Como refiere su título, el cuadro representa el regreso al han de Tsuyama de su daimio, tras haber pasado el preceptivo periodo en Edo. Ese año las posesiones del ocupante del palanquín y séptimo daimio de Tsuyama, Matsudaira Naritaka, se doblaron, pasando de los 50.000 a los 100.000 koku, por lo que fue recibido en su tierra con todos los honores. (Colección del Museo Municipal de Tsuyama.)