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Las sombrillas janome (“ojo de serpiente”), esbeltas y ligeras, pueden usarse también como paraguas. Los hilos multicolores que cubren los rayos (varillaje tensor) cumplen a la vez una función de refuerzo.
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Gifu es una antigua ciudad formada en torno a un castillo y en sus calles de arquitectura tradicional las sombrillas janome (“ojo de serpiente”) encajan a la perfección. La circunferencia blanca de la pantalla es el origen del curioso nombre.
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Fabricación de armazones de bambú para sombrillas. Los nudos del madake (variedad de bambú) se liman (izquierda). La caña se raja a filo de cuchilla en varillas de tres milímetros de grosor y los nudos se horadan para pasar el hilo (centro). Las varillas se pulen para adelgazarlas (derecha).
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Las varillas se disponen en el mismo orden que ocupaban en la caña gracias a una incisión previamente hecha con un clavo. Las varillas necesarias para hacer una sombrilla se ensartan en otra varilla más fina también de bambú y pasan a la fase de montaje después de ser secadas al sol.
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Las piezas clave de la sombrilla japonesa se denominan rokuro. Las que muestra la fotografía están hechas de madera de egonoki (Styrax japonicus).
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Cada sombrilla lleva dos rokuro: uno situado en el extremo superior, a modo de contera, y otro que se desliza arriba y abajo del eje.
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La operación de unir los nervios al rokuro superior (contera) mediante hilo de algodón requiere paciencia y cuidado.
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Labor de empapelado de la sombrilla. Con las varillas bien extendidas, se van pegando sobre ellas los cortes de papel washi. Las junturas de las varillas largas (nervios) con las cortas (rayos) y el mecanismo de apertura y cierre del rokuro deslizante también se refuerzan con washi.
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Jóvenes aprendices deseosos de aprender las técnicas tradicionales trabajan codo con codo en el taller de sombrillas de Sakaida Eikichi.