Misaki no kyōdai, estrenada en Japón el 1 de marzo de 2019, trata el difícil tema de la discapacidad, y se ha convertido en una obra discutida por su impacto entre el público en varios festivales de cine. Se trata del debut como director de Katayama Shinzō, que ha utilizado un guion propio para dirigir esta obra completamente independiente, en la que se ha implicado en todos los procesos, desde el montaje hasta la producción.
Fuerza espontánea
“Quiero hacer mi propia película”. Quienes llegan a convertirse en directores son aquellos capaces de realizar esa idea tan simple, que han tenido desde muy jóvenes. Este concepto, quizá algo obvio, quedó fuertemente impresionado en mi mente cuando conocí a Katayama Shinzō, que debuta como director al mando de Misaki no kyōdai (Los hermanos del cabo).
Cuando le pregunté sobre la ruta que lo llevó hasta su debut como director, Katayama me dio la impresión al hablar de haber ido acumulando experiencia desde que entró en el mundo del cine, pero cuando nos metimos de lleno con la producción de su propia película, el director aceleró de pronto el ritmo, y me hizo comprender que en ese camino eligió sus acciones con una fuerte convicción.
“Quise hacer cine desde que era estudiante de secundaria. Simplemente porque me encantaba, y siempre estaba viendo películas. También me gustaba mucho el manga, y llegué a considerar hacerme dibujante, pero lo cierto es que no dibujaba demasiado bien.”
Nada más graduarse en el instituto entró en una escuela de guion. No se trató de una decisión drástica, como mudarse a Tokio por amor al cine, sino que más bien eligió un lugar al que pudiera acceder en tren, desde la casa de sus padres en Toyonaka, Osaka. Tras estudiar un año allí, alternando la escuela con un trabajo por horas, entró en Eigajuku, una academia creada por el director Nakamura Genji que abría solo los fines de semana (sita en Takadanobaba, Tokio). Aunque terminó por mudarse a la capital, las razones fueron bastante simples: “La cuota era bastante barata, y podía asistir y seguir trabajando”.
Al entrar de forma tan espontánea en ese mundo de los cineastas tuvo la impresión de haberse convertido en uno más de sus residentes. Y sin embargo existían ciertas personas que debía conocer, en lugares de rodaje a los que le recomendaron acceder. Poco a poco fue ganando experiencia en rodajes reales como ayudante de dirección para directores como el coreano Bong Joon-ho o Yamashita Nobuhiro.
Una historia gestada a lo largo de diez años
Con 27 años fue a Corea del Sur para trabajar en Mother (2009), de Bong Joon-ho; el año que pasó allí resultó una gran experiencia. El guion de su primera película también se gestó en esa época.
Misaki no kyōdai es la historia de una mujer con discapacidad mental y su hermano mayor, que cuida de ella. El hermano, con discapacidad en una pierna, es despedido de su trabajo y queda en la ruina. Incapaz de pagar el alquiler de la casa o los servicios públicos, acosado por el hambre, se adentra en una vida desesperada en la que prostituirá a su hermana para poder conseguir algo de dinero…
“En la colección de cuentos de Hanamura Mangetsu Yamori usumidori (“Verde claro salamandra”) hay una historia sobre un reclutador de prostitutas que empieza a hablar con una niña con discapacidad mental en mitad de la calle, y termina por venderla a un soapland(un tipo de prostíbulo donde las prostitutas bañan y son bañadas por los clientes). Como en Nappeun namja (Mal tipo), de Kim Ki-duk. Hace mucho que quería hacer una película de este tipo”.
Tras comenzar a escribir el guion, el director también recibió inspiración de la historia de las discapacitadas mentales que aparecen en Ruihan shōgaisha (Discapacitados reincidentes), un libro de no ficción del periodista Yamamoto Jōji.
“Esas mujeres que eran detenidas como prostitutas y enviadas a la cárcel una y otra vez solo se sentían reconocidas como mujeres cuando entraban en contacto con sus clientes, y no podían escapar de ese placer. Me pareció algo interesante. En un principio venden sus cuerpos para ganarse la vida, pero poco a poco el acto mismo se convierte en el objetivo. También quería representar ese cambio en la película.”
Tras decidir convertir este guion en una película, Katayama se puso en contacto con Matsuura Yūya, actor al que había conocido durante la producción de My back page, del director Yamashita Nobuhiro. Sin embargo, sentía que la historia aún no había terminado de cuajar.
“Mientras consultaba el tema con Matsuura me propuso que los protagonistas fueran un hombre y su hermana. Que no contara la historia de forma unilateral, desde el punto de vista del hombre que prostituye a una persona con discapacidad, o de la persona prostituida; en la relación misma entre ambos es donde residía el interés. Si narrábamos la historia de dos hermanos, dos personas unidas por lazos de sangre, se podía comenzar desde un punto en el que la relación entre ellos ya se ha desarrollado, y el ritmo mejoraría. Si en un principio no se conocen hay que contar muchas cosas, como el trasfondo de los personajes, o cómo se conocen.”





