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El interior del local, donde se puede disfrutar de un ambiente tranquilo y relajado.
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La puerta verde, una antigüedad británica, llama la atención.
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El nougat glacé es el plato más demandado.
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Tazas de té y latas de té negro en una estantería detrás de la barra.
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A la izquierda, tarta de nueces y ginger-ale casero; a la derecha, tarta de matcha y chocolate blanco.
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Los agujeros de estos pilares viejos son un vestigio de la época en la que la sericultura era una industria próspera. Curiosamente, no desentonan con las obras de arte contemporáneas.
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A la izquierda, un espacio ideal para sentarse a solas; a la derecha, una de las muchas obras artísticas esparcidas por el local.