¿Por qué no pidieron ayuda pública?

Todos los padres que aparecen en estas tres historias fueron víctimas, durante su niñez, de negligencia parental y malos tratos, y crecieron aislados. Ya de mayores, siguieron experimentando diversas dificultades en sus vidas y no hicieron acopio de las fuerzas suficientes para vivir independientemente dentro de la sociedad. Y ocultaron todo esto, de forma que la sociedad no lo supiera. Aunque estos padres reciban ayudas públicas mientras la crianza de los niños va viento en popa, cuando surgen problemas y la situación se agrava son reacios a cursar solicitudes o, tal vez, incapaces de hacerlo.

Incluyendo el caso de Meguro-ku al que me refería al principio, si nos fijamos en las madres de los niños que han muerto víctimas de malos tratos, vemos que todas han dado a luz antes de cumplir los 20 años o cuando acababan de cumplirlos. Insuficientemente preparadas para independizarse, se casaron siendo muy jóvenes y construyeron un hogar como una forma de hacerse un hueco en el mundo. Pero al divorciarse y comenzar a trabajar criando a sus hijos, el riesgo de caer en una pobreza rigurosa es alto.

Tras la elección hecha por la madre que comenzó a trabajar en un club de alterne de Nishi-ku (Osaka) descubrimos una realidad social en la que a una mujer que vive sola le resulta muy difícil conseguir los ingresos necesarios para criar a sus hijos mediante un trabajo corriente. Muchas madres solteras y otras muchas mujeres eligen trabajos en que se ofrecen servicios sexuales porque son más accesibles. Pero estos trabajos las ponen en una situación de indefensión laboral, y dentro de un proceso en que la mujer va convirtiéndose en un artículo de consumo, el afecto y consideración que pueden permitirse dar a sus hijos va reduciéndose. Además, como ocurre también en este caso, muchas madres sienten una fuerte resistencia a recibir ayudas públicas después de su divorcio. Es muy probable que bajo esta mentalidad se oculte el deseo de esconder el hecho de que no pueden desempeñar el papel de madre en la práctica.

Vapulearlos públicamente como padres perversos no es ninguna solución. En estos casos no se pudo dedicar a la crianza suficiente tiempo ni suficiente dinero, y las ayudas públicas eran totalmente necesarias.

Un sistema para ayudar a los padres jóvenes en la crianza

Antes de que el maltrato infantil se convirtiera en el problema social que actualmente es, hubo un periodo en el que el interés se dirigió hacia los llamados coin locker babies. La expresión se forjó hacia el año 1973, cuando se dieron varios casos de recién nacidos que eran abandonados en compartimentos de consignas de estaciones y otros lugares. Un estudio sobre malos tratos, abandonos y asesinatos de niños llevado a cabo ese mismo año por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, reveló que se habían dado 251 casos de asesinatos de menores de tres años de edad. Se presumió que muchos de los agresores eran consanguíneos. Quiere esto decir que en aquella época el número de muertes de niños por malos tratos era varias veces mayor que el actual.

Lo cierto es que, si nos fijamos en la causa de defunción de todas las embarazadas o puérperas que han muerto en los 23 ku o municipios que componen el centro urbano de Tokio entre 2005 y 2014, veremos que los suicidios son tres veces más numerosos que las muertes por enfermedad.

Ahora, igual que en aquella época de los coin locker babies, para una mujer que no ha encontrado su lugar en el mundo el embarazo puede ser un empujón hacia la desesperación. Algunas limitan su acción a ellas mismas y se suicidan; otras ponen fin a su vida llevándose con ellas a sus hijos, una acción llamada shinjū que en Japón tradicionalmente ha tenido una consideración especial; finalmente, hay quienes matan a sus hijos, pasando el caso a considerarse maltrato derivado en muerte si es que la madre sobrevive. Por edades, el grupo más numeroso entre los niños que mueren por malos tratos es el de cero años.

Es muy positivo que con ocasión del caso de Meguro-ku se vayan a reforzar las funciones de los centros de bienestar infantil y se estén haciendo mayores esfuerzos para detectar nuevos casos de maltrato. Pero la manera más efectiva de lidiar con el problema sería conducir cuidadosamente a los jóvenes para que se integren en la sociedad, puedan socializar en un ambiente seguro, y poner los medios necesarios para que los hijos sean criados no bajo la responsabilidad exclusiva de la familia, sino compartiendo dicha responsabilidad con el conjunto de la sociedad. Es al darse cuenta de que han sido excluidos socialmente cuando estos padres dirigen toda su agresividad hacia los más débiles: sus hijos.

Con la reforma efectuada en la Ley de Bienestar de la Infancia en 2016, se priorizó otorgar siempre a los niños, como sujetos de derechos, los máximos beneficios. Un años después, como vía para concretar el ideal del bienestar infantil, el citado ministerio publicó el documento Atarashii shakaiteki yōiku bijon (Visión de una nueva crianza social de los niños).

Los medios destacaron que en el documento se propugna, para reducir el número de jóvenes que acaban siendo recogidos en instituciones, la ampliación de los métodos de inserción en familias de adopción mediante un nuevo sistema. Pero el documento presenta un diseño más ambicioso, pues se habla también de establecer en los barrios centros de ayuda a la crianza y al hogar, potenciar el trabajo social y crear un sistema para que las familias puedan criar a sus hijos en coordinación con médicos, voluntarios y otros recursos humanos locales.

En Japón, la idea de que la crianza de los niños es responsabilidad exclusiva de la familia está muy arraigada. Y como los padres tienen esa idea muy interiorizada, cuando llegan a una situación en que las ayudas públicas resultan imprescindibles, son incapaces de elevar su voz para reclamarlas.

Si vamos difundiendo la idea de que la crianza es algo que debe realizarse con un amplio apoyo social, estaremos contribuyendo, finalmente, a atajar muchos casos de maltrato infantil.

(Escrito en agosto de 2018 y traducido al español del original en japonés.)

Fotografía del encabezado: ramos de flores en recuerdo de la niña Funato Yua, que murió víctima de los malos tratos en un apartamento de Meguro-ku (Tokio). Fotografía tomada por Tamaki Tatsurō en la tarde del 8 de junio de 2018 (Mainichi Shinbunsha/Aflo).