Contradicciones internas en Yasukuni: la discriminación de los taiwaneses
La forma de honrar las almas de los caídos en las guerras del imperio, que se articula sobre el eje del Santuario de Yasukuni como institución religiosa donde el emperador, el ejército de tierra y la armada honran la memoria de aquellos, comienza a tomar su forma definitiva en 1887, año en que las nuevas reglamentaciones relativas al santuario estipulan que serán los titulares de los ministerios del Ejercito y de la Armada quienes remitirán a aquel las listas de fallecidos que pasarán a recibir culto, y no el dajō daijin, autoridad civil que se encargó de ello hasta su abolición a finales de 1885.
Es decir, que con esta reforma ya no es el gobierno, sino el ejército el que designa a los candidatos a recibir culto conjunto en Yasukuni. Esto significa que las honras de carácter estatal, que a duras penas habían mantenido en Yasukuni sus formas estatales, adoptan bajo la autoridad del Ejército y de la Armada una forma específicamente militar. Esto trae consigo una nueva contradicción: la del culto conjunto rendido a los soldados de origen taiwanés.
Del hecho de que las honras a los caídos en las guerras del imperio se rijan básicamente por la fórmula de las honras a los leales vasallos se deriva que sea la voluntad del emperador la que determine que sus almas sean consagradas como kami. El Japón imperial adoptó una política según la cual todos los pobladores de las tierras regidas bajo autoridad imperial, incluidos los pueblos dominados cuyas tierras habían sido conquistadas por Japón, pasaban a integrarse como súbditos del emperador. Así pues, en Japón no hubo unidades militares coloniales a modo de legiones extranjeras. El primer caso de un oriundo de Okinawa que recibe culto en Yasukuni data de la Guerra Sino-Japonesa, y el de un ainu en recibir ese mismo trato de la Guerra Ruso-Japonesa (1904-05). En el caso de los coreanos, la primera inclusión en Yasukuni data de 1926, cuando comenzó a rendirse culto conjunto a un grupo de personas de ese origen que murieron en las filas japonesas entre 1914 y 1920.
En resumen, no se utilizaron criterios étnicos a la hora de establecer los requisitos para obtener la cualificación como candidato a ser “consagrado” en Yasukuni ni para convertirse en soldado imperial. Si embargo, entre estos grupos no había entonces ningún taiwanés, por la sola razón de que el culto conjunto rendido en Yasukuni a las almas de los caídos en guerra no respondía a ningún sistema legal del estado imperial japonés. Surge aquí el problema de la discriminación de los taiwaneses en el culto conjunto rendido en Yasukuni.
En primer lugar, hay que decir que ni los indígenas taiwaneses ni los colonos chinos de origen continental que vivían en la isla dieron su consentimiento ni su bienvenida al dominio japonés. Los residentes de origen chino se opusieron tenazmente a la ocupación y su resistencia derivó en una guerra. Incluso después de la represión que siguió a la guerra, continuó la resistencia armada de los pueblos indígenas de Taiwán, que fue calificada por los dominadores japoneses de “sedición” o “motines de delincuentes” que “infestaban” la isla. Lógicamente, en la represión de esta resistencia y subyugación de estos pueblos, así como en las campañas de riban(*7) murieron muchos policías y miembros de los aiyū(*8).
En este contexto, en 1908 la Oficina del Gobernador General de Taiwán elevó una petición para que los oficiales de policía muertos en la represión de los insurgentes o defendiendo posiciones japonesas frente a los seiban(*9) fuesen objeto de culto conjunto en el Santuario de Yasukuni. Esta petición supone el inicio del problema de la inclusión de los caídos de origen taiwanés en el santuario. De todos modos la petición de las autoridades japonesas en Taiwán encontraron una férrea oposición por parte de los ministerios del Ejército y de la Armada, que se negaron a aceptarla.

Sin embargo, dentro de la política de dominación de la isla, el asunto era de vital importancia, y la Oficina del Gobernador General de Taiwán continuó tratando de convencer al Ministerio del Ejército con esmero e insistencia, sin cejar hasta que, por fin, dos años después, obtuvo una respuesta positiva, si bien con la condición de que los aiyū, que estaban formados por indígenas taiwaneses, quedasen excluidos. La Oficina del Gobernador General procedió inmediatamente a cursar las candidaturas al culto conjunto en Yasukuni, y en marzo de 1911 la petición llegó formalmente al emperador a través del ministro del Ejército. Sin embargo, la respuesta que se hizo llegar a través del ministro de la Casa Imperial fue la de que la petición había sido denegada y que el emperador no reconocería que se rindiera culto a taiwaneses en Yasukuni, por lo que la Oficina del Gobernador General de Taiwán hubo de resignarse y se cerraron las puertas a la inclusión de estos entre los caídos honrados en el santuario.
Esto sirvió para reafirmar que el derecho a decidir sobre la “consagración” en Yasukuni correspondía al emperador, y que en contra de su voluntad nadie podía recibir culto en el santuario. Dicho en otras palabras, que si se rendía culto en un santuario a alguien en tal caso, ese santuario no podía ser el de Yasukuni.
Un segundo sistema de honras ajeno a la lógica del imperio
La Oficina del Gobernador General de Taiwán no podía permitirse permanecer inactiva ante la negativa a rendir culto conjunto en Yasukuni a los caídos en batalla taiwaneses. En 1928 se decidió construir un santuario en el que rendir culto como kami de la defensa del país a los caídos taiwaneses que habían sacrificado su vida por el estado. Es el Santuario de Kenkō, en el que quedaron consagrados como kami todos aquellos que habían sacrificado su vida en Taiwán desde 1895, ya fuese en acciones bélicas o en el ejercicio de sus cargos. Fueron honrados en este santuario las almas de 16.805 personas, 3.339 (19,9%) de ellas taiwaneses de origen chino, y 281 (1,7%) indígenas de la isla. Así pues, comenzó a existir un sistema de honras a los caídos diferenciado del promovido por el imperio.
Sin embargo, con el recrudecimiento de la Segunda Guerra Sino-Japonesa, desarrollada bajo el militarismo imperante durante la fase fascista de la Era Shōwa, el ejército japonés utilizó a muchos taiwaneses como personal agregado u operarios, con lo que aumentaron también las bajas de taiwaneses en el continente y comenzó a resultar problemático seguir aplicando el mismo trato discriminatorio. Además, también en Taiwán se abrió el alistamiento voluntario en el ejército, algo que ya se había hecho en Corea, lo cual prácticamente obligaba a aceptar la inclusión de los taiwaneses en Yasukuni, tal como se había hecho con los coreanos. A ese fin se erigió en 1942 en la isla el Taiwan Gokoku Jinja, para rendir culto a las almas “consagradas” en Yasukuni de oriundos de Taiwán. No habrá que decir que tras este movimiento se escondía la intención de extender a los taiwaneses la orden de alistamiento forzoso.
En octubre de 1943, entre las almas a las que comenzaba a rendirse culto conjunto en el santuario dentro de la sexagésima tercera tanda de inclusiones aparecían las de 19 taiwaneses de origen chino. Se produce así una anómala dicotomía entre el Santuario de Kenkō y el Taiwan Gokoku Jinja, con una creciente complejidad en el sistema de honras a los caídos en las guerras del imperio.
Ocurre aquí una gran contradicción. En circunstancias normales, la “consagración” en Yasukuni venía siendo anunciada en el Boletín Oficial cuando en el momento de la inclusión de las nuevas almas, como una forma de conseguir que los “heroicos espíritus” del estado lo fueran también del pueblo japonés. Pero para evadirse de las responsabilidades derivadas de la derrota japonesa en la batalla de Midway, así como para evitar que el pueblo tomase conciencia del giro desfavorable que tomaba la guerra, desde la sexagésima cuarta tanda de inclusiones que se efectuó en abril de 1944 ya no se hicieron públicas las listas de nuevas inclusiones. A partir de aquel momento, las “consagraciones” del santuario se convirtieron en “consagraciones de heroicas almas del ejército”, que se hacían a espaldas del pueblo. Y después de la guerra esta herencia arrastrada por Japón se ha reducido todavía más, hasta convertirte simplemente en las “heroicas almas de Yasukuni”.
1959, primer cementerio estatal para las víctimas de la guerra
Con el fin de la guerra se produjo un cambio radical en los valores compartidos por el pueblo japonés y en su visión de la guerra, cambio que llegó provocado por la contemplación de un país que había quedado reducido a cenizas, y por la aceptación de una derrota que llevó aparejados ingentes sacrificios de vidas humanas. El arrepentimiento, la profunda reflexión en torno a la guerra, y una vehemente deseo de paz fueron las bases de un pacifismo que llevó a la creación de nuevas instalaciones para honrar las almas de los caídos y al establecimiento de nuevos ritos para expresar el duelo por todos los que perecieron durante la guerra, incluyendo a la ciudadanía en general.
En 1959 se construyó el primer cementerio estatal para los caídos en la guerra, el Cementerio Nacional de Chidorigafuchi, donde fueron reunidos los restos mortales de quienes perecieron en ultramar. Fue el primero y el último cementerio estatal concebido para las víctimas de todo el país. Además, como instalaciones estatales, pueden citarse el cementerio para las víctimas de la batalla de Okinawa en la ciudad de Itoman, o los memoriales de la paz de Hiroshima y Nagasaki para las víctimas de las bombas atómicas. Igualmente, existen otras muchas construcciones para fines específicos, como los cenotafios de las víctimas de la guerra elevados en los lugares del área del Pacífico donde tuvieron lugar acciones bélicas, así como en los lugares de Siberia donde muchos japoneses murieron tras ser confinados durante años en campos de trabajo, después del fin de la guerra.
Otras instalaciones, como el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima, o el cementerio y el salón recordatorio de las víctimas de la guerra construidos por el Gobierno Metropolitano de Tokio, han sido construidas por los gobiernos locales o provinciales. Son muchas, por otra parte, las instalaciones promovidas por diversos colectivos o grupos civiles, como la torre alzada en Himeji (Hyōgo) en honor de las víctimas de los bombardeos aéreos de todo el país, el museo en memoria de los colonos japoneses enviados a Manchuria y otras regiones del norte de China, sito en Achi (Nagano), el museo de Chiran (Kagoshima), que recuerda a los jóvenes aviadores de los escuadrones especiales de ataque (conocidos como “kamikaze”), o el de Shūnan(*10) (Yamaguchi), que honra a los jóvenes utilizados en la fase final de la guerra como torpedos humanos. Finalmente, entre las instalaciones propiamente religiosas, además del santuario de Yasukuni y la red de santuarios denominados Gokoku Jinja, podemos citar como ejemplo de recordatorio budista la pagoda llamada Nihon Chūreiden en el templo de Zenkōji, en la ciudad de Nagano.
También las ceremonias de duelo que incluyen a todas las víctimas de la guerra y no solo a las del ejército arrancan del Japón de la posguerra. La más representativa de todas ellas es la que se celebra en memoria de los muertos de la guerra organizada por el gobierno el 15 de agosto, fecha en que se conmemora en Japón el fin de la Segunda Guerra Mundial. En rigor, no puede decirse que esta ceremonia honre las almas de todos los muertos en las guerras del imperio, pues se especifica que incluye solo a las causadas desde la Segunda Guerra Sino-Japonesa, que estalló en 1937. Las honras a las víctimas de guerras anteriores quedan, pues, confiadas a los gobiernos locales o provinciales, comunidades, asociaciones de familiares de fallecidos, de ex prisioneros en Siberia, ex colonos de Manchuria, repatriados o ex compañeros de armas. La mayor parte de estas ceremonias se realizan siguiendo los cánones tradicionales de Japón.
Como queda de manifiesto, las celebraciones para honrar la memoria de los caídos en la guerra están marcadas por una división entre las promovidas por el estado central y las llevadas a cabo por las comunidades locales, división que parte de la circunstancia de que, en su origen, se trataba de honrar las almas de los vasallos leales a su señor. Estas comunidades han desarrollado una lógica propia, distinguible de la que opera en las celebraciones del gobierno central. Ambas lógicas han convivido respetándose y sin interferir mutuamente, lo cual puede entenderse también como algo cimentado en la propia tradición cultural de Japón.
*Para obtener información sobre la bibliografía original de este artículo, recomendamos consultar las referencias del texto original en japonés.
(*1) ^ Contienda civil que se desarrolló entre enero de 1868 y mayo de 1869, en la que se enfrentaron el ejército del gobierno restaurador y las facciones que apoyaban el sostenimiento del shogunato de los Tokugawa.
(*2) ^ Acción bélica ocurrida el 19 de julio de 1864 entre el han o señorío feudal de Chōshū (actual prefectura de Yamaguchi) y otros clanes que, como el de Aizu (Fukushima) o el de Satsuma (Kagoshima), apoyaban al shogunato y tenían apostados a sus soldados alrededor del Palacio Imperial de Kyōto. También llamado Incidente de Hamaguri Gomon.
(*3) ^ Rebelión que dio origen a la Guerra de Boshin. En enero de 1868, la guarnición del castillo de Osaka y las fuerzas militares de los clanes de Aizu y Kuwana, que habían salido en auxilio del último shogun, Tokugawa Yoshinobu, chocaron en Toba y en Fushimi con los soldados de la alianza Satsuma-Chōshū, saliendo derrotadas. Yoshinobu tuvo que regresar a Edo.
(*4) ^ Se trató de la mayor rebelión ocurrida en Japón. Fue provocada por Saigō Takamori y otros miembros de la clase samurái, descontentos con el rechazo mostrado por el gobierno de Meiji a sus pretensiones de favorecer una expedición punitiva contra Corea.
(*5) ^ Primera de las rebeliones de la época, encabezada por samuráis descontentos con las reformas efectuadas por el gobierno Meiji.
(*6) ^ Guerra de represalia llevada a cabo en 1895.
(*7) ^ Conjunto de medidas llevadas a cabo en Taiwán durante la época de dominio japonés para “civilizar” a los banjin o indígenas de las zonas montañosas, fijarlos a puestos de trabajo y mejorar sus condiciones higiénicas, entre otras cosas. En la práctica esta política fue acompañada de otras medidas para evitar alteraciones del orden público y para llevar a cabo la represión.
(*8) ^ Organización defensiva para prevenir los ataques de los indígenas taiwaneses.
(*9) ^ Durante la época de dominación japonesa de Taiwán previa a la Segunda Guerra Mundial, fueron denominados seiban los indígenas taiwaneses de las tribus Takasago que no habían sido aculturados por los chinos.
(*10) ^ Este museo es actualmente municipal, pero fue fundado por una asociación que promueve la memoria de estos hechos.
