, aprobadas por el Gabinete del Gobierno en 2015, me di cuenta de que, en casi todas las propuestas relacionadas con la crianza de los hijos, el sujeto era las mujeres. Así que indiqué mi disconformidad y pedí que la redacción incluyera de forma generalizada como sujetos a los hombres y las empresas. A veces cambiar el punto de vista nos permite ver cómo las cargas de la casa y la familia tienden a recaer sobre las mujeres de forma descompensada. Con el comité, al final decidimos incluir en las medidas propuestas un artículo titulado “Reforma de la conciencia y el comportamiento de los hombres”.

Cuando empezó a funcionar DUAL, a menudo hacía el ejercicio de intercambiar las palabras madre y padre para asegurarme de que no existiera descompensación en nuestros contenidos. Y algunas veces, al cambiar los sujetos, quedaba un texto en que el padre lo hacía todo, desde ir a buscar a los niños a la guardería hasta preparar la cena. “¡Parece un artículo dirigido a padres solteros! ¿Es que estamos hablando de una familia monoparental?”, pensaba al leerlo, sorprendida. Pongo un cuidado especial en no centrarme inconscientemente solo en las madres, para evitar mandar el mensaje erróneo de que las mujeres son las únicas que han de esforzarse por compaginar la crianza de los hijos con el trabajo.

En la redacción de Nikkei DUAL, con sede en Tokio. (Fotografía de Suzuki Aiko).

Como mujer que ocupa un puesto directivo en la redacción de DUAL, en ocasiones experimento la incomodidad de ser una minoría. Es un desconcierto parecido al de estar trabajando en un aseo para hombres. Siento que el ambiente no me invita a expresar mis opiniones de forma abierta y libre.

Las mujeres que desempeñamos cargos directivos somos una minoría muy reducida y seguimos estando en posición de desventaja. Casi siempre que asistimos a una reunión somos la única mujer de la sala. Por más que oigamos hablar de “una sociedad en la que todas las mujeres puedan brillar” (proclama de la Administración Abe), no podemos sacudirnos esa sensación de incomodidad ante una realidad y un sistema centrados en los hombres. Fumar, jugar al golf, invitar a los clientes a locales con mujeres de compañía… Lo que suele hacerse para cultivar las relaciones sociales en las empresas, ¿no son todo actividades y ambientes que solo gustan a los hombres? ¿Por qué las mujeres tenemos que callar y tragar con eso?

Ante el objetivo del Gobierno japonés de lograr un 30 % de mujeres en los cargos directivos para 2020 (abreviado como “2030”), parece que cada vez más mujeres ocupan puestos de responsabilidad. Sin embargo, me temo que lo único que esté cambiando sean las estadísticas sobre el papel. Creo que ese tipo de iniciativa carece de sentido en un entorno laboral en que las minorías con restricciones —hijos, familiares dependientes, etc.— no pueden desarrollar todo su potencial.

El apoyo a las mujeres que acaban de criar a sus hijos

ENTREVISTADORA

¿Hay algún proyecto que desee emprender en el futuro como editora jefa?

HABU SACHIKO

Bautizamos el sitio web como DUAL pensando en no enfocarlo solo a las madres, sino a un público más amplio, incluidos los padres. El hecho de que, desde el principio, el 30 % de nuestros lectores sean hombres me enorgullece como jefa de edición, y es también un rasgo que define la publicación. No quiero convertirlo en una comunidad solo de mujeres ni en ninguna especie de “vestuario femenino”.

En adelante quisiera incidir en los prejuicios inconscientes, en especial los de las personas que trabajan en los medios de comunicación. A diario oímos expresiones como obasan (señora) o shufu (ama de casa), que designan estereotipos. La mayoría de las mujeres con hijos, una vez superan cierta fase de la crianza, pasan a incluirse automáticamente en la categoría de obasan. No existe otro apelativo para ellas: ¡qué falta de imaginación!

Pero todas esas mujeres no pueden encasillarse con la etiqueta de obasan. Ellas, que han pasado por el infierno de compaginar la vida laboral y familiar como madres, que tienen ingresos, experiencia y peso en la sociedad, forman un estrato social inclasificable según los arquetipos existentes. Quisiera que esas mujeres exhibieran su seguridad en sí mismas sin complejos. Y voy a seguir trabajando para crear en el futuro empresas que apoyen a ese tipo de mujeres.

Texto: Takagi Kyōko e Itakura Kimie (editorial de Nippon.com)
Fotografías: Hashino Yukinori (editorial de Nippon.com)