No habrá ninguna guerra ensañada
¿Qué rumbo tomarán a partir de ahora los dos nuevos clanes, el clan Yamaguchi del sexto jefe y el clan Yamaguchi de Kobe? Es imposible que estalle un conflicto sanguinario y despiadado como fue la guerra Yama-Ichi (conflicto que surgió entre el clan Yamaguchi y el clan Ichiwa cuando el cuarto jefe subió al poder en 1984 y que causó un gran número de víctimas). Aunque tras la escisión del clan hubo un incidente con víctimas mortales en la prefectura de Nagano, parece ser que se trataba de un “problema personal” que ambos bandos gestionaron con calma, y se ve claramente que los problemas surgidos en Akita, Toyama y Nagoya tampoco desembocarán en una guerra.
En el trasfondo de la situación están la Ley Contra Grupos Violentos con sus cinco paquetes de enmiendas de refuerzo y las ordenanzas para la eliminación de la violencia puestas en vigor por los Gobiernos locales. Las medidas legales extremas que permiten responsabilizar a la cumbre de las organizaciones incluso en delitos cometidos por el último eslabón del clan sin duda están surtiendo efecto.
Si analizamos el nivel de actividad de los dos nuevos clanes Yamaguchi, parece que la actividad del de Kobe destaca algo más. Una de las causas es el problema de la cuota de socio de los cabecillas del clan. En tiempos del quinto jefe Yamaguchi la cuota era de 650.000 yenes y luego casi llegó al millón, pero ahora con el sexto jefe ha vuelto a descender a los 650.000. Como en la época del quinto jefe había muchos cabecillas, la gestión del clan resultaba fácil, pero ahora que son cada vez menos andan casi desbordados.
Se rumorea que la cuota de socio del clan Yamaguchi de Kobe es de unos 400.000 yenes con gastos incluidos, pero no es un dato contrastado. Parece que ninguno de los dos clanes tiene intención de “hacer ruido” (de disparos), pero sí se están dedicando a ampliar sus influencias.
El clan del sexto jefe es más poderoso
Se dice que tras las bambalinas la diferencia de poder entre los nuevos clanes Yamaguchi es de 7 contra 3 a favor del clan del sexto jefe. Sin embargo, la información más reciente —de momento, un rumor— indica que mil miembros de la región de Kyūshū se han pasado al clan de Kobe.
Entrevistamos a un directivo de una organización mediana con sede central en Kyūshū, que nos contó lo siguiente: “Tras la escisión hubo algunos problemillas, pero no fueron más lejos. Los medios de comunicación hablan como si pudiera estallar una guerra en cualquier momento, pero yo creo que no hay modo de que eso pase. Si sucediera, seguro que los máximos responsables de ambos clanes acabarían detenidos por la policía. Si a los de más arriba les diera por desenterrar viejos conflictos, les acabarían arrestando por delitos triviales. Llegada esa situación, los clanes se tambalearían. Cuando se divide una organización tan grande como el clan Yamaguchi los de alrededor se ponen nerviosos, pero en esta ocasión todos respetan la división con toda tranquilidad. Es lo normal; la gran mayoría está de acuerdo en que no hay que armar escándalo. Estoy convencido de que en adelante los dos clanes coexistirán para la prosperidad mutua.”
La “modernización” y el encogimiento de la yakuza
La organización de la yakuza se transforma a toda velocidad. Hasta hace poco lo normal era que los grupos que eran expulsados de la rama principal del clan (se expulsaba al jefe) dejaran de poder interactuar dentro de la comunidad yakuza, quedaran aislados y se extinguieran. No obstante, en esta ocasión ha habido directivos que fueron expulsados en la escisión que han vuelto al negocio y miembros que quedaron aislados que han sido admitidos en otros grupos: los preceptos de la yakuza se están desobedeciendo abiertamente. Incluso hay clanes que dejan la puerta abierta a los miembros de grupos cuyo jefe fue destituido.
Entre la comunidad yakuza se está popularizando una nueva forma de actuar muy distinta al drama de los cismas de antaño. Y este cambio presagia el surgimiento de una sucesión de grupos estables que se irán independizando de los clanes originales tras cada división y disputa. En cierto sentido asistimos al comienzo de la modernización de la yakuza, que abandona sus antiguos principios.
La población de la comunidad yakuza encoge rápidamente. Según las investigaciones de la policía, de los 86.300 miembros (incluidos los llamados miembros asociados) de 2005, a finales de 2014 se había bajado hasta los 53.500.
Una sociedad en la que proliferan los nuevos “malos”
A pesar de lo que explicábamos arriba, no podemos bajar la guardia. Hay que mirar a dónde van a parar los miembros que abandonan la yakuza. Hace unos veinte años en el barrio de Shinjuku había una esquina conocida como Hamon-doori (la calle de los proscritos), que era donde se reunían los que habían quedado proscritos y aislados de la yakuza. Vivían casi exclusivamente de la estafa y el chantaje, interviniendo en problemas ajenos —como disputas empresariales o conflictos políticos— a cambio de dinero. Los desterrados por la comunidad yakuza se convertían en “malos” peores que la propia yakuza.
También están apareciendo bandas muy radicales al estilo de los gurentai (grupos predecesores de la yakuza actual, famosos por la violencia de sus actos). Las hay conocidas como los Dragon, formada mayormente por miembros de la banda motociclista Kanto Rengō (antiguos miembros de los Bōsōzoku) y descendientes de segunda y tercera generación de los huérfanos japoneses que quedaron en China después de la guerra, pero también están surgiendo pequeños grupos de “malos” de nombre desconocido. Estas nuevas bandas se mueven con el modus operandi del “todo vale”, usando sin miramientos armas cortantes, bates metálicos y porras; y encima no son objeto de la Ley Contra Grupos Violentos. También las mafias extranjeras merodean por Roppongi y Kabukichō. De cara al futuro urge tomar medidas para poner freno a estos grupos emergentes.
(Redactado en noviembre de 2015)
Fotografía del titular: Shinoda Ken’ichi (alias Tsukasa Shinobu), sexto jefe del clan Yamaguchi, sale de la cárcel tras cumplir condena por infringir la Ley de Control de Armas Cortantes y de Fuego en abril de 2011. (Fotografía cortesía de Jiji Press)