Hato-no-Machi: mantener vivo el pasado
A unos minutos de allí, en Higashi-Mukōjima, hay otra calle comercial shitamachi que ha lanzado un ambicioso proyecto para atraer a jóvenes mentes creativas a la zona en un intento de revitalizar el vecindario y garantizar la supervivencia de su calidad única.
A simple vista, parece que el tiempo se hubiera parado en la calle comercial Hato-no-Machi, formada por un entramado de callejones estrechos donde se alinean bicicletas oxidadas y máquinas expendedoras descuidadas. Su historia se remonta a hace unos ochenta años, lo que vendría a ser la historia antigua de Tokio; es una de las pocas zonas de la capital que apenas sufrió daños durante los bombardeos de 1945.
Cerca de la entrada hay una bomba de agua azul, que aparece diminuta en comparación con la figura dominante de Skytree detrás de ella. El agua de la lluvia que cae sobre los tejados de las casas de la zona se almacena para poder usarse en caso de incendio o cualquier otra emergencia. Los callejones son tan estrechos que los camiones de bomberos no caben; el único ruido de tráfico que se escucha es el ocasional rugido de la moto de alguna tienda; al otro lado de la calle se percibe la música procedente de una radio con el volumen bajo, y desde el patio de la guardería de la esquina se oyen los gritos de los niños.
El boom de la posguerra
Aunque resulta difícil de imaginar a día de hoy, en los primeros años de la posguerra Hato-no-machi era un barrio rojo con mucha actividad, una de las zonas en las que las autoridades de la ocupación aliada hacían la vista gorda a la prostitución. Se dice que el lugar tomó su nombre, “la calle de las palomas”, en español, de una expresión utilizada para referirse a las mujeres que trabajaban allí. Algunos edificios que servían como casas de citas todavía se conservan; se pueden distinguir por las baldosas que decoran la fachada y que les dan una apariencia de baño público, pero como si alguien le hubiera dado la vuelta a las paredes del baño para que las interiores se convirtieran en las exteriores. Una de ellas presenta extravagantes pilares y aleros cubiertos de baldosas brillantes de color rosa y verde alrededor de la entrada, cerrada con tablas de madera; apoyado en la puerta se ve un paraguas que alguien ha decidido tirar.
Del alero del edificio contiguo cuelga un cartel que avisa de que se pueden hacer llamadas y enviar telegramas desde allí.
El restaurante y cafetería El Edén lleva abierto desde 1959, cuando la zona estaba en pleno apogeo. "En aquella época tenías que tener cuidado", recuerda el dueño con una sonrisa. "Todavía andaban por aquí muchos tipos de esos", dice mientras se toca con una dedo la mejilla de un extremo a otro, gesto que sirve para hacer referencia a la yakuza o mafia japonesa. "Se fueron hace mucho tiempo; ahora sólo quedan los buenos", añade. Muchos clientes habituales de El Edén llevan siéndolo décadas, y la cafetería se ha convertido en un lugar donde los residentes de la zona se reúnen y le dan a la lengua. "Por cierto, ¿qué día es hoy?", pregunta un hombre mayor en la barra cuando le sirven el menú especial del día.
La historia de la calle comercial Hato-no-Machi se remonta a hace unos ochenta años. Tras el cierre del barrio rojo en la década de los cincuenta, empezó a prosperar como zona comercial especializada en productos frescos. Durante un tiempo, las casas de geishas y los restaurantes tradicionales de la vecina Mukōjima fueron sus principales clientes, pero en cuanto esos lugares cayeron en desgracia entre los políticos y hombres de negocios con influencia, la zona entró en decadencia. Los residentes se iban haciendo mayores, y muchos comercios echaron el cierre de manera permanente", cuenta Matsuhashi Kazuaki, propietario de la peluquería Cut Bank y presidente de la asociación local de comerciantes.
Atraer a las nuevas generaciones
Con todo lo bien que se ha conservado el ambiente de la zona, ésta guarda cierto encanto exótico propio para una nueva generación. Matsuhashi cree que esto puede ser la clave para revitalizarla y conservarla de cara al futuro.
"Queremos conservar la atmósfera y la historia únicas de la zona y, al mismo tiempo, revitalizarla y asegurarnos de que sigue siendo viable en el futuro. De esta idea surgió en 2008 el proyecto "Challenge Spot! Suzuki-sō”. Decidimos que la mejor forma de darle un soplo de aire fresco a la zona era animar a gente joven con ideas nuevas a mudarse aquí", explica Matsuhashi. Hace unos años, la asociación local de comerciantes arrendó el edificio Suzuki-sō, un bloque de apartamentos abandonado que iba a ser demolido, para alquilárselo a su vez a jóvenes con ideas de cómo hacer un uso creativo del mismo. "Intentamos que la renta sea mínima. Se trata de que lo usen jóvenes para hacer artesanía, proyectos artísticos de pequeña escala, cualquier cosa que sea creativa, en realidad", explica. A día de hoy, el edificio está ocupado en su totalidad.
Kami Kōbō Dōchidō, una papelería con aspecto de boutique, es uno de los negocios ubicados en el edificio. En su interior, minimalista y austero, se exponen originales cuadernos, hojas de papel y postales, muchos de ellos elaborados haciendo un uso creativo de cortes reciclados de cajas de cartón y trozos de papel desechado. "La idea de crear este negocio fue de mi marido. Solíamos ayudar a mis padres en su pequeña empresa papelera, situada río abajo, en Ryōgoku. Él se dedicaba a recoger los fragmentos de papel del suelo, pues decía que tirarlos era un desperdicio; cuando nos enteramos de este proyecto, pensamos que se trataba de una oportunidad ideal para nosotros", comenta la copropietaria de la tienda.
“Muchos artistas jóvenes, escritores y otras mentes creativas se están mudando a la zona; cuando se organizan actividades como ferias de libros de segunda mano y mercadillos, se llena de gente. Creo que los que vienen lo hacen atraídos por el aura antigua y la atmósfera especial. Se trata de algo difícil de encontrar en otros lugares de Tokio", añade Matsuhashi.
A la sombra de Skytree
Otro pequeño negocio local que se ha beneficiado de la iniciativa local es Koguma, una cafetería con estilo que hace un uso creativo de una casa antigua de madera que data de 1927 y que antaño albergaba una farmacia comunitaria; en su interior, todavía se observan antiguos frascos de medicinas. Los clientes se sientan en viejos pupitres de escuela y degustan especialidades tan clásicas como la soda con helado y el arroz con gratinado de curry.
Sus dueños visitaron la zona por primera vez como parte de un grupo de teatro. "Nos atrajo la atmósfera; no es típica de Tokio en absoluto. Aquí existe un sentimiento real de comunidad. Cuando nos enteramos de que había locales para alquilar, habían pasado tres años desde que habíamos empezado a frecuentar la zona. ¡No dejamos escapar la oportunidad!", cuentan.
Además de haber conservado las características originales del edificio, los dueños están esforzándose en mantener el ambiente característico de la zona y en tratar de llegar tanto a los ancianos que residen allí como a las multitudes de jóvenes que se acercan desde fuera los fines de semana.
"Solíamos realizar nuestras representaciones teatrales al aire libre para incorporar los sonidos naturales del ambiente a cada actuación. Queremos hacer algo parecido aquí para conservar la calidad inherente al lugar", añaden.
"Nuestros amigos nos decían que estábamos locos, que cómo podíamos abrir un negocio en esta parte de Tokio. Sin embargo, todo ha ido sobre ruedas. La apertura de Skytree ha contribuido a revitalizar la zona. No creo que su antigüedad sea una desventaja; en cierto sentido, me recuerda a los barrios humildes de París, o a los hutongs de Beijing (los callejones que conforman el casco antiguo). Es emocionante visitar lugares así como turista. Creo que permite hacerse una idea muy gráfica de una parte de la vida real en ellos, algo único; me parece que podemos ofrecerle a la gente eso mismo", prosiguen.
Matsuhashi dice que los esfuerzos realizados ya han empezado a dar frutos. "Gracias a negocios como Koguma, estamos aprendiendo paulatinamente a transmitir nuestro mensaje al resto del mundo de una manera más eficaz. Muchos jóvenes han comenzado a venir. Espero que en el futuro podamos continuar aunando los conocimientos y experiencias de mayores y jóvenes. Si los residentes que llevan años aquí y los recién llegados son capaces de seguir trabajando juntos, estoy seguro de que conseguiremos construir un nuevo futuro para este lugar tan especial", concluye.
(Traducción del original escrito en inglés por Paul Warham. Fotografías de Yamada Shinji)












