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El fuego purifica el camino de acceso al pabellón del santuario (sandō), una escalera de piedra de 133 escalones.
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En el Otakimoto se plantan doce santuarios portátiles de 6 metros de alto con abanicos cuya forma evoca una cascada.
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Tras la ceremonia del Ōgihome, en que el sacerdote golpea los abanicos, los santuarios portátiles se colocan en fila junto al Otakimoto, la base de la cascada.
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Las antorchas gigantes están hechas de ciprés y pesan 50 kilos cada una. Este festival, también conocido como el Festival del Fuego de Nachi, debe su nombre en parte a estos impresionantes objetos rituales.
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Las antorchas gigantes, hechas de bambú y hojas de cedro, miden 1 metro de diámetro y 13 de largo, y pesan 1,2 toneladas.
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Los jóvenes, muy animados, se meten en el río en pleno invierno vestidos solo con un taparrabos tradicional (shimekomi).
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El pequeño fuego sagrado da lugar a inmensas llamaradas. Se dice que las chispas que caen de las antorchas protegen de las enfermedades.
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Parece que un tengu surja de entre las llamas. Acudí al festival para captar con mi cámara la impresionante escena que había visto en redes sociales.
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Las sandalias geta del tengu miden 20 centímetros de alto y son de un solo “diente”.
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El paso del mikoshi por el fuego marca el fin del festival.