Las islas Gotō: la compleja historia de los cristianos de Nozaki y una misteriosa formación rocosa
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Los 12 elementos constitutivos de los “Sitios de los cristianos ocultos en las regiones de Nagasaki y Amakusa”, patrimonio cultural de la Unesco
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La isla de Nozaki
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El Hamayū, un barco operado por el municipio de Ojika que cubre la ruta entre el puerto homónimo y la isla de Nozaki dos veces al día, con servicios extras en días señalados. (Fotografía: Amano Hisaki)
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Antigua residencia del sacerdote del santuario de Okinokōjima. Construida en 1896 siguiendo el estilo de las residencias de los bushi (samuráis) de la época, la familia del último sacerdote la cedió al municipio de Ojika, que la ha restaurado. (Fotografía: Amano Hisaki)
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Este penoso aspecto presentan los pocos edificios de la antigua aldea de Nozaki que quedaron en pie tras su despoblación. (Fotografía: Amano Hisaki)
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La voracidad de los ciervos termina con la mayor parte de la vegetación, dejando algunas partes de la isla apenas con una capa de césped. (Fotografía: Amano Hisaki)
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En el extremo norte de la “sabana” hay un mirador desde el que puede contemplarse la accidentada línea costera con sus acantilados. El cabo formado por afiladas rocas que se ve en el centro de la imagen es comparado a un buque de guerra semihundido o a la dentada cola de Godzilla. (Fotografía: Amano Hisaki)
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La antigua iglesia de Nokubi fue diseñada por el constructor Tetsukawa Yosuke, nacido en el archipiélago de Gotō y conocido como “el padre de la arquitectura cristiana de Japón”. (Fotografía: Amano Hisaki)
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Aunque el exterior es de estilo occidental, en el interior se utilizaron técnicas tradicionales japonesas, como armazones de bambú para darles una suave curvatura a sus paredes. (Fotografía: Amano Hisaki)
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La costa de Nokubi, a unos cinco minutos a pie de la iglesia, se llena durante el verano de bañistas, entre ellos extranjeros, que se recrean en el azul turquesa de sus aguas y la blancura de su arena. (Fotografía: Amano Hisaki)
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El santuario sintoísta de Okinokōjima y la formación rocosa de Oeishi, en la ladera de un monte que alcanza los 300 metros sobre el nivel del mar. (© Ojika Island Tourism)
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Un estudio realizado durante la década de 1950 llegó a la conclusión de que Oeishi es un gran dolmen. Pero algunos expertos siguen pensando que se trata de una formación natural y que su “cubierta” no es más que una porción de roca eruptiva caída a consecuencia de una grieta perpendicular abierta durante su proceso de enfriamiento. (© Ojika Island Tourism)
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