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La entrada al Museo Turístico de la Mina de Cobre de Ashio está cerca del estacionamiento gratuito.
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En la misma estación del tren de vagonetas se pueden adquirir las entradas para la mina.
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El tren de vagonetas ingresando a la vía Tsūdō-kō, cuyos trabajos de apertura comenzaron en 1885.
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Inmediatamente después de descender del trenecito, se puede disfrutar de la exposición en los pasillos fríos de la mina.
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La extensión total de las cuevas de la mina de cobre de Ashio supera los 1.200 kilómetros, la misma distancia en línea recta que separa a Tokio de Kagoshima.
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Los maniquíes representan de forma realista los arduos trabajos a los que eran forzados los mineros para la extracción de cobre en el periodo Edo.
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Al lado de las vías se encuentra la casa de moneda donde se exhibe una maqueta que detalla los trabajos de fabricación de monedas en el periodo Edo. El exterior del edificio está adornado con unas monedas kan’ei tsūhō con la letra “ashi”.
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La exposición muestra la modernización en las labores de extracción con la aparición de compresoras, entre otra maquinaria.
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La representación del momento en el que se hace explotar dinamita. Al apretar un botón en la maqueta se pueden escuchar voces y el sonido de la detonación.
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Dentro de la sala de exhibiciones de la mina hay una maqueta de la refinería. A la izquierda hay una vagoneta eléctrica de primera generación.
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Desde la plaza por donde pasa el tren de vagonetas se puede bajar a la ribera del río Watarase.
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El puente Furukawa, designado bien de importancia cultural de Japón, sobre el río Matsuki, que es la cabecera del río Watarase. Al fondo, las ruinas de la refinería Motoyama.
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Una enorme chimenea rodeada por el verdor de la naturaleza.