Los países del norte de Europa y América le toman la delantera a Japón en plantas piloto

Hasta el momento, los países del norte de Europa y América se han adelantado al resto en la construcción de plantas piloto para la fabricación de nanofibras de celulosa. En el caso de Suecia, el grupo industrial Innventia, dotado de un instituto de investigación en temas relacionados con la fabricación de papel, ha conseguido inversores y está moviéndose hacia la comercialización de las nanofibras de celulosa. Fruto de estos esfuerzos, en febrero de 2011 puso en marcha la primera planta piloto del mundo para fabricar dicho material, con una capacidad de producción diaria de 100 kilogramos.

En Norteamérica, Canadá dirige sus esfuerzos hacia una forma de investigación y desarrollo que compromete conjuntamente a la industria, a la Administración pública y a la universidad, con el objetivo último de conseguir aplicaciones prácticas y crear negocios en torno a los nanocristales de celulosa, todavía más microscópicos que las nanofibras. En enero de 2012, la joint venture CelluForce puso en funcionamiento, también por primera vez en el mundo, una planta piloto de nanocristales de celulosa, preparada para producir una tonelada al día. En Estados Unidos fue el Servicio Forestal del Departamento de Agricultura el que construyó, en julio de 2012, una planta piloto de nanocristales de celulosa con una producción semanal de 30 kilogramos.

Oportunidad para dar el giro hacia una nueva bioindustria

En su Estrategia de Revitalización de Japón 2015, el Gobierno japonés situó entre sus objetivos el de promover la estandarización internacional de las nanofibras de celulosa y su uso como material. A fin de conseguir una acción nacional coordinada, el Gobierno ha establecido en el seno del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Avanzadas para la Industria el llamado Foro de la Celulosa, presidido por el citado profesor Yano, que se ha fijado como meta conseguir rebajar hasta los 300 yenes el costo del kilogramo de las nanofibras extraídas de ese material para 2030, con perspectivas de que el mercado alcance un volumen de un billón de yenes.

Watanabe Masayoshi, director de la División de Industria Papelera, Consumidor y Bienes Recreativos del Ministerio de Economía, Comercio e Industria, explica que si se logra su producción en masa, el costo de las nanofibras se reducirá y será posible manufacturar nuevos artículos en Japón, aprovechando los recursos forestales propios, por lo que se mostró decidido a tomar la iniciativa en la estandarización del material.

En Japón, los bosques de repoblación plantados tras la guerra han llegado a su madurez y esperan la tala. Utilizando esos abundantes recursos forestales que se encuentran tan a mano, Japón podría dar el giro hacia una economía basada en las nanofibras de celulosa y otras nuevas formas de biomasa.

Reportaje y texto: Nagasawa Takaaki.

Fotografía del encabezado: a la izquierda, microfotografía de las nanofibras de la celulosa (cortesía del Instituto de Investigaciones para una Humanosfera Sostenible de la Universidad de Kioto). A la derecha, en el vaso, líquido de dispersión de nanofibras fabricado en la instalación de producción piloto de Nippon Paper (cortesía de Nippon Paper).