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Noriko, padre y madre: “¡Feliz setenta cumpleaños, abuela!”
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Padre: “¿Dices que hay un regalo que quieres más que ninguna otra cosa?” Abuela: “Pues sí…”
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Abuela: “Quiero estudiar secundaria.” Los tres: “¿Cómo?!”
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Padre: “Clases nocturnas del instituto de secundaria X: ¡para todos los que quieran estudiar! De lunes a viernes, de 17:30 a 21:00. Teléfono: 03-xxxx-xxxx.”
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Padre: “Hm, las clases acaban bastante tarde, ¿no?” Noriko: “¡Encima, es mi instituto! No te apuntes, que mis amigos se enterarían.”
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Madre: “Pero ese es el regalo que más deseas para tu setenta cumpleaños, ¿verdad, abuela?” Abuela: “Sí. Es que hace unos días, estaba viendo la tele y…”
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Abuela: “¡Este señor extranjero es pintor, tiene ochenta años y se inició en la pintura a los setenta! Dice que siempre había querido pintar pero hasta entonces estaba tan ocupado que no había tenido tiempo.”
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Abuela: “Cuando vi aquel programa, me di cuenta de que a mí también me había llegado la vejez en un abrir y cerrar de ojos, sin haber podido ir a la escuela…”
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Abuela: “Nunca es tarde. Aún hay muchísimas cosas que quiero saber, y quiero aprender inglés y matemáticas.”
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Madre: “A partir de ahora disfruta de tu tiempo, abuela.” Noriko: “Claro que sí: ¡es tu vida!” Padre: “Venga, pues yo te iré a buscar todos los días después de clase.”
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Noriko, un año más tarde…
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Abuela: “Ya he terminado la redacción de inglés.” Noriko: “¡Sí que te ha salido larga, abuela!”
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Abuela: “¡Es tan divertido aprender cosas nuevas!” Noriko: “¡Cómo disfrutas de la vida, eh! ¿Y qué has escrito?”
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Abuela: “Pues me escribo cartas en inglés con aquel señor pintor extranjero.”