Obusedō: algo más que confituras de castaña
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Saliendo de la estación de Obuse (línea Nagano Dentetsu) en dirección al río Chikuma, se pueden contemplar grandes extensiones de castaño. Es el paisaje más representativo del municipio.
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El municipio de Obuse, con sus característicos castaños, manzanos y cerezos ocupando los terrenos de salida Oeste de la estación ferroviaria. A lo lejos, cubiertos de nieve, se divisan los cinco famosos picos de la cordillera que recorre el norte de la prefectura de Nagano, entre ellos el Iizuna (1.917 m.) y el Kurohime (2.053).
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Andenes de la estación ferroviaria de Obuse. En invierno, las castañas en erizo dan la bienvenida a los visitantes.
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Entrada de la bodega de sake Masuichi-Ichimura (izquierda). En el mostrador denominado teppadai se pueden degustar diversas variedades (derecha). Se acercan a la bodega muchos extranjeros de camino al parque Jigokudani Yaen Kōen, donde puede verse a los ya internacionalmente famosos macacos japoneses tomándose un baño en alguna de sus abundantes fuentes termales.
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Casa matriz de Obusedō. Noren o cortina distintiva del negocio, con el característico emblema de las tres castañas blancas enmarcadas en una circunferencia del mismo color.
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Maroyakanoko, última creación de la línea de dulces kurikanoko. Con todo el sabor y el aroma de la castaña. Muy indicado para extender sobre una rebanada de pan. (Fotografía: Cortesía de Obusedō)
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El presidente Tsugio Ichimura atendió a nippon.com en su domicilio, un edificio construido hace ahora 110 años.
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A la izquierda, el dulce kurihana, tan fresco y jugoso como la flor que llena la copa del castaño a principios del verano (fotografía: cortesía de Obusedō). A la derecha, mostradores de los grandes almaceces Isetan en el céntrico barrio tokiota de Shinjuku.
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Obuse es también célebre como el pueblo que enamoró al gran pintor Hokusai, una de cuyas obras tardías Happōnirami hōō-zu (El fénix que escruta en todas las direcciones) se puede contemplar en las techumbres del pabellón principal del templo Ganshōin, de la secta budista zen Sōtō (fotografía: cortesía de Ganshōin). Hokusai utilizó pigmentos naturales ricos en minerales y piedras semipreciosas (iwaenogu) importados de China, tan duraderos que la pintura conserva todo su brillo 166 años después de su ejecución y no ha exigido ni un solo retoque.
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El Kuri-no-Komichi (Caminito de la castaña), artístico paseo que conecta los pabellones conmemorativos de Hokusai y de su discípulo Takai Kōzan, en Obuse. Pavimentado con bloques hechos de madera de castaño, es un buen ejemplo del programa de embellecimiento paisajístico que se lleva a cabo en Obuse.
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