La rápida recuperación del terremoto de Kobe de 1995

El Gran Terremoto de Hanshin-Awaji que asoló el área de Kobe en 1995 provocó 6.434 víctimas mortales, y cerca del 80% fallecieron en el acto por el derrumbe de viviendas o el desprendimiento de mobiliario. Tras la catástrofe se revisaron las medidas de prevención y se introdujeron exigencias antisísmicas más estrictas para los edificios. (Foto: Studio right/PIXTA)

En 1995, Japón sufrió otro terremoto importante, el Gran Terremoto de Hanshin-Awaji, que asoló el area de Kobe. Se produjo justo cuando el sistema financiero del país soportaba otra vez grandes tensiones después del estallido de las burbujas financieras de 1992. George Horwich, de la Universidad de Purdue, ofreció una visión general del impacto en un artículo titulado “Economic Lessons of the Kobe Earthquake“(Lecciones económicas del terremoto de Kobe). (*4)

Horwich comienza por señalar que, inmediatamente después del seísmo, los observadores extranjeros pronosticaron que Kobe tardaría muchos años en recuperarse del siniestro. Por ejemplo, en el “World Disasters Report 1996“ (Informe mundial sobre desastres 1996), publicado por Oxford University Press, se calculaba que la reconstrucción, teniendo en cuenta los tremendos daños que había sufrido Kobe, se tomaría unos diez años. Las viviendas destruidas representaban, en términos monetarios, la mitad del total de los daños, pero la industria también había recibido un duro golpe. El daño era especialmente severo en el caso de las actividades portuarias, lo que representaba alrededor del 40% de producto industrial bruto de la ciudad, ya que las instalaciones del puerto estaban en ruinas. Este y otros daños en el capital social representaban una cantidad enorme: Horwich, basándose en el índice de intercambio comercial de la época, estima una cantidad de 114 mil millones de dólares estadounidenses, equivalentes a nueve billones de yenes, aproximadamente.

Tramos elevados de autopista derrumbados en varios lugares de Kobe. La Autopista de Hanshin, gravemente dañada por ese terremoto, volvió a estar abierta a la circulación veintiún meses después. (Foto: Kawaguchi Tsutomu/PIXTA)

Sin embargo, la reconstrucción real fue sorprendentemente rápida y se terminó en menos de diez años. Un año después del terremoto, aunque solo se había reconstruido la mitad de las instalaciones portuarias, la cantidad de importaciones registradas por las oficinas de la aduana de Kobe había vuelto al nivel anterior al terremoto y las exportaciones habían recuperado el 85% de su tendencia anterior. En marzo de 1996 (quince meses después del seísmo) la manufactura había recuperado el 98% del nivel previo al terremoto. En julio de ese año (dieciocho meses después del terremoto), el 100% de los grandes almacenes de la ciudad y el 79% de los comercios minoristas volvían a estar operativos. En octubre (veintiún meses después del terremoto) la Autopista de Hanshin fue reabierta al tráfico. Y en enero de 1997 (dos años después del terremoto) se terminó de limpiar los escombros causados por el seísmo.

Horwich explica la velocidad de la recuperación apoyándose en los principios económicos. El terremoto destruyó una cantidad considerable de capital social (plantas y equipamientos), pero esto no es algo tan fundamental que haga imposible la actividad productiva. Existen también otros factores, notablemente el capital humano. En otras palabras, la producción es posible mientras exista personal con una firme voluntad de trabajo y una gran preparación.

La amplia remodelación realizada en el puerto de Kobe tras el terremoto de 1995 incluyó la construcción de este paseo marítimo.

Con independencia de los daños que haya sufrido el capital social a causa de un desastre, si un área conserva todavía capital humano, finalmente se reanudará la producción. Los trabajadores repararán las plantas y equipamientos dañados. Mientras se repara la maquinaria, trabajarán más horas con el fin de recuperar el retraso en la producción. Tal y como señalé anteriormente, un año después del terremoto de Kobe, se había reparado solo la mitad de las instalaciones del puerto, pero la cantidad de importaciones y exportaciones había vuelto a los niveles anteriores al seísmo. Esto fue posible porque se flexibilizaron los topes de las horas extras para los trabajadores portuarios; al trabajar más horas, redujeron las desventajas de las instalaciones dañadas.

Horwich apunta al papel de la sustitución como punto clave en este aspecto y escribe: “El primer principio de la economía sostiene que la producción es posible con combinaciones variables de recursos”. (*5) En el caso de la actividad productiva, si no es posible utilizar un método, se lo puede reemplazar por otro. Por ejemplo: si se ha destruido el capital social, la producción intensiva del capital se puede sustituir con mano de obra intensiva. Y cita este principio para explicar la capacidad de Kobe para recuperar el 98% de su nivel de producción industrial anterior al terremoto, en términos de valor, en solo quince meses.

Indicaré un punto adicional. La destrucción resultante de un gran desastre como el de este terremoto afecta al capital social de un país y otros bienes físicos; no es una medida directa del impacto sobre el flujo de producción y los ingresos que componen el producto interior bruto (PIB) del país. Consideremos el ejemplo siguiente: un campesino tiene cien hectáreas de terreno cultivable, pero cinco de ellas no puede explotarlas por culpa de la polución u otras causas. Supongamos que este campesino obtiene sus ingresos del cultivo de granos. ¿Sus ingresos menguarán necesariamente a consecuencia de la polución que ha vuelto inutilizable parte del terreno? La respuesta es no. El campesino todavía puede aumentar sus ingresos con el aumento de la productividad de las restantes 95 hectáreas utilizando, por ejemplo, más fertilizantes o trabajando más horas en el campo.

En otras palabras, aunque disminuya un factor de producción, es decir, el suelo, todavía es posible lograr el aumento de los ingresos (producción) con la sustitución por mayores insumos de otros factores de producción tales como los fertilizantes o las horas de trabajo. Por supuesto, si el campesino fuera a vender su finca, los ingresos disminuirían en una proporción del 5% del terreno que se ha vuelto improductivo. En otras palabras, el campesino se habría vuelto más pobre en lo que a sus activos se refiere. Pero respecto a sus ingresos anuales, podrían ser incluso mayores que antes.

En el caso de la recuperación de Kobe, esta clase de sustitución intervino en varios aspectos. Por ejemplo, cuando las compañías reemplazaron el equipamiento perdido en el terremoto, no se limitaron a instalar las mismas máquinas de antes y adquirieron el equipamiento más nuevo del mercado. En este sentido, el terremoto tuvo el efecto positivo de fomentar un avance en la tecnología de producción. Además, los fabricantes que habían visto interrumpida la cadena de suministro a causa de los daños ocasionados por el terremoto de Kobe, tuvieron la capacidad de repararla rápidamente con el traslado de la producción a otras áreas. Algunas actividades de producción dejaron de hacerse en Kobe a consencuencia del terremoto. Por ejemplo, aunque la cantidad de exportaciones e importaciones volvió a los niveles previos al seísmo, la importancia de las operaciones del puerto de Kobe y su posición entre los puertos asiáticos decayeron a continuación.