Un pasado sombrío, pero un imponente presente
En los últimos dos años han aparecido rápidamente un buen número de casas compartidas centradas en intereses comunes. Colish, un sitio web para presentes y futuros gestores de casas compartidas en el que se pueden poner anuncios para buscar inquilinos, muestra un amplio rango de casas con atractivos únicos—desde apartamentos llenos de gatos para los amantes de estos felinos hasta otros con cocinas enormes para aspirantes a chef, o con pequeños jardines para cultivadores orgánicos.
Esto es muy diferente en Europa y Norteamérica, donde el número actual de casas familiares con varios dormitorios hace que compartir piso sea una necesidad económica. En Japón, el acelerado ciclo de reconstrucción permitió la proliferación de apartamentos unipersonales asequibles en la década de 1980 y 1990 a medida que un creciente número de jóvenes clamaba por la emancipación. Las casas compartidas, cuyo alquiler cuesta prácticamente lo mismo que estos apartamentos pero ofrecen menos privacidad, tienen que prometer beneficios más allá de los incentivos económicos para atraer a la gente.
En su encarnación más temprana, las casas compartidas eran “casas de huéspedes” creadas para extranjeros que llegaron a Japón durante los años de la burbuja económica y encontraron dificultades a la hora de alquilar apartamentos privados debido a los prohibitivos costes iniciales y a la discriminación de los arrendadores. Esta asociación con los extranjeros marcó negativamente la expresión “casa compartida” para muchas personas mayores en Japón que temían que de haber una de estas viviendas en la vecindad tuvieran lugar fiestas salvajes, se tirara la basura de manera incorrecta e incluso aumentara la actividad criminal.
Pero las casas compartidas han cambiado mucho desde aquellos tiempos en los que eran lúgubres apartamentos. Al estallar la burbuja y dispararse la demanda de alojamientos baratos, empezaron a surgir “dormitorios” compartidos con habitaciones individuales y zonas y objetos comunes como el pasillo, la lavadora, el wc o la ducha. El siguiente paso de las casas compartidas llegó a comienzos del nuevo siglo, cuando el boom de las “mansiones de diseño”, apartamentos diseñados con gusto orientados a jóvenes profesionales, marcó también el punto de partida de la creación de las “casas compartidas de diseño”.
El resurgimiento de un modelo basado en la comunidad llegó en 2010, a medida que Japón llegaba al fin de la “década perdida” de su segunda postburbuja. La creciente dificultad para contraer matrimonio llevó a muchas personas a reconsiderar su hábitat y a la expansión de sus círculos sociales. Una película de 2011 titulada Share House ayudó a que se popularizara este concepto y a cambiar la imagen de estas viviendas de lugares de mala muerte a espacios en los que era posible divertirse, encontrar nuevas amistades e incluso el amor.
Apetito de un poco de calor humano
Otro factor en la proliferación de las casas compartidas fue el regreso de jóvenes que habían estudiado o viajado fuera de Japón y querían volver a vivir en la atmósfera desenfadada y amistosa que experimentaron en las casas compartidas u hostales de otros países.
Uno de estos jóvenes fue Toya Hirotaka. Después de pasar cuatro meses en una pequeña aldea de la India, sentía que Japón ya no era su hogar. Para tratar de recuperar la sensación de vivir en una aldea, Toya se trasladó en 2007 a una casa compartida llamada Well Yōkōdai en Yokohama. Pero como la mayoría de casas compartidas por aquel entonces, funcionaba más bien como un dormitorio en el que los inquilinos rara vez hablaban entre ellos. Toya comenzó una “pequeña revolución” junto a un inquilino británico para conseguir que la gente hablase e interactuase más entre sí.
“Es más complicado crear una casa compartida en Japón que en países más multiculturales. Cuando vives con otra gente es natural que haya cosas en las que no estés de acuerdo, por lo que necesitas discutirlas. Los extranjeros son mejores en esto porque sus sociedades son multiculturales”, explica. “En Japón la gente se centra a menudo en la armonía y la unidad, pero si se consigue a la fuerza, es un tipo de unidad de baja calidad”. Hoy cinco de los inquilinos de Well Yōkōdai son extranjeros.
Toya conoció a su mujer en Well Yōkōdai, donde viven juntos ahora con su hija de tres años y otras 30 personas, incluyendo otras cuatro parejas y un bebé. Ha construido esta comunidad poco a poco, comenzando por un jardín para el cultivo sostenible y fomentando un modelo de convivencia en la cocina en el que los inquilinos pueden dejar comida, bebidas e incluso platos que han preparado para compartirlos con los demás. Toya intenta evitar imponer normas en la casa, y prefiere dejar que la gente se gobierne a sí misma. Al contrario que muchas otras casas colectivas, no hay una hora del almuerzo impuesta en la que los inquilinos estén obligados a reunirse.
“Nuestra filosofía es dejar a la gente ser libre e independiente, por lo que no necesitan comer juntos. No existen obligaciones. Cada cual hace las cosas cuando quiere, incluyendo la limpieza”, afirma Toya.
Los residentes aseguran que esta notoria ausencia de normas es lo que hace que Well Yōkōdai funcione tan bien. Al no haber normas predeterminadas se sienten naturalmente motivados a colaborar cuando tienen tiempo libre, y gozan de más libertad al estar exentos de las tareas cuando se encuentran más ocupados.
Toya explica que uno de los principios centrales que comparten es “la libertad de molestar a los demás”, ya que las personas suelen molestarse unas a otras cuando viven juntas, especialmente cuando hay niños. “Una vez mi hija pintó las paredes con un bolígrafo rojo. Este es el tipo de cosas que pueden molestar a los demás, pero también da a todos la libertad de hacer lo que quieran y aceptarse unos a otros”, asegura.
No todo el mundo en Japón está preparado para vivir de esta forma. Para las casas compartidas podría ser complicado llevarse parte del pastel en un mercado en el que siguen aumentando las viviendas unipersonales, pero ante el creciente número de residentes ofrecen una alternativa novedosa a vivir en soledad.
(Traducido al español del original en inglés. Este artículo se ha basado en un estudio sobre los hábitats en Japón de la Rebuild Japan Initiative Foundation)

