Lo nunca visto: Gobierno, empresas y vecinos se ponen a hablar
Presentaré a continuación otro aspecto del problema medioambiental chino. Un ejemplo nos lo sirve el Lago Taihu, situado en la provincia costera de Jiangsu (Este). La contaminación de la cuenca de este lago empezó a ser un problema grave a raíz de los planes de desarrollo de los años 90. En 2007 se detectó una presencia importante de algas en sus aguas. Esto obligó a interrumpir el abastecimiento de agua potable a la ciudad de Wuxi, causando una gran alarma social (Nakao y otros 2009).
La provincia de Jiangsu, junto a las de Shanghai y Zhejiang es una de las áreas económicamente más avanzadas del país y su gobierno está implementando una activa política de protección ambiental, de la que ha hecho uno de sus principios rectores, con el propósito de hacerla compatible con el crecimiento económico, un pensamiento difundido bajo el lema de xiaokang shehui (sociedad habitable, de nivel aceptable).

Siguiendo este principio rector, desde la segunda mitad de los años 90, se ha llevado a cabo una política ambiental avanzada y experimental, que incluye medidas tan poco comunes en China como la instauración de un sistema que cierra el acceso al crédito bancario a las empresas que no hagan públicos sus datos medioambientales, o el sistema de derechos de emisión DQO (demanda química de oxígeno, parámetro utilizado como estándar medioambiental en ríos, lagos y mares), un proyecto piloto de compraventa de derechos de emisión de sustancias contaminantes.
No puede decirse que estas políticas hayan permitido atajar todos los problemas, pero algunos de sus aspectos han suscitado interés, como las mesas redondas en que se dan cita el Gobierno, los empresarios y los vecinos de determinadas áreas para debatir temas medioambientales (Ōtsuka 2010). La realización de estas mesas redondas, iniciativas comparables a la Comisión de la Cuenca del Yodogawa y otras comisiones hidrográficas existentes en Japón, es en sí misma un hito histórico en China. Que empresas, vecinos y ONG tomen la iniciativa en la resolución de los problemas ambientales es muy importante para elevar la efectividad de las políticas y favorecer la previsión, y parece que en China están empezando a tomar conciencia de esa importancia.
Asia Oriental: una geopolítica ambiental que dificulta las relaciones de cooperación
En el ámbito internacional, el problema del calentamiento global pasó a ser uno de los puntos principales de la agenda mundial con la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992). Europa, con Reino Unido a la cabeza, ha venido liderando el debate mundial con un acercamiento muy idealista al problema medioambiental, incluyendo su faceta ética. El trasfondo que explica esta actitud es la relativa facilidad con que podía abordarse el problema de la ineficiencia energética y las altas emisiones de dióxido de carbono de los países de Europa Oriental, que como resultado del fin de la Guerra Fría venían incorporándose a la Europa unida. Puede decirse que la homogeneidad política y económica que se ha gestado en la Unión Europea una vez terminada la época de la Guerra Fría ha creado unas relaciones de mutuo beneficio entre sus miembros, que se han extendido también al problema medioambiental.
La situación es diferente en la región de Asia Oriental. La homogeneidad interna que vemos en Europa en el plano político y en el económico no se da aquí y esto dificulta la creación de relaciones de reciprocidad. En Asia Oriental hay economías de mercado (Japón, Corea del Sur) y hay países que, como es el caso de China, han dado un giro radical hacia ese mismo modelo económico manteniendo al mismo tiempo un sistema de dominio por parte del Partido Comunista heredado de la época del socialismo de Estado. En una región tan variada, no es fácil crear relaciones estratégicas de mutuo beneficio que funcionen tanto política como económicamente.
En el aspecto medioambiental, tanto si nos fijamos en problemas como el PM2.5 o el de la arena suspendida en el aire que es arrastrada por el viento, o en otros problemas como la contaminación marina, suele señalarse la importancia que cobra las ubicación geográfica relativa en los problemas relacionados con el viento dominante y las corrientes de agua. Esta región del mundo tiene una geopolítica muy particular, pues en la parte en que se originan los vientos dominantes está China, un país que sufre muchos problemas de contaminación ambiental causados por la actividad industrial, como el del dióxido de carbono, y en la parte que recibe esos vientos se sitúa Japón, dotado de tecnologías del más alto nivel en campos como ahorro energético o prevención de la contaminación ambiental.
Al abordar problemas medioambientales de escala mundial como el calentamiento global o la lluvia ácida, en Europa se da la particularidad de que esas amenazas son necesariamente compartidas dentro del espacio europeo, mientras que en Asia Oriental es más difícil encontrar amenazas que sean percibidas como comunes, dada la posición perfectamente definida que ocupa cada país en el mapa de los vientos. Además, dentro del proceso de desarrollo económico que atraviesa China, hay áreas (por ejemplo, dentro de las tecnologías medioambientales, podríamos citar los paneles solares o los purificadores de ácido sulfúrico) en las que China no necesariamente depende de Japón. Japón parece tener una especial fijación en la cooperación en materia tecnológica, pero se advierten carencias en aspectos tan esenciales como la consecución de un marco de cooperación interregional.
Relaciones estratégicas de mutuo beneficio en una región de grandes desastres naturales
Queda entonces saber si también en Asia Oriental podrá llegarse algún día a establecer relaciones estratégicas de reciprocidad en la cooperación medioambiental. Una posibilidad es la idea de seguridad medioambiental, que comenzó a utilizarse en los años 90 en Reino Unido, con la que se pretende favorecer la previsión en el tema de los problemas medioambientales, en tanto su solución contribuye a la estabilidad política y social de las regiones y estados implicados. Además, en el caso de Asia Oriental, hay algo muy característico que añadir a esta idea.
En Asia Oriental, aunque también podríamos sumar a ella en este caso Asia Sudoriental, vemos que está dominada por el clima monzónico, que afecta a todos los países de la cuenca del Pacífico, especialmente a los situados en la orilla asiática del mismo, y al mismo tiempo por la gran actividad sísmica y volcánica causada por el Cinturón de Fuego del Pacífico. El monzón asiático es el causante de la característica temporada de lluvias que sigue a la primavera y de los desastres acarreados por los tifones y otros fenómenos, y el Cinturón de Fuego explica el gran número de terremotos y maremotos, de los que hemos visto una dolorosa muestra recientemente en Japón (Gran Terremoto del Este de Japón), o en Indonesia y Tailandia (Terremoto de Sumatra).
La cuenca del Pacífico, especialmente las regiones de Asia Oriental y Asia Sudoriental, están entre las regiones del mundo más castigadas por los desastres naturales. Los fenómenos causados por la acción humana, como el calentamiento global, son ciertamente muy inquietantes para nosotros. Se ha dicho que el tifón que asoló regiones de Filipinas a finales de 2013 fue de algún modo consecuencia de ese fenómeno. En realidad, habría que hablar de la necesidad de un marco de cooperación internacional para hacer frente, además de a estos problemas originados en actuaciones humanas, a todo tipo de amenazas, incluyendo los problemas que implican cambios en el entorno natural, como las erupciones volcánicas o los terremotos, que representan una amenaza para la humanidad (Yonemoto 2011). Si Asia Oriental es capaz de compartir estas ideas y de plantearlas al mundo, habrá alguna posibilidad de que surja, también en los asuntos medioambientales, ese tipo de relación estratégica de mutuo beneficio entre los países de la región.
Efectividad de los equipos científicos multinacionales
De hecho, hay casos en que un problema medioambiental ha servido para que dos países que en principio no parecían proclives a colaborar mutuamente se dieran la mano para formar un equipo de investigación internacional. El Proyecto Amur-Ojotsk, llevado a cabo por el referido instituto Chikyūken bajo la dirección del profesor asociado Shiraiwa Takayuki, está proponiendo a los países de la cuenca del Amur, no cooperantes a nivel gubernamental, que incluso después de la conclusión del mismo, sigan creando líneas de colaboración entre sus científicos. Se trata de canalizar, a ese nivel, una iniciativa bautizada Consorcio Amur-Ojotsk, mediante la cual, tras poner de relieve la importancia de la conservación medioambiental del Amur y del mar en que desemboca, se exploren posibilidades beneficiosas para el conjunto de los países mientras, paralelamente, se trata de dar solución conjunta a los problemas medioambientales comunes. Creo que es importante no limitar la colaboración a la política y a la economía, y perseverar también en otras líneas alternativas, con proyectos a largo plazo que ayuden a crear un clima de confianza entre los países.
Hasta ahora, la colaboración nipo-china en temas medioambientales solía tomar la forma de una cooperación bilateral. Pero en una región marcada por la heterogeneidad de los modelos políticos y económicos de sus países integrantes, quizás sea más necesaria la cooperación multilateral. Por otra parte, en Japón se tiende a pensar que la tecnología medioambiental japonesa es excelente mientras que China está retrasada en la materia, lo cual ha conducido invariablemente a elegir fórmulas como la cooperación tecnológica o el suministro de tecnología. Pero aferrarse a estas fórmulas fijas puede ser un obstáculo al progreso.
Me gustaría insistir aquí, una vez más, en que Japón debería abogar por un mayor protagonismo de los proyectos internacionales de investigación entendidos como bienes públicos internacionales. En decir, que Japón debería manifestar con más fuerza que los problemas medioambientales son de alguna forma parte de la seguridad nacional de los países implicados, y que resolverlos conduce finalmente a una mayor estabilidad de esa región del mundo. Para ello, creo que la mejor manera es promover la formación de equipos multinacionales de investigación.
Bibliografía consultada:
Aikawa Yasushi: Chūgoku osen – “Kōgai tairiku” no kankyō hōkoku (Sofbank Creative, 2008)
Imura Hidefumi: Chūgoku no kankyō mondai – Ima nani ga okite iru no ka (Kagaku dōjin, 2007).
Ōtsuka Kenji (edición): Chūgoku no mizu kankyō hozen to gabanansu – Taiko ryūiki ni okeru seido kōchiku ni mukete (Ajia Keizai Kenkyūjo, 2010).
Kubota Junpei; Nakamura Tomoko (coautores): “Chūgoku no mizu mondai to sessui seisaku no yukue” (incluido en la edición de Akimichi Tomoya; Komatsu Kazuhiko; Nakamura Yasuo: Hito to mizu I: Mizu to kankyō (Bensei Shuppan, pág. 275-304, 2010).
Nakao Masayoshi: Qian Xin; Zheng Yuejun (edición): Chūgoku no mizu kankyō mondai– Kaihatsu no motarasu mizubusoku (Bensei Shuppan, 2009)
Fukushima Yoshihiro: Kōga danryū – Chūgoku kyodai kasen wo meguru mizu to kankyō mondai (Chikyūken Sōsho, Shōwadō, 2008).
Horii Nobuhiro (editor, autor): Chūgoku no jizoku kanō na seichō – Shigen, kankyō seiyaku no kokufuku wa kanō ka? (Ajia Keizai Kenkyujo, 2010).
Yonemoto Shōhei: Chikyū hendō no poritikusu (Kōbundō, 2011).
(Fotografía del titular: Pekín, una ciudad que sufre un grave problema de contaminación atmosférica. Fotografía cortesía de Imaginechina/Aflo)
(Escrito el 7 de mayo de 2014 y traducido al español del original en japonés)
