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El bon odori es una ocasión para que los vecinos del barrio se relacionen entre ellos.
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En la ciudad de Saku de la prefectura de Nagano, donde nació el odorinenbutsu, perdura un antiguo ritual llamado Atobe no Odorinenbutsu que se celebra en el templo Saihō-ji el primer domingo de abril.
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No se les ve la cara, pero los gestos que hacen estirando las puntas de los dedos evocan el concepto de la belleza de Akita.
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La hija cose un kimono con retales de los kimonos que llevaba su madre, se lo pone y luego se lo entrega a su hija.
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El misterioso aspecto de las bailarinas vestidas con la capucha negra y el yukata azul oscuro evoca vestigios de las danzas que se ofrendaban a los muertos.
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Cada año se inventan nuevas “danzas creativas”.
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El aya odori se baila en pareja: las mujeres en kimono y los hombres, medio desnudos y con un bastón de bambú.
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En sus inicios, los bailarines eran chicos jóvenes, pero, tras la Segunda Guerra Mundial, los niños tomaron el protagonismo.
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Algunas danzas creativas acaban sumándose al repertorio de las tradicionales.
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El Gujō Odori es un festival en el que todos pueden participar y atrae a aficionados al bon odori de dentro y fuera de la prefectura. Durante el tetsuya odori, que dura toda la noche, se ofrece un servicio de tren especial por la madrugada.
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Las sandalias de madera geta son un complemento imprescindible porque el baile se ejecuta zapateando. Se pueden alquilar junto con el yukata.
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El título de Kawasaki data de cuando un vecino de Gujō peregrinó a Ise y trajo de allí la canción Kawasaki Ondo.
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El origen del sanbyaku odori es una danza local para dar gracias al señor del dominio de Gujō, que cedió a su población 300 mon sin distinguir entre rangos.