Las perturbaciones de una política inestable opacan el futuro

No solo los mercados financieros son inestables. Las perturbaciones políticas contribuyen también a hacer menos transparente el futuro. La inestabilidad política de Oriente Medio podrá convertirse en un factor negativo para la recuperación de la economía mundial, pero nunca en un dato positivo.

Sin embargo, la inestabilidad en el ámbito internacional no es un fenómeno nuevo. Lo grave es la situación de la política nacional en cada uno de los países desarrollados. Acerca de la política japonesa, no harán falta muchas explicaciones. Resulta amargo recordar lo que dijera el intelectual Fukuzawa Yukichi (1835-1901): “Y también en nuestro país, Japón, el pueblo tiene la política que se merece”.

Cuando la confusión política hace imposibles las previsiones y aumenta la indeterminación, el influjo que esto ejerce sobre la economía es enorme. La actividad económica, con el consumo a la cabeza, se guía por la previsibilidad o calculabilidad. Las inversiones se basan en el cálculo de los beneficios que se espera obtener en el futuro y por ello nunca pueden librarse de la indeterminación, pero aun así no son un simple juego. Las inversiones se hacen porque, pese al riesgo, existe alguna perspectiva prometedora, y de esta forma se consigue ampliar el empleo y la producción. Como he dicho anteriormente, después del shock causado por la quiebra de la financiera Lehman Brothers, no se ha reformado a fondo el mercado financiero. Se advierte aquí la incapacidad de la política para adoptar una actitud decidida al respecto.

En Estados Unidos, la situación es similar a la de Japón. Por lo que respecta a las finanzas, los dos grandes partidos han venido poniendo en vigor durante cerca de 30 años confusas políticas a corto plazo. Al llegarse en 2003 a Medicare Part D (la parte que establece la gratuidad de los medicamentos), el Congreso incumplió la regla de establecer una nueva fuente de ingresos fiscales para una nueva partida de gasto público. En la fijación de los presupuestos para 2010 el presidente Obama aplazó el recorte de cuatro billones de dólares en los gastos del gobierno federal. Por otra parte, para asegurarse los ingresos por impuestos no se han tomado medidas radicales. Difícil será evitar la calificación de “populismo”. Si hacemos un cálculo de lo que se gastará en el futuro en la sanidad pública y en el conjunto de la seguridad social, las posibilidades de una declaración de bancarrota no son nulas.

En cuanto a Japón, vemos que tampoco hay coherencia a la hora de abordar el déficit presupuestario. Personalmente no he sido hasta ahora partidario de la austeridad o contención presupuestaria, pero cuando, al pensar de dónde podrían obtenerse los fondos necesarios para la reconstrucción tras el último gran terremoto, manifesté que habría que pensar en complementar la emisión de deuda pública con un aumento provisional del impuesto sobre el consumo, se me criticó duramente, diciendo que cómo se me ocurría tal cosa en una situación económica tan mala. Se estima que los costes de reconstrucción, sin incluir los derivados del accidente nuclear, rebasarán ampliamente los 20 billones de yenes, y aun así esta cantidad podría parecer pequeña si se la compara con los 900 billones del total de lo que debe el Estado. Por eso suena razonable cuando alguien dice que hay que financiar ese coste solo con deuda pública. Pero es que lo que le hace falta al Japón actual es un espíritu comunitario, es pensar que la reconstrucción es algo en lo que debe ayudar la actual generación de japoneses, en lo que cada ciudadano debe hacer su contribución. ¿No es función de la política fomentar la unidad del pueblo en tiempos de crisis?

La objeción de que la subida del impuesto sobre el consumo repercute negativamente sobre la coyuntura económica es errónea en dos puntos. La inversión privada y pública para la reconstrucción debe suplir la disminución de la renta individual disponible. Los ingresos extras derivados del aumento impositivo deben convertirse obligatoriamente en gasto público. Lo importante es la demanda efectiva. A diferencia del impuesto sobre el consumo, los otros impuestos generan una desigualdad entre niveles de renta y edades, y el impuesto sobre las utilidades de las corporaciones (impuesto de sociedades), en tanto merma la competitividad de las empresas japonesas frente a las extranjeras, surte un efecto negativo. Por tanto, es con el aumento del impuesto sobre el consumo con lo que debe obtenerse el grueso de esos recursos. Sin embargo, a mediados de noviembre, los partidos de Democrático de Japón, Liberal Democrático y Nuevo Kōmeitō acordaron habilitar fondos públicos para la reconstrucción por valor de 10,5 billones de yenes, que provendrán principalmente del impuesto sobre la renta y del impuesto sobre las utilidades de las corporaciones, estableciendo para la amortización de esa “deuda de reconstrucción” el plazo, un tanto indefinido, de 25 años. Es decir, que la política no ha apelado a la solidaridad de la presente generación de japoneses.