Yanbaru, una reserva natural en el norte de Okinawa
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Con sus paisajes de rocas gigantes, Daisekirinzan alberga las formaciones cársticas subtropicales más septentrionales del mundo.
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Vista del cabo Hedo desde el mirador Churaumi, en Daisekirinzan. A la derecha se vislumbra en el horizonte Yoron-jima (Kagoshima).
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Asumui desde el mirador Yanbarukuina (rascón de Okinawa). El pico que sobresale a la derecha es Iheyadake. Daisekirinzan se encuentra al fondo del mismo.
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El Museo de la Piedra de Okinawa, situado en el edificio donde se venden las entradas. De acceso gratuito, alberga muestras de rocas extrañas de distintos puntos de la prefectura y objetos cotidianos hechos de piedra, entre otros.
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Seikigoya, punto de partida de las cuatro rutas de senderismo. Esta cabaña tiene, además, un restaurante y una sala de descanso.
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En la Ruta Sin Barreras Arquitectónicas también hay árboles subtropicales como el laurel de Indias.
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No faltan tampoco las rocas de formas extrañas entremezcladas con la vegetación. El visitante puede detenerse tranquilamente a admirar este paisaje.
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La Ruta de las Rocas Extrañas y las Piedras Gigantescas y la del Mirador Churaumi confluyen en su etapa final con la Ruta Sin Barreras Arquitectónicas. Todas ellas terminan en Seikigoya.
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Vista desde Seikigoya. El pico que se aprecia a la derecha es la roca de Gokū, todo un símbolo de Daisekirinzan.
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La Ruta de las Rocas Extrañas y las Piedras Gigantescas permite sumergirse en la vegetación y admirar las formaciones cársticas.
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A los niños les encanta identificar las múltiples rocas con forma de animales. Esta es la roca del Camello, pero también existen, por ejemplo, la del Rinoceronte y la de la Iguana, e incluso la del Extraterrestre.
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A la derecha, la roca del Matrimonio. Daisekirinzan es conocido también como un lugar donde se concentra energía espiritual favorable a quienes buscan concebir o casarse.
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La roca de Gokū es uno de los lugares más instagrameables de todo el recorrido. Si vamos en dirección a la misma y seguimos por la izquierda, regresaremos a Seikigoya.
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Escaleras de acceso al mirador Churaumi. Están al lado de la roca de Gokū.
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La roca del Dios Dragón, situada en la cima de la roca de Gokū, era un lugar de culto ya en la antigüedad.
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El muro del Bosque de Piedra es el lugar de Daisekirinzan donde se concentraría la mayor cantidad de energía espiritual. Los primeros rayos del sol le confieren un aspecto divino.
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Vista desde el mirador Churaumi. A la derecha, Iheyadake; a la izquierda, el cabo Hedo sobresale en el mar.
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Un lugar de rezo que bien podría pasar desapercibido por encontrarse entre piedras.
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El laurel de Indias de la Felicidad. Hay quienes dicen haber oído aquí la voz de los espíritus.
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Hay hasta 60.000 cicas silvestres en Daisekirinzan.
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Agarimē, un lugar de culto cuyas piedras han sido colocadas para que entren los primeros rayos del sol.
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Un laurel de Indias sagrado en las inmediaciones del punto de venta de entradas.
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El cabo Hedo, el punto más septentrional de la isla principal de Okinawa. Hay plazas de aparcamiento y una oficina de turismo en las inmediaciones.
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Monumento a la Lucha por la Devolución a la Patria, erigido en 1976. Aquí y en Yoron-jima, la isla al otro lado de la costa, se prendió la mecha del movimiento por la devolución de Okinawa a Japón.
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El edificio que alberga el mirador se encuentra al lado de este rascón de Okinawa de 11,5 metros de altura.
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Vista del cabo Hedo desde el mirador Yanbarukuina. Antes del cabo se encuentra Uza-hama, la playa más septentrional de Okinawa.
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Vista de Kayauchibanta, uno de los cien mejores paisajes de Okinawa en el marco de una nueva iniciativa para fomentar el turismo.
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Planes interesantes para el camino de vuelta desde Daisekirinzan: piragüismo en el río Gesashi, que atraviesa un bosque de manglares, senderismo por la cascada Tā…
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