Descansar rodeados de madera natural: el innovador diseño funerario de Inori Orchestra
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Vista frontal del Kinbutsudan (altar budista de oro) comisionado en la era Meiji (1868-1912) por el dueño de unas minas de carbón de Fukuoka y elaborado con las más refinadas técnicas de los talleres de altares con mayor solera de Kioto. Es una hermosa representación del Paraíso con preciada madera natural de keyaki, lacada y estampada con pan de oro. (Imagen en colaboración con la galería Ginza Honten de la empresa de altares Obutsudan no Hasegawa)
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Modelo A4 de butsudan. El marco de madera se llena de tablillas mortuorias, urnas u otros artículos que se pueden colocar como se desee.
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Un rincón de la oficina de Inori Orchestra. Un espacio de plegaria de formato innovador se halla modestamente colocado entre el sillón Mama Bear Chair del diseñador danés Hans J. Wegner y un cuadro contemporáneo.
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Las Tenshi no Ouchi (‘casas de ángeles’) protegen las pequeñas urnas. Disponen de una ventana donde grabar el nombre del difunto.
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La tablilla del centro está elaborada con kurogaki, una exclusiva madera de árbol de caqui envejecida que presenta un hermoso veteado negro. Actualmente las tablillas Mori no Ihai están disponibles en más de 108 tipos de madera.
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La madera sigue viva aun después de cortarla en tablones. Yasuda asegura que es importante saber “leerla y escucharla”.
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El cariño se va acumulando en la pieza a medida que pasa de un artesano a otro, que la pule con cuidado y la acaricia.
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El maestro carpintero ya pasa de los 60 años. Si no se forma a las próximas generaciones, la artesanía japonesa terminará por desaparecer. Masuda Moeto lleva ya 11 años en el negocio y tiene un futuro muy prometedor.
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Ash in Jewelery, una pieza de joyería que permite llevar a nuestros seres queridos siempre con nosotros.
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La miniurna Yurikago (‘cuna’), elaborada con cerámica translúcida de Shigaraki, está diseñada para expresar el deseo de poner en una cuna a los bebés que fallecieron.
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Urna de cristal decorativo elaborada por un artesano del vidrio soplado. Su diseño imita la Cueva Azul de Okinawa.
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Sutra del Corazón escrito por Kanazawa Shōko, una artista de la caligrafía con síndrome de Down. El sacerdote principal del templo, Kimiya Kōshi, asegura que, visto desde abajo, “parece que las letras te lluevan encima”.
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El centelleo de las urnas, siempre atravesadas por la luz, recuerda vagamente al cielo estrellado.
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Una mujer reza un largo rato en la oscuridad.
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Los Tenshi Jizō se crearon para rogar por el fin de la pandemia de la COVID-19. El de la derecha es de acero inoxidable y tiene un espacio para guardar huesos. Imaginar los susurros entre ambos me despierta una sensación de bienestar.
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