El primer golpe de gracia: solo pudo decir “lo siento”

Las trampas utilizadas para la caza de jabalíes en la prefectura de Ibaraki miden 12 centímetros o más de diámetro. Nozomi compra los materiales en una megatienda, y las fabrica a mano, para reducir los costes. La normativa establece que se puede usar hasta un máximo de treinta trampas por persona en una cacería, pero lo normal es que el número de trampas dependa de la situación de cada lugar y de lo que la persona puede manejar. Tratándose de una vigilancia diaria, cuanta mayor es la preparación más pesada es la carga. Nozomi mantiene un promedio de cinco o seis trampas en el bosque que está cerca de su casa.

Poco después de su debut como cazadora, se sintió abrumada por la presencia misma de las presas a las que debía enfrentarse.

“Fue cuando entré a la montaña, mirando las zonas de las trampas que había instalado. Escuché un traqueteo, así que primero llamé para ver si se trataba de una persona, pero al darme la vuelta descubrí un gran jabalí con su cría, que me miraban. En un instante ambos desaparecieron trotando hacia la cima del monte, pero si me hubieran atacado, yo no habría podido hacer nada”.

Nozomi recibe orientación por parte de un cazador nativo local, un maestro veterano con más de treinta años de experiencia. Aunque es un hombre de pocas palabras, Nozomi asegura que es capaz de transmitir poco a poco el amor por la naturaleza y sus criaturas que siente en el fondo de su corazón.

En su primer año como cazadora, su mentor no le hizo que matara a ninguna presa con un golpe de gracia; simplemente le mostró los pasos que debía dar para cobrarse la pieza.

Nozomi fabrica casi todas sus trampas a mano.
Nozomi fabrica casi todas sus trampas a mano.

“Yo nunca había visto o experimentado el momento en que una vida termina a manos de un ser humano. Creo que en realidad se trata de algo muy egoísta: me saqué mi licencia de caza y al mismo tiempo no podía decir más que ‘lo siento’, al mirarlo matar a un animal. Ellos no han nacido para que los matemos, y mis disculpas al jabalí no le sirven de nada. Quizá en parte yo estuviera tratando de quitarle gravedad al asunto, pero ese ‘lo siento’ era todo lo que podía decir”.

El maestro de Nozomi le enseñó que la caza se realiza solo para el bienestar de los humanos, y que por lo tanto se debe tratar de minimizar el tiempo de sufrimiento del animal. No está bien que caiga en una trampa y se vaya debilitando hasta morir, sin que nadie se dé cuenta. Cuando lo atrapes, termina cuanto antes su sufrimiento. Nozomi continúa cazando hoy día de acuerdo con estas enseñanzas.

El momento en el que dejar de cazar

Al principio de su segundo año como cazadora Nozomi comenzó a dar el golpe de gracia a sus presas. El objetivo era alcanzar la arteria carótida, que va desde el cuello hasta el lomo del jabalí. Ese primer día fue algo inolvidable para ella.

“Mi maestro lleva décadas cazando, y por eso tiene un estupendo conocimiento de la estructura del cuerpo del animal; su trabajo es rápido y el lapso desde que clava el cuchillo hasta que el jabalí muere es muy corto. Cuando lo hice yo el animal sufrió y chilló hasta el final, pese a que traté de hacerlo igual que mi maestro. Entré en pánico y empecé a llorar, al ver el sufrimiento del jabalí. Me sentí fatal por haberle causado aquel tiempo innecesario de sufrimiento”.

Incluso cuando está atrapado, no es fácil clavarle un cuchillo a un jabalí, un animal más pesado que la cazadora y desesperado por sobrevivir. Ese día Nozomi estaba con su maestro y algunos amigos de su canal, los cuales no tuvieron más remedio que seguir observando al jabalí y a Nozomi, muy asustada, hasta que este murió.

El momento de matar al jabalí (imagen del canal de YouTube de Nozomi).
El momento de matar al jabalí (imagen del canal de YouTube de Nozomi).

Tras haber experimentado la dificultad de aliviar el sufrimiento del jabalí con la mayor rapidez posible, Nozomi comenzó a visitar instalaciones de despiece de carne para estudiar la estructura del cuerpo de los animales.

En la parte posterior se ve el cuchillo usado para el golpe de gracia; los cinco del frente se usan para despedazar el animal.
En la parte posterior se ve el cuchillo usado para el golpe de gracia; los cinco del frente se usan para despedazar el animal.

Al matar aquel jabalí Nozomi se dio cuenta de que la vida de un ser se basa en realidad en la muerte de otros animales y plantas. Todas las criaturas están conectadas por cadenas invisibles. No se trataba de información leída en libros o estudiada en clases, sino de algo que la cazadora aprendió al vivir en el campo.

Después de bajar de la montaña con la presa muerta a cuestas, Nozomi la carga en una camioneta, la lleva a su casa y la cuelga de un poste para sangrarla. Hecho eso la despedaza y almacena, congelándola por partes.

Un congelador con carne de jabalí, ya despedazada.
Un congelador con carne de jabalí, ya despedazada.

La prefectura de Ibaraki se vio gravemente afectada por el accidente en la central nuclear de Fukushima Daiichi, causado por el Gran Terremoto del Este de Japón. La cantidad de material radiactivo presente en los productos agrícolas está ahora muy por debajo del valor permitido para alimentos, pero para poder vender carne de caza, esta debe despedazarse en presencia de funcionarios municipales y enviarse a un comerciante de carne autorizado.

Sin embargo, en una zona con escasez de mano de obra como Ibaraki no se puede conseguir con facilidad esa presencia de funcionarios para testificar, y muchas veces los cazadores no tienen más remedio que consumir la carne ellos mismos. Nozomi mide el nivel de radiactividad de la carne de forma independiente, y suele ser de aproximadamente 6 becquerels/kg, que está muy por debajo del estándar nacional de 100 becquerels/kg; pero las reglas son reglas, y no se pueden cambiar.

Varias recetas con carne de jabalí. Desde la izquierda: lomo, jabalí y queso al ajillo, fideos udon de jabalí (imagen del canal de YouTube de Nozomi).
Varias recetas con carne de jabalí. Desde la izquierda: lomo, jabalí y queso al ajillo, fideos udon de jabalí (imagen del canal de YouTube de Nozomi).

“Comencé a cazar porque quería proteger el campo de mis abuelos. No cazo por afición, así que si llega el momento en que quedan claramente separados los espacios de los humanos y los animales, no seguiré cazando”, asegura Nozomi.

Sin embargo, Nozomi siente que merece la pena poder conectar con amigos de todo el país a través de su canal de YouTube, y hacer que la gente que vive en la ciudad se interese por la agricultura y la vida rural.

“Se trata de una pequeña contribución social que puedo hacer”. Lo que Nozomi quiere transmitir en realidad no es simplemente el mundo de la caza, sino las maravillas de la naturaleza y su vitalidad, así como la alegría de residir en el campo, donde las personas viven conectadas entre sí.

Imágenes: Hanai Tomoko.

(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: Nozomi)