La paradoja de trabajar más en tiempos de recesión

Pasamos al tercer punto, el de un estilo de trabajo diverso y flexible como meta. Aquí se ha creado un régimen específico para trabajos de alto grado de especialidad o valorados por los resultados obtenidos (régimen para profesionales de alto nivel), según el cual, en caso de que un trabajador de un ámbito laboral previamente determinado y con un salario anual superior a 10,75 millones de yenes se dedique a una labor que exija conocimientos especializados de alto grado, quede exento de la aplicación de las reglamentaciones sobre horarios laborales, vacaciones y primas especiales por trabajos nocturnos, siempre que se tomen medidas efectivas para proteger su salud, se cuente con el consentimiento del interesado y exista un dictamen o resolución al respecto de un órgano colegiado.

Los empleadores esperan que este sistema, en el que no se miran tanto las horas trabajadas como los resultados obtenidos a la hora de fijar la retribución, se convierta en un incentivo para que el trabajador se esfuerce por obtener los mejores resultados y, de este modo, impulse la productividad. Pero también se han elevado voces en el sentido contrario, pues se entiende que podrían estar abriéndose las puertas a nuevos excesos laborales.

Pero, ¿cómo varía el número de horas trabajadas una vez anuladas todas las reglamentaciones sobre horas extraordinarias? Utilizando datos de panel de un mismo individuo a lo largo de un prolongado periodo de tiempo, el profesor de la Universidad de Keiō Yamamoto Isamu y yo misma analizamos qué efectos tiene sobre el tiempo trabajado por una persona pasar del régimen de aplicación de dichas reglamentaciones a otro más laxo, bajo el actual régimen de trabajo discrecional o como director o supervisor (Kuroda y Yamamoto 2012).

Una vez analizados dos grupos, el primero de personas sometidas a la reglamentación, el segundo de las que están en un régimen más laxo, y tratando de hacer coincidir en lo posible sus atributos, se llega a la conclusión de que en circunstancias normales las diferencias entre el número de horas trabajadas por ambos grupos no son significativas. Ahora bien, cuando el periodo de observación se limita a la fase de recesión causada por la quiebra de la financiera Lehman Brothers, vemos que el grupo controlado más laxamente alargaba su horario laboral, siendo la tendencia especialmente patente entre los trabajadores sin estudios superiores.

Interpretamos estos datos suponiendo que, en su deseo de economizar gastos por horas extras en momentos de recesión, las empresas hacían recaer una mayor carga laboral sobre aquellos trabajadores a quienes no se les reconocían las horas extras. En épocas en que la actividad económica se centraba en las manufacturas, al entrar en recesión la tendencia era a reducir la producción y acortar las jornadas de trabajo. Sin embargo, en nuestra era, en la que predomina el sector terciario, se tiende, más bien, a pedir a los trabajadores ya contratados que trabajen más horas, tal como ha quedado de manifiesto en el trabajo que hice junto a los profesores Genda Yūji (Universidad de Tokio) y Ōta Sōichi (Universidad de Keiō) (Genda, Kuroda y Ohta 2015).

En los trabajos por resultado, la clave está en fijar bien los incentivos

Actualmente, incluso en tiempos de recesión son muchas las tareas que hay que realizar en una empresa y en esas coyunturas la carga tiende a recaer sobre cierto tipo de trabajador. Si no aplicamos la reglamentación sobre horas extras a los trabajadores que no pueden rechazar el trabajo por tener menor capacidad o margen de negociación, estaremos haciendo que aumente el número de trabajadores sometidos a largas jornadas en tiempos de recesión. Cuando, en el futuro, vuelva a estudiarse a qué ámbitos circunscribir el estilo de trabajo con control laxo de horarios, deberá procederse con gran prudencia en su delimitación.

Como es lógico, cada vez es más difícil establecer normas uniformes sobre el estilo de trabajo y, dentro de una amplia gama de elecciones, las formas de trabajo que no se ciñen a un lugar o a un horario contribuyen a mejorar el bienestar de los trabajadores. El hecho de que exista una amplia gama de opciones en cuanto a formas de trabajar no me parece mal, pero al introducir estos estilos de trabajo con un alto grado de libertad, los empleadores deberían ser conscientes de que, en función de la forma en que se establezcan los incentivos, la productividad podría incluso bajar.

Una motivación externa como el sistema de retribución al éxito, que no valora el proceso sino únicamente el resultado, funciona satisfactoriamente cuando la calidad y cantidad del trabajo son observables y cuando siguiendo el método utilizado en el pasado puede obtenerse un mismo producto, pero en los trabajos de alto nivel y grado de incertidumbre igualmente alto puede resultar contraproducente. Esto ha sido señalado desde campos como la psicología o la economía conductual. Para los trabajadores que se emplean en trabajos que exigen creatividad e innovación, es imprescindible disponer de un entorno en el que también el fracaso sea admitido, y tener una motivación interna.

Los peligros de promover empleos suplementarios antes de solucionar el problema

El cuarto punto hace referencia al hecho de que, en la actual reforma del estilo de trabajo, antes de corregir la excesiva duración de las jornadas de trabajo se han producido ya movimientos tendentes a reconocer las fuentes de ingresos suplementarios. Los cloud workers están difundiéndose por todo el mundo y en Japón parece llegado el momento de poner rumbo hacia el reconocimiento de estos trabajos suplementarios. Sin embargo, como dio a entender el gobernador del Banco de Japón (emisor) cuando en una rueda de prensa convocada en junio de 2018 dijo que “todavía persiste la defuremaindo[deflationary mindset]que se instaló entre 1998 y 2013”, aunque en el Japón actual se está haciendo patente una grave falta de mano de obra producto de la acción conjunta del descenso poblacional y de la recuperación económica, los salarios siguen mostrando una fuerte resistencia (rigidez) al alza.

Si en una situación en la que los salarios no suben suficientemente se promueven las segundas ocupaciones, los trabajadores que deseen aumentar sus ingresos acabarán cargando con dos o más trabajos, lo cual, además de ir en el sentido opuesto a los intentos por corregir las prolongadas jornadas laborales, podría ejercer una presión a la baja sobre los salarios.

A veces, cuando se toman medidas en el orden equivocado se producen consecuencias inesperadas. Es un peligro promover un segundo empleo cuando todavía no hemos acabado de dotarnos de unas normas orientadas a corregir las largas jornadas laborales que padecemos. Cuando se trata de promover el pluriempleo o de reglamentarlo, se exige una gran prudencia para que los avances se hagan después de haber planificado cuidadosamente los pasos que han de darse.