Las energías renovables no salvarán a Japón

Las energías renovables han estado en el centro de la atención pública desde el accidente nuclear de Fukushima, pero no son un “salvador” que pueda sustituir inmediatamente a la energía nuclear. Japón dispone de considerables recursos latentes en energía solar, eólica, geotérmica, de biomasa y otros tipos de energías naturales. No obstante, la utilización de estos recursos de una forma comercialmente viable plantea unos retos muy importantes que necesitan tiempo para resolverse: la ampliación de las operaciones para producir economía de escala y reducción de costes y la difusión de estas tecnologías.

Los recursos de energía fósil como el petróleo, el GNL y el carbón son, en cierto sentido, las existencias de la energía solar acumulada durante siglos. Por su parte, las energías renovables, con la excepción de la energía geotérmica, son el “flujo” de la energía solar. Como tal, su densidad energética es baja. Esto significa que las energías renovables son inferiores en términos económicos, lo que lleva a la pregunta técnica de cómo superar esta desventaja.

Otro inconveniente con que se enfrentan las energías renovables es que su oferta es inestable debido a la dependencia de las condiciones naturales. Además, al tratarse de energías de baja densidad, requieren una extensión más amplia de espacio para sus instalaciones.

Analicemos lo que significa esta necesidad de espacio. Por citar un ejemplo bastante conocido, en el caso de la energía solar, para crear la misma cantidad de electricidad que genera un reactor nuclear de mil megavatios en un año se requeriría un espacio equivalente al terreno que rodea a los aproximadamente 63 kilómetros cuadroados de la línea ferroviaria de Yamanote que circunda el centro de Tokio. Y varias veces más ese espacio en el caso de la energía eólica. Dicho de otro modo, para convertir recursos en potencia de energías naturales de baja intensidad en suministro eléctrico, lo cual es una forma altamente refinada de energía, sería necesario contar con una enorme distancia, grandes extensiones de terreno y una gran innovación técnica para conseguirlo.

La energía eólica también tiene sus propios problemas, como la contaminación acústica de baja frecuencia y el impacto visual sobre el paisaje, además del daño que puede causar cuando manadas de pájaros chocan contra sus turbinas. A pequeña escala, estos problemas no son tan visibles, pero si instalásemos centrales eólicas a gran escala con miles de turbinas, serían problemas imposibles de ignorar.

Por su parte, la energía geotérmica es un tema en el cual Japón goza de un potencial considerable. Como es lógico, muchos recursos geotérmicos están ubicados cerca de zonas termales. Existe una considerable oposición al desarrollo a gran escala de este tipo de recursos entre quienes dependen de las actividades económicas relacionadas con las aguas termales, porque ello puede amenazar a su subsistencia si acaban agotando el flujo de agua caliente. Pero puede ser posible superar esta resistencia local haciendo que esas personas se involucren en los proyectos energéticos de alguna manera, permitiéndoles recibir beneficios de las operaciones resultantes. Si no se encuentran métodos para obtener un medio de coexistencia con los habitantes de las zonas locales, el uso de la energía geotérmica no podrá generalizarse fácilmente.

La cuestión de la contaminación acústica de baja frecuencia provocada por la generación de la energía eólica sobre el terreno ha obligado a Japón a centrar su desarrollo tecnológico en la energía eólica a cierta distancia de la costa. En Europa, donde Dinamarca, Alemania y otros países ya han instalado turbinas en gran parte de su territorio más apto para la energía eólica, la falta de ubicaciones adicionales y la inquietud acerca del daño paisajístico han motivado un cambio a instalaciones eólicas a cierta distancia de la costa. La zona costera del Mar del Norte, en donde están ubicadas la mayoría de estas instalaciones, es relativamente poco profunda, unos cincuenta metros o tal vez menos. Esto permite instalar turbinas fijadas sobre el fondo marino. Aunque parece ser que este tipo de turbinas son un 30% más caras que las instaladas en tierra firme. En el caso de Japón tendría que depender principalmente de turbinas eólicas flotantes porque sus aguas son más profundas. También existe el problema de ofrecer compensaciones a los propietarios de los derechos de pesca costera de esas zonas.

Así pues, la generación de electricidad mediante energías renovables no es tan sencilla como disponer de los recursos necesarios y desarrollarla sin más.

Además, existe el problema del encarecimiento de los costes. Como he explicado anteriormente, la densidad de este tipo de energía es baja, lo que la hace menos viable económicamente que las fuentes de energía fósil. De un modo u otro, las subvenciones estatales se convierten en un elemento inevitable. La forma más eficaz de fomentar la inversión en energías renovables es utilizar un sistema tarifario por incentivos mediante el cual se obliga a las empresas eléctricas, durante un plazo fijo, a comprar la electricidad generada mediante energías renovables a un precio prederminado por el gobierno. En el caso de Europa, la introducción de sistemas similares a este ha dado un fuerte impulso al desarrollo a gran escala de las energías renovables.

En el caso de Japón, primero se introdujo en 2009 un sistema de recompra de los excedentes de electricidad generados por los paneles solares de los hogares y, más tarde, en agosto de 2011, fue aprobada una ley que garantiza la compra de toda electricidad generada mediante energías renovables por parte del gobierno, y estipula su pago aumentando la tarifa. Aunque puede esperarse que el nuevo sistema acelere la introducción y expansión de este tipo de energías, será necesario obtener el consenso de la opinión pública respecto a los costes que ello implica. La falta de estabilidad de la oferta es el principal problema con que se enfrentan las energías renovables. Para superar este inconveniente deben desarrollarse tecnologías de aprovechamiento de electricidad. Si no se cuenta con capacidad de almacenamiento de la energía sobrante, las energías renovables no progresarán para llegar a convertise en una forma de energía de alta calidad. En la actualidad existe una intensa competencia para el desarrollo de tecnologías de almacenamiento, pero hoy por hoy no está claro cuándo estarán disponibles o cuánto costarán.

Por lo tanto, es necesario comprender que antes de que la energía renovable pueda convertirse en una alternativa viable a las energías térmica y nuclear, deben aplicarse acciones para la resolución de problemas y generar resultados en una amplia gama de áreas.