Relación con los cambios en el escenario social tras la guerra

Todas estas palabras están íntimamente vinculadas, por su nacimiento y evolución, a la historia del Japón emergido de la Segunda Guerra Mundial. Si dividimos esta historia en bloques temporales de unos 20 años, obtendremos el siguiente esquema:

1945-años 60: Tras ser derrotado en la guerra, Japón atravesó una época bajo el Mando Supremo de las Fuerzas Aliadas. Terminada dicha época, ocupó grandes espacios en los medios de comunicación el referido tema de los niños mestizos, que se convirtió en un problema social. Hasta aquella época, hablar de mestizos en Japón era hablar de niños nacidos entre japoneses y coreanos, taiwaneses o ainu. Pero después de la guerra, la palabra se usó casi exclusivamente para designar a los hijos nacidos entre mujeres japonesas y soldados norteamericanos.

Un artículo aparecido en el Asahi Shimbun el 24 de diciembre de 1952.
Fragmento de un artículo sobre los konketsuji (niños mestizos) aparecido en la edición del 30 de abril de 1967 del New York Times. Recoge la labor de asistencia a dichos niños realizada por el escritor y experto en literatura francesa Hirano Imao.

El problema de los niños mestizos quedó marcado por las dificultades económicas que se vivieron en la posguerra y por la propia derrota japonesa en la guerra. Sin embargo, conforme Japón se aproximaba a su auge económico a partir de la segunda mitad de los años 50, este tema fue perdiendo espacios en los medios de comunicación.

Durante los años 50 y 60 llegaron a Japón muchos elementos culturales occidentales (series televisivas, películas, moda, música, etc). Se pusieron de moda los peinados y vestidos de Audrey Hepburn y de Twiggy, y gracias a estas y otras tendencias la imagen negativa de lo occidental que se tenía antes de la guerra fue sustituida por la admiración y la asociación entre lo occidental y la riqueza.

Años 70 y 80: Con el desarrollo económico y la influencia cultural occidental, empezó a circular la palabra hāfu, especialmente en los medios de comunicación, que comenzaron a servir también mucha información sobre los éxitos cosechados por los artistas, cantantes o deportistas mestizos o hāfu. La consecuencia fue que se creó una imagen un tanto falsa e idealizada sobre la apariencia estas personas.

Durante los años 70 y 80 se crearon muchas revistas de moda, que a menudo recogían imágenes de mujeres hāfu. La portada de la fotografía corresponde al número inicial (junio de 1975) de la revista mensual JJ (editorial Kōbunsha).

Fue también la época del auge del género llamado nihonjinron (estudios y debates sobre el origen y el carácter nacional de los japoneses), donde normalmente se retrataba a los japoneses como un pueblo compuesto por una sola etnia (monoetnicidad), lo que dejaba fuera de la fotografía a los hāfu.

Pero si volvemos la mirada a las cifras de matrimonios internacionales, vemos que, mientras que hasta entonces solían estar formados por mujer japonesa y hombre extranjero, a partir de 1975 se invierte la tendencia. Durante los 80 aumentan notablemente las uniones entre hombres japoneses y mujeres asiáticas, y con la globalización van aumentando también los matrimonios internacionales entre japoneses y personas de las más variadas etnicidades.

Años 90 y primer lustro del siglo XXI: Se despliegan diversos movimientos sociales que utilizan palabras como kokusaiji o daburu, que vienen a sustituir a konketsu o hāfu, hasta entonces de uso mayoritario. Se activan movimientos para defender los derechos y se organizan comunidades para los niños filipino-japoneses, para los amerasian y los daburu nacidos entre los coreanos y chinos residentes de Japón y los japoneses.

Además, conforme Japón reforzaba su presencia internacional, se hacían cada vez más habitual ir a estudiar al extranjero o tomarse unas working holidays, así como los proyectos de ayuda al desarrollo, dándose también una gran expansión internacional de las empresas japonesas. Todo esto contribuyó a aumentar el número de matrimonios internacionales y también el de niños de diferentes raíces residentes en Japón.

Sobre el trasfondo de la crisis económica que se produjo al reventar la burbuja y el problema de la insuficiencia de mano de obra, que fue agravándose, en 1990 se reformaron las leyes migratorias y esto permitió la entrada de muchos extranjeros procedentes de Sudamérica. Poco a poco se han desarrollado a nivel local actividades de ayuda en favor de estos extranjeros o de estos niños vinculados de alguna forma con el extranjero.

Visibilización en las redes sociales del problema de la discriminación

A partir del segundo lustro del siglo XXI, los poderes públicos comenzaron a concentrar fuerzas en la promoción de la convivencia intercultural, pero siguiendo el esquema de que los beneficiarios de la ayuda ofrecida eran los extranjeros y quienes los acogían, los japoneses. Los hāfu, que a veces son víctimas de discriminación en su vida diaria, quedaron fuera de dicho esquema y deben hacer frente por sí solos a situaciones como el acoso escolar, la discriminación en la búsqueda de empleo y en el matrimonio, etc.

Al mismo tiempo, conforme se han ido asentando los grupos o colectivos formados por los propios hāfu, han aparecido más y más personas que llevan su mensaje a la sociedad exponiendo cuestiones relacionadas con sus experiencias y su identidad. Especialmente importante ha sido el desarrollo de las tecnologías de la información, que ha dado margen a un gran activismo mediático a través de las redes sociales. Así, están visibilizándose cada vez más todos esos problemas de discriminación que habían permanecido ocultos a la mirada de la sociedad.

Hasta ahora, hablar de hāfu era casi siempre hablar de famosos televisivos o figuras del deporte, pero ahora son los propios interesados quienes, a través de estos nuevos medios, exponen sus experiencias vitales dentro de la sociedad japonesa, y gracias a ello se está consiguiendo corregir muchos estereotipos y clichés que rodeaban su imagen.

Ahora se debate intensamente a nivel gubernamental la necesidad de una política que permita abrir las puertas de Japón a los trabajadores extranjeros. Pero en ese debate se echa en falta la presencia de todos esos hāfu que forman parte de la sociedad japonesa, todos los llamados zainichi korean (coreanos establecidos en Japón desde antes de la guerra y sus descendientes que mantienen la nacionalidad) y de todos aquellos que tuvieron nacionalidad extranjera pero que se han naturalizado. Ese Japón que se dispone a recibir a los extranjeros es, en realidad, un Japón bastante heterogéneo.

Mirar cara a cara las situaciones complejas, sin simplificaciones

Existen, pues, muy diferentes denominaciones y trasfondos. Ante esto, habrá quien se pregunte cómo hay que llamar a estas personas o a qué nos referimos, en definitiva, con hāfu. O qué experiencias y situaciones hay detrás de ese nombre.

Pero la identidad no es algo que pueda ser fijado unilateralmente desde fuera, ni tiene por qué ser así. Esa variedad léxica que se aprecia cuando oímos a algunas personas definirse como daburu mientras que otras lo hacen como hāfu o mikkusu, refleja el deseo de recalcar que en su persona convergen dos identidades, o el de explicar de forma sencilla y comprensible quién es uno mismo, o de dar una idea de la complejidad de su situación.

Es importante que, después de conocer la realidad cotidiana que rodea a estas personas que llamamos hāfu o de otro modo, prestemos oído al modo en que se presentan a sí mismos ante los demás y a la forma en que tratan de expresar toda esa complejidad. No tratar de encasillarlas, sino de aceptar esa complejidad tal como viene. Creo que es importante adoptar esa perspectiva a la hora de contemplar una sociedad en la que hay ya una gran diversidad.

Fotografía del encabezado: a la izquierda, la madre del autor del artículo en su infancia, junto a un amigo, en su natal Okinawa. (Fotografía cortesía de Shimoji Lawrence Yoshitaka).