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Sobre un enorme árbol se colocaron piezas de arcilla de diferentes formas y colores.
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La artista Yamamoto Makiko dialogando con los niños de la clase Sakura. Fotografía del equipo editorial de nippon.com.
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Una obra repleta de piezas de arcilla de muchos colores y formas en un árbol gigante.
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Discutiendo seriamente dónde colocar los “corazones”. Fotografía del equipo editorial de nippon.com.
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El corazón de un árbol, obra expuesta en el primer piso del Museo de Arte Mizunoki.
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La curadora Okuyama recibe a los niños en el museo y les explica el estilo de la exposición.
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Dos obras expuestas al fondo de la planta baja del Museo de Arte Mizunoki. En ellas se refleja la particularidad de cada uno de los niños.
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Niños que observan sus dibujos y hablan con la artista Yamamoto Makiko.
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Cada uno de estos seres vivos es muy creativo, pero juntos crean una armonía.
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Los niños eligieron expresiones únicas.
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Era adorable ver a los niños cambiando de lugar sus obras de arcilla en El corazón de un árbol. Pudieron modificarlo ya que ellos mismos eran los artistas.
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Okuyama dice que la creatividad de los niños nos nutre.
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Desde el amplio ventanal, las personas pueden atisbar la exposición.
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En las paredes, obras de la colección del museo que parecen dialogar con los trabajos de los niños de la clase Sakura.
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En un edificio renovado con más de 100 años de historia, que originalmente era una peluquería, nació el Museo de Arte Mizunoki.
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Continuarán los desafíos para Okuyama y el Museo de Arte Mizunoki.