Una algarada dentro del lago para invocar la lluvia
Una vez completado el dragón, cuyo nombre es Ryūda, los sacerdotes sintoístas celebran frente al Santuario de Shirahige la ceremonia del Nyūkon no gi, en la que vierten agua sagrada del santuario de Itakura Raiden en la enorme boca de la figura para insuflarle un alma y transformarla en un dios. Después el gigantesco dios dragón parte a hombros de 300 hombres que lo llevan en procesión por un recorrido de dos kilómetros desde el santuario hasta el lago Kandachiga. A su alrededor resuena con energía el sonido de los tambores y las caracolas imitando el tronar de la tormenta para atraer la lluvia. A medida que avanza la celebración el sol abrasador va dejando paso de forma misteriosa a una brisa fresca que comienza a soplar.
Una hora y media después de su partida del santuario de Shirashige, el enorme cuerpo del dios dragón aparece lentamente entre una arboleda. Allí muestra una imagen evocadora que se aleja de la realidad. Parece una criatura llegada de otro mundo.
Los sacerdotes vierten agua del santuario de Itakura Raiden en el lago Kandachiga, y es entonces cuando el dios dragón comienza a salir lentamente de entre los árboles para introducirse de manera solemne en el agua. Los 300 portadores sumergen parcialmente en el lago al dragón y le hacen bailar en círculos mientras que el shiriken, el encargado de llevar la espada al final de la cola, golpea el agua, suenan con estridencia las caracolas, y se arma un gran alboroto para enojar al dios de la lluvia y atraer la tormenta.
Ame fure Tanjaku, koko ni kakare kurogumo. (Trae la lluvia Tanjaku, que nos cubran las nubes negras)
Los asistentes a esta ceremonia cantan este peculiar verso para rezar por la llegada de la lluvia. “Tanjaku” es una referencia al dios protector del budismo Sakra.
El cuerpo desmantelado del dios dragón también se aprovecha
La celebración termina en una escena caótica en la que se desmantela el cuerpo del dios dragón, cuya alma asciende a los cielos. Los hombres que construyeron el gigantesco dragón apenas tardan cinco minutos en hacerlo pedazos mientras se disputan las partes del mismo, desde el alma que pende sobre su cabeza en forma de esfera dorada, hasta los ojos, las orejas... Cada uno de sus elementos. Se dice que estas partes del dragón atraen la fortuna, y por eso las personas que logran llevárselas las exponen en el toko no ma de su hogar.
El ritual del amagoi es hoy una celebración para estrechar lazos entre los vecinos del lugar. Aunque su objetivo original vaya cambiando con el tiempo, el aspecto tradicional de esta fiesta se mantiene de generación en generación. Se dice que en los años más recientes en los que se ha celebrado, antes del día siguiente de la festividad se han registrado siempre intensas lluvias. ¿Será que este ritual no ha perdido jamás su místico poder?
Fotografías: Munakata Satoshi.Texto: Katō Kyōko.



