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Panadería del padre de Noriko.
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Panadero: “No saques el pan del horno, que seguro que aún no ha subido del todo.” Aprendiz: “Pero si queda perfecto horneándolo 14 minutos y 52 segundos. El otro día lo cronometré.”
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Aprendiz: “¿Eh? Qué raro…” Panadero: “¿Ves? Te lo dije.”
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Panadero: “Atiende: no puedes guiarte solo por los números y las palabras. La temperatura y la humedad del ambiente, el proceso de amasado, la fermentación de la masa y la intensidad del fuego son distintos cada día y en cada horneada.”
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Panadero: “Aprende a captar instintivamente el punto justo de la masa y el fuego, ¡y guíate por él!” Aprendiz: (“¿Y eso cómo se hace?”)
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El aprendiz elabora el pan junto al panadero día tras día, pero no logra pillarle el tranquillo.
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Aprendiz: “¿El punto justo? Con explicaciones tan poco concretas, no hay quien se aclare.”
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Aprendiz: “¡Oh!”
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Aprendiz: (“El maestro está muy concentrado. Está vigilando cómo se hornea el pan.”)
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Aprendiz: (“Veamos, teniendo en cuenta cómo era la textura de la masa hoy y cómo está el fuego en este momento...”)
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Aprendiz: “¡Hay que sacar el pan ahora!”
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Aprendiz: “Maestro…”
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Panadero: “Enhorabuena. ¡Está perfecto!” Aprendiz: “Creo que por fin he entendido lo que me decía del punto justo.”
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Aprendiz: “¡Me ha transmitido el mensaje a través de su espalda!” Panadero: “S-sí, así es. (Ahora no le voy a decir que estaba echando una cabezada delante del horno. Qué más da.)”