Una revisión radical de la educación y capacitación para la productividad

Añadiré algo sobre el tema de la relación entre la reforma del estilo de trabajo y la formación de recursos humanos. Hasta ahora, muchas empresas japonesas han venido formando un capital humano a través de la educación y la capacitación, dando a los jóvenes oportunidades de ensayo y error, y considerando sus largas jornadas de trabajo en su etapa de formación como una inversión a medio o largo plazo no necesariamente ligada a la producción. Sobre este punto, se ve con preocupación que se obligue a los trabajadores, especialmente a los más jóvenes, a poner fin a su jornada laboral a la hora establecida, algo sobre lo que se oye hablar a menudo en lugares de trabajo dentro de esta tendencia general marcada por la presente reforma del estilo de trabajo. Estos jóvenes que no han recibido una educación ni una capacitación suficientes, a los que se ha acostumbrado a terminar su jornada sin dilación y que desarrollan un trabajo de calidad muy relativa, en 10 o 12 años pasarán a constituir el núcleo humano de la empresa.

Según los cálculos que hice a partir de la encuesta sobre utilización del tiempo a la que me he referido más arriba, entre los trabajadores de ambos sexos contratados a tiempo completo, en 2016 ni siquiera llegaba al 5 % el porcentaje de quienes dedicaban un mínimo diario de 15 minutos al día a profundizar en el estudio de su área de ocupación. Esto da una idea de hasta qué punto es escaso el tiempo que se dedica a invertir en uno mismo para asimilar las destrezas adquiridas.

En esta época en que resulta tan difícil ofrecer una formación en el puesto de trabajo (On the Job Training, OJT), Japón se enfrenta a la perentoria necesidad de considerar seriamente los efectos que podría tener sobre la productividad futura esta reforma del estilo de trabajo, e ir revisando en profundidad los métodos de educación y capacitación de los empleados.

Acortar progresivamente las jornadas laborales “hasta colocarlas por debajo de las norteamericanas o británicas tan pronto como sea posible”. No se trata de una de las consignas lanzadas con la reforma del estilo de trabajo promovida por el actual ejecutivo. Fue una frase formulada en el documento “Directrices para un ajuste estructural” (Nuevo informe Maekawa), que fue presentado en 1987 por un órgano deliberante del Gobierno. Han pasado 30 años desde aquello pero, como he dicho al principio, la forma de trabajo de los japoneses apenas ha cambiado.

Si se trata de asegurarse el personal y seguir teniendo un crecimiento económico, un mercado laboral como el japonés, que sufre un imparable descenso poblacional, no puede permitirse caer en la inacción. Es ya una tarea apremiante dar el giro desde un modelo de sociedad construida sobre la premisa de que todos, sin excepción, debían cumplir jornadas laborales maratonianas, hacia una sociedad que admita una diversidad de estilos de trabajo para responder a los deseos de todas las personas, incluyendo a aquellas que cargan con responsabilidades de crianza de niños o cuidado de ancianos y enfermos, o las que tienen problemas de salud.

Bibliografía

Yuji Genda, Sachiko Kuroda y Souichi Ohta, “Does Downsizing Take a Toll on Retained Staff? An Analysis of Increased Working Hours in the Early 2000s in Japan,” Journal of the Japanese and International Economies, 36, 2015, pp.1-24.

Sachiko Kuroda y Isamu Yamamoto, “Impact of overtime regulations on wages and work hours,” Journal of the Japanese and International Economies, 26(2), 2012, pp.249-262.

Fotografía del encabezado: participantes en una manifestación en contra de la reforma del estilo de trabajo promovida por el Gobierno, celebrada en Yoyogi Kōen (Tokio) el 1 de mayo de 2018, después de los actos por el Día del Trabajo. (Fotografía: Jiji Press)