Un rayo de luz para la raquítica industria artesana
En otoño de 2016 Maruwaka lanzó su nueva marca de té japonés en NAKANIWA, París, y en abril de 2017 abrió la tienda de té Gen Gen An en Shibuya, Tokio.
“No he cortado mis lazos con la manufactura. Para mí, es colineal con el tema del té japonés. Me empecé a interesar en el té porque es un obsequio fácil de llevar que gusta a todo el mundo. Al probar distintos tipos en busca de alguno que tuviera buena acogida en Europa, percibí que en el té de Japón se condensaban varios tipos de información, como la cultura, la historia y las intenciones del productor. Pensé que tal vez fuera posible utilizar esa información para conectar a las personas y así desarrollar más el sistema que vincula a la gente con la cultura japonesa”, explica el emprendedor.
Un encuentro confirmó a Maruwaka que su intuición era acertada. Participando en un taller de porcelana de Arita que se celebraba en el Museo Guimet de París, un ceramista le presentó al maestro de té Matsuo Shun’ichi, de Ureshino (Saga). Pocos años después de heredar los campos de té familiares, Matsuo se había hecho con el premio del ministro de Agricultura, el galardón más prestigioso que se otorga al té verde. Maruwaka cuenta que Matsuo también quería desarrollar el potencial del té japonés:
“Hablando con él me di cuenta de que los problemas de la manufactura tradicional japonesa eran los mismos que los del té, por ser ambas industrias tradicionales. Matsuo recorre cientos de plantaciones de té de todo el país para estudiar a fondo la influencia de las condiciones ambientales —la calidad del suelo, la luz solar, etc.— sobre el sabor y el aroma del té, y luego aplica los descubrimientos a la producción de su propio té. Hablando en la jerga moderna, se dedica a desarrollar nuevos productos basándose en estudios de mercado. Esta iniciativa, que constituye una actividad básica para empresas grandes, supone un esfuerzo que casi nadie lleva a cabo en el sector de la industria tradicional, formado principalmente por pequeños negocios familiares. Me di cuenta del peligro que corría la industria de seguir por la senda actual, pero a la vez me convencí del gran potencial que encerraba el té.”
La artesanía tradicional y el té japonés tienen en común un mercado menguante y la invasión de los productos baratos y de mala calidad. El té verde producido con los métodos tradicionales frente al té barato con aditivos como colorantes y edulcorantes: si actualmente la gran mayoría de los japoneses no saben distinguirlos, es a causa de un problema estructural que va más allá del cambio de los hábitos y las preferencias alimenticias.
“Si voy a competir, quiero hacerlo con el sabor del té auténtico. Optando por la agricultura orgánica y cultivando con el cuidado con el que se cría a un hijo, las condiciones del suelo se reflejarán necesariamente en las hojas del té. Y, si se seleccionan las hojas para controlar el aroma y el sabor, es posible obtener un té con más carácter y un sabor que deje más huella que el que conocen la mayoría de los japoneses en estos momentos.”
El té de Matsuo cumple además con los estándares europeos de pesticidas, algo que la mayoría de los tés japoneses no logran. “Me pregunto cómo se elaborará el grueso de los tés que circulan por Japón”, apunta Maruwaka preocupado.

