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Se respira tranquilidad nada más acceder al vestíbulo de la posada Sakamoto.
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Las vigas del vestíbulo están decoradas con narcisos del jardín de la posada.
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Los huéspedes avisan de su llegada haciendo sonar un gong que cuelga del dintel.
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Agua para lavarse las manos en el suelo no entarimado del vestíbulo. A la izquierda, un hogar u hoguera doméstica, kamado en japonés, que se utiliza para elaborar miso, entre otros.
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Sakamoto asegura que los únicos platos que se le dan bien son los cocidos. Fuki (ruibarbo de ciénaga o petasites japonicus), zenmai (osmunda japónica) y konnyaku o konjac.
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Buridaikon, la mejor muestra de la cocina de Sakamoto. El corte del nabo sorprende por su tamaño. Se come en Nochevieja y se prepara a lo largo de tres días para acentuar su sabor.
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En el salón, cuyo suelo está recubierto con tablas de madera lacada, hay un hogar u hoguera doméstica y una estufa de leña.
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Desde el balcón, que destaca por su limpieza, entra el aire fresco.
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La zona donde se encuentran los lavabos da directamente al jardín interior y no está acristalada, por lo que también entra el aire.
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Las bolas de arroz tostadas, de forma bonita, son otra de las especialidades culinarias de Sakamoto. Es imposible olvidar el sabor de un arroz cocido con tanto esmero.
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La posada Sakamoto cubierta de nieve.