La obra de Kurosawa en el mundo
Otro punto interesante de la presente exposición consiste en fijarse en las características de los carteles de películas en cada país, además de las diferencias entre ellos como muestra de las diferentes maneras que tenían los autores extranjeros de dichos carteles de entender y expresar las obras de Kurosawa. Los carteles italianos, por ejemplo, muestran tanto antes de la guerra como en la posguerra un gran respeto por el arte pictórico. Una obra que demuestra esta idea de forma impactante es el cartel de Kumonosu jō (Trono de sangre, 1957). En él aparece Mifune Toshirō atravesado por varias flechas, imagen que podemos suponer se inspiró en uno de los fotogramas enviados desde Japón para la promoción de la película, pero pese a tratarse de una cinta en blanco y negro el cartel cuenta con varios colores que añaden un efecto dramático, como el rojo de la sangre que brota de las heridas. Además, la tipografía usada para el título se asemeja en gran medida a la de muchas obras del género de terror tradicional de ese mismo país.

Por otro lado, no son pocos los casos en que el cartel de un país del Este de Europa, como Polonia o el territorio en aquel momento conocido como Checoslovaquia, muestra una estructura abstracta con gran énfasis en el propio diseño. El cartel polaco de Kakushi toride no san akunin (La fortaleza escondida), que para nada da la impresión de ser la imagen de una película de acción, es un ejemplo perfecto. En Cuba, país que no producía en esa época carteles de películas en grandes cantidades, existía la costumbre de imprimir en serigrafía. Así fue como se pudieron producir obras de tan alto valor artístico como el cartel de Akahige (Barbarroja, 1965).
Hablar de las películas de Kurosawa es también hablar de Mifune Toshirō, que protagonizó dieciséis de ellas. En los carteles extranjeros también llaman la atención aquellos en los que se muestra el rostro del actor, y de entre todos ellos el más impactante quizá sea el cartel estadounidense de Yōjimbō (1961), en el que más que la cara de Mifune aparece su expresión retratada con un único color prominente, como si fuera un recorte. Un cartel minimalista como este es, en dicho país, una rareza entre las películas de Kurosawa.
Kurosawa era un perfeccionista, y debido a sus grandes presupuestos la industria japonesa del cine comenzó a verse en una situación en la que pronto no podría mantener el ritmo del director. Fue en ese momento en el que Kurosawa decidió colaborar con el extranjero. Al recibir una oferta de Hollywood el cineasta, tras terminar el rodaje de Akahige, entró en preproducción para dirigir en Estados Unidos Runaway Train (El tren del infierno), pero el proyecto no llegó a materializarse (aunque se filmó años después, con otro director al timón). En 1968 comenzó a rodar Tora! Tora! Tora!, pero tras apenas un mes abandonó el proyecto. En esta exposición se puede admirar la icónica chaqueta del director, semejante a la que llevaban los miembros importantes del equipo en esa producción.
No fue hasta 1975 que Kurosawa logró completar una coproducción internacional: Derzu Uzala fue rodada en la antigua Unión Soviética. Posteriormente, en 1980, George Lucas y Francis Ford Coppola sumaron sus fuerzas para producir la versión internacional de Kagemusha, cinta que recibió la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cine de Cannes. En 1985 Kurosawa rodó Ran, una coproducción nipo-francesa, y en 1990 estrenó, con ayuda de Steven Spielberg, Yume (Sueños); la reputación de Kuwosawa en el extranjero le permitía ya plantearse todo tipo de producciones internacionales.
Desde Kagemusha hasta el ocaso de su vida, Kurosawa (que aspiró en su día a convertirse en pintor) comenzó a usar cuadros propios para explicar al equipo sus instrucciones como director. Algunas de esas pinturas se utilizaron en el cartel francés de Mādadayo, y otra de ellas, realizada para Kagemusha, en el cartel del 36 Festival Internacional de Cine de Cannes, en 1983.
Como colofón, Okada opinó sobre el diseño de la exposición.
“Simplemente con ver todos estos carteles nos quedamos con la impresión de que las obras de Kurosawa se fueron presentando al mundo de muy diversas maneras. Me parece muy interesante comprobar cómo diferentes diseñadores con distintos entornos culturales de todo el mundo fueron interpretando sus películas. Algunos capturan la esencia de la obra, mientras que otros buscan sus propios métodos expresivos. Algunos se adhieren a las normas de sus países, en lo que a carteles se refiere, mientras que otros las rompen. Las propias películas se hallan ambientadas en periodos diversos y poseen todo tipo de temas. Kurosawa es el único director de cine japonés capaz de aunar todos esos aspectos en una misma persona”.Conmemoración de la apertura del Archivo Nacional Cinematográfico
20 años tras la muerte de Kurosawa Akira: carteles de la colección de Makita Toshifumi
- Periodo: del 17 de abril de 2018 (martes) al 23 de septiembre (domingo)
- Cerrado los lunes y los días entre el 7 (martes) y el 12 de agosto (domingo), y entre el 4 (martes) y el 7 de septiembre (viernes)
- Lugar: Sala de exposiciones del Archivo Nacional Cinematográfico (séptimo piso); Tokio, Chūō-ku Kyōbashi 3-7-6 (a un minuto a pie desde la estación Kyōbashi de la línea de metro Ginza)
- Horario: de 11:00 a 18:30 (admisión hasta las 18:00)
- Los lunes, abierto de 11:00 a 20:00 (admisión hasta las 19:00)
- Precio: entrada normal, 250 yenes; universitarios, 130 yenes (para estudiantes de instituto, menores de 18 años, mayores de 65 años y personas con discapacidad, la entrada es gratuita)
- Página web: http://www.nfaj.go.jp/



