Conociendo Sado, la isla del oro
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El ferry para pasajeros y vehículos de la compañía Sado Kisen, atracado en el puerto de Ryōtsu (isla de Sado). Le cuesta dos horas y media llegar a la isla, pero resulta más barato que el hidroala.
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Entrado el mes de junio, los tobishimakanzō (lirios de día de la especie Hemerocallis middendorffii var.exaltata) cubren amplias extensiones en la zona de Ōnokame. (Fotografía: Sado Kankō Photo, Sado Kankō Nabi.)
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El Sado tennenburi katsudon, un bol de arroz muy bien acompañado, es la nueva estrella de la gastronomía local. El rico contenido en grasa del buri (Seriola quinqueradiata) le da un gran sabor, que combina perfectamente con el rebozado hecho a base de harina de arroz.
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El ondeko (“tambores de los ogros”) es un espectáculo que puede contemplarse durante las festividades mayores del santuario sintoísta de Kuji Hachimangū. Sado es uno de los más importantes centros de difusión del tambor japonés. Fue aquí donde nació el internacionalmente famoso grupo de tambores Kodō.
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La hendidura de Dōyu-no-wareto, que fue profundizándose a lo largo de siglos de explotación, forma la estampa más conocida de las minas de oro y plata de Sado.
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El Parque de los Ibis (Toki no mori kōen) es uno de los lugares turísticos donde podemos contemplar estas raras aves. (Fotografía: Sado Kankō Photo, Sado Kankō Nabi.)
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Rocas de formas impensadas y otras raras formaciones jalonan la costa de Senkakuwan, uno de los muchos puntos de atracción turística de Sado.
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En la exposición “Shiseki Sado Kinzan” (“Sitio histórico de las minas de oro de Sado”), donde puede verse cómo eran las galerías y pozos horadados para extraer el metal.
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Takiginō (muestra nocturna de nō a la luz de las hogueras) representado en el santuario sintoísta de Shiizakisuwa. En la isla de Sado estas muestras son muy frecuentes entre la primavera y el otoño.
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El paraje denominado Iwakubi-shōryū, que aúna la belleza de las terrazas agrícolas a la del mar del Japón.
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La Sankakuya o “casa triangular”, todo un símbolo del pasado de Shukunegi. El barrio antiguo, que reúne más de cien casas similares a esta, con paredes de tabla, ha sido declarado Conjunto Histórico-Arquitectónico Nacional.
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Reconstrucción del Hakusan-maru, un sengokubune (antiguo carguero de gran tonelaje), en el Museo Etnográfico de Ogi, Isla de Sado.
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Los turistas que visitan Ogi pueden probar una de las taraibune o barcas-barreño botadas por empresas como Rikiya Kankō Kisen o por la entidad pública Yajima Taiken Kōryūkan, tanto en Ogi como en Shukunegi. (Fotografía: Sado Kankō Photo.)
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Las creaciones del ceramista Itō Sekisui pueden ser contempladas y adquiridas en la sala de exposiciones que lleva su nombre en Aikawa.
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Estatua de bronce del monje Nichiren, dispuesta dando la espalda a la bahía de Ryōtsu. El monumento tiene 26 metros de altura, de los que 13 corresponden a la estatua y los otros 13 al pedestal.
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Las dos rocas más altas son las conocidas como el Matrimonio de la Costa de Nanaura. Se les atribuye el poder de favorecer los noviazgos. Por cierto, la esposa es la roca de la izquierda.
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Puesta de sol sobre el mar de Japón desde Senkakuwan.
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