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En una carretera junto al mar…
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“Hace un día perfecto para pasear en coche. Y, con esta carretera tan recta, qué maravilla.”
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“Pues yo, más que a orillas del mar, preferiría pasear por alguna zona residencial de lujo.”
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“Y vestir ropa elegante todos los días, vivir en una casa grande, ir en un Mercedes… Esa es la vida que se merece una chica tan estupenda como yo.”
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“Por cierto, papá, este coche es una chatarra. ¡A ver si te compras uno más nuevo y más rápido!”
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“Así que quieres ir más rápido, ¿eh?” “¡Bruuum!”
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“¡Qué velocidad! ¡Es la primera vez que voy tan rápido en coche!” “Quieres ir más deprisa, ¿verdad? De acuerdo.” “¡Bruuum!”
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“Papá, vamos demasiado rápido, ¿no? ¡Qué miedo!”
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“¡Más velocidad!” “¡Bruuuum!”
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“¡Que nos matamos, papá!!”
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“¡Más rápido! ¡Más rápido!” “¡Bruuuuuum!”
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“¡Para ya, por favor!!!”
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“Vale…” “Ñiiiii”
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“¿Es que quieres matarme o qué?”
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“El ‘querer más’ no tiene límite. Más vale conformarse con lo que se tiene. La velocidad del coche puede controlarse pisando el freno, pero la codicia humana, no.”
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“Vale, muy bien, gracias por la lección.”
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Le suenan las tripas…
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“Tengo hambre. ¿Paramos en algún sitio para comer? Pero quiero que me lleves a un restaurante francés sofisticado, no a un restaurantucho cualquiera.”
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“Entendido.” “¡Brum, bruum, bruuum!”
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“¡Aaah! ¡Basta!!! ¡Me conformo con comer donde sea!”