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“El diseño del RIBA a modo de osito de peluche está pensado para que el robot encaje con facilidad en el entorno de la prestación de cuidados geriátricos y sea aceptado por los ancianos”, explica Mukai Toshiharu, líder del equipo de RTC.
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Un cuidador humano está siempre presente cuando el RIBA mueve a una persona, para garantizar la seguridad de los pacientes y también para que se sientan más seguros, ya que los confortan con un gesto amable en la espalda y hablan con ellos.
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El reto es conseguir que un robot imite el movimiento fluido de un ser humano. Para ello, el RIBA utiliza las tecnologías más avanzadas para realizar movimientos de inclinación y de torsión.
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Los sensores táctiles instalados por todo el RIBA permiten a los cuidadores guiar al robot mediante toques en sus brazos y otras partes. Esta sencillez de uso para los cuidadores es otra característica esencial para conseguir la popularización de un robot de ayuda para cuidados geriátricos.