Un cerebro avanzado y más parecido al de los humanos que el de las gallinas

Se dice que los cuervos son “primates con plumas”. Su elevada capacidad cognitiva los lleva a desarrollar comportamientos perjudiciales que no podemos prever. A causa de esa diversidad que les permite adaptarse a la compleja vida humana, cuando al fin damos con la solución a una de las dificultades que nos plantean, adoptan una conducta más problemática aún.

Cuervo picudo. Es más carnívoro que la corneja negra. Ha proliferado mucho en las zonas urbanas por el acceso a alimentos variados, la abundancia de estructuras para posarse que hacen las veces de árboles y la ausencia de aves rapaces, sus enemigos naturales.
Cuervo picudo. Es más carnívoro que la corneja negra. Ha proliferado mucho en las zonas urbanas por el acceso a alimentos variados, la abundancia de estructuras para posarse que hacen las veces de árboles y la ausencia de aves rapaces, sus enemigos naturales.

Los cuervos están dotados de un cerebro bastante más avanzado que otras aves y que corresponde a un 1,4 % de su peso corporal, diez veces más que en el caso de las gallinas, que es de un 0,12 %. Considerando que el de las personas es de un 1,8 %, los cuervos se acercan mucho más a nuestra proporción cerebro-cuerpo que las gallinas. Esto se traduce en conductas como colocar nueces en lugares por donde pasan coches para romper la cáscara y comerse el fruto, repitiendo la operación si falla. Su capacidad mental seguramente les permitió entender desde hace mucho que, viviendo junto a las personas, nos les faltaría comida ni vivienda. Y, por más que nuestro estilo de vida se haya ido transformando, ellos se han adaptado a los cambios. Cuando la productividad humana mejora y surge un excedente, nuestros recursos alimenticios y residenciales se multiplican y la población de cuervos aumenta en consecuencia.

Durante la era del crecimiento económico acelerado, en Tokio vivían unos 37.000 cuervos que formaban bandadas y acudían en masa a las trastiendas de los barrios más concurridos, donde se acumulaban los restos de comida desechada. La población de córvidos vivió su máximo auge entre 1998 y 2001, cuando se adoptaron distintas medidas para evitar su irrupción en las basuras, como la recogida nocturna por parte de los municipios y la gestión individual por parte de los ciudadanos. Las medidas surtieron efecto y hoy en día el número de cuervos se ha reducido a la tercera parte. El volumen de reclamaciones motivadas por los pájaros es una décima parte que entonces, con lo que nuestra relación con ellos se ha estabilizado. Nos ha costado veinte años llegar a la situación de ahora.

Una vez se rompe el equilibrio de la convivencia entre humanos y animales salvajes, no es fácil recuperarlo. Todas las especies silvestres buscan alimento constantemente, no solo los cuervos. Una vez entran en nuestro entorno, cuesta ahuyentarlas. Comprender la conducta y las costumbres de esos pájaros tan inteligentes y pensar en la mejor forma de interactuar con ellos nos corresponde a los humanos, que somos quienes tendemos a romper el equilibrio con la naturaleza.

Fotografías: Sugita Shōei
Fotografía del encabezado: Cuervo picudo.