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Colección de “retratos para guardar” expuestos en el aparador que da a la calle del estudio Sugaokan.
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Una vez peinada y maquillada, siente que “ha llegado la hora de hacerse el retrato póstumo”.
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El retrato se crea mediante la comunicación entre el fotógrafo, la modelo y la peluquera y maquilladora.
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Nozu lleva muchos años practicando el aikido y se lanza a inmortalizar al sujeto sintonizándose con su ki, su ánimo o espíritu.
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Se comparan unas cuantas tomas y se van seleccionando las mejores tras consultar con el cliente. (Fotografía: Nozu Kiyofusa)
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Yoshida va metiendo en una caja que reza “Con Hiroko” una serie de objetos importantes que quiere que se metan en su ataúd.
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Kaoruko opina que lo mejor de una sesión con maquillaje es “sentirse como una princesa”.
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“Por mi trabajo he visto perderse vidas de repente muchas veces. Es importante tener listas las fotos para el funeral”, apunta Takashi.
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Abajo, a la derecha, los retratos de hace 16 años; a la izquierda, los de hace 11 años. La pantalla de arriba muestra las fotos de la última sesión.
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Terminada la sesión, Nozu se despide de sus clientes con la esperanza de volverlos a ver.
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En la pared, una lámina de caligrafía que expresa el deseo de que lleguen “muchas bendiciones”.
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Nozu y Kimiko hablan del difunto Hiroshi frente a su fotografía. La imagen destila vida en su entorno cotidiano.
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Kimiko se hizo retratar con su marido el mismo día. Eran una pareja bien avenida con un aire muy parecido.
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Fotografías expuestas en Sugaokan. Las que muestran personas vivas son fotografías de recuerdo, y las de personas fallecidas, fotografías póstumas.